Cómo se vivió la remontada de Argentina contra Egipto en las áreas de Vaca Muerta
En uno de los motores principales de la industria energética argentina, donde la producción no se detiene y la seguridad marca el ritmo de cada jornada, también hay lugar para la pasión. Una recorrida por los yacimientos deja ver cómo los trabajadores viven cada partido de la Selección a cientos de kilómetros de una cancha.
La camiseta aparece debajo de los mamelucos, las caras se tiñen de celeste y blanco y las conversaciones cambian de tema. En Vaca Muerta, el Mundial también se juega. Foto gentileza.
Como si de un ritual se tratara, la celeste y blanca se deja ver por debajo de campera y mamelucos. La pasión de un país que encuentra o acomoda las horas para poder alentar a la Selección sigue presente incluso en los lugares más recónditos del territorio. En nuestro suelo patagónico, Vaca Muerta no podía ser la excepción.
En una recorrida por el área Agua del Cajón, uno de los yacimientos que la empresa Capex opera en la Cuenca Neuquina, permitió a EnergíaON descubrir una faceta poco conocida de quienes sostienen una de las actividades productivas más importantes del país. Allí, donde conviven la producción de petróleo y gas con la generación de energía eléctrica, el trabajo nunca se detiene. Sin embargo, cuando juega la Selección argentina, algo cambia.

Para ponernos en tema, Capex es una empresa argentina integrada de energía con operaciones en diversas provincias del país que tiene al rededor de 500 empleados . En Agua del Cajón desarrolla actividades de exploración y producción de hidrocarburos en plena formación Vaca Muerta, además de operar una central térmica que aporta energía al Sistema Argentino de Interconexión.
Es un lugar donde la planificación, la seguridad y la continuidad operativa forman parte de la rutina cotidiana, ubicada muy cerca del casco urbano de la ciudad de Plottier.
Mundial en Vaca Muerta: entre la operación y la ilusión
Ayer al mediodía, la ansiedad comenzó a ganarle terreno a la rutina y la euforia por el partido de infarto que se aproximaba empezó a sentirse en cada rincón del yacimiento.
Entre grupos ya organizados con un menú definido, trabajadores, gerentes y personal de distintas áreas buscaban su lugar frente a las pantallas. Algunos lucían el rostro pintado de celeste y blanco; otros seguían las novedades desde la radio de las camionetas mientras terminaban sus tareas.

Las conversaciones, por un rato, dejaron de girar en torno a la operación para concentrarse en la formación titular, las posibilidades del equipo y las cábalas que cada uno atesora casi como un secreto.
La producción, claro, siguió su curso. En una industria que funciona las 24 horas y donde la seguridad no admite distracciones, las tareas continúan con la misma responsabilidad de siempre. Pero entre un recorrido y otro, en una pausa, durante un traslado o en un cambio de guardia, el partido inevitablemente se hacía presente.
No hizo falta ver una pantalla para entender lo que estaba pasando. Alcanzaba con escuchar una radio encendida, descubrir una camiseta escondida bajo el mameluco o ver cómo una conversación técnica terminaba, casi sin darse cuenta, hablando del próximo rival. El Mundial de Fútbol encontraba su lugar entre válvulas, equipos, camionetas y kilómetros de estepa.

Y ojo que esa escena no es exclusiva de Agua del Cajón. En distintos yacimientos del país, donde los cronogramas de trabajo obligan a seguir produciendo incluso durante los grandes acontecimientos deportivos, el fútbol suele abrirse paso entre las responsabilidades cotidianas. Cada operación encuentra su manera de vivirlo, siempre sin descuidar las tareas que demanda una actividad estratégica para el país.
Mientras tanto, afuera, Vaca Muerta seguía haciendo lo suyo. Las bombas continuaban trabajando, las guardias permanecían atentas y los equipos mantenían el ritmo habitual. La industria seguía en marcha.
Y al igual que en cada casa argentina que mantiene las tradiciones, las cábalas se respetaron hasta el último minuto en los campos. Porque, aunque la producción nunca se detiene, por un instante el corazón de quienes hacen posible el desarrollo energético argentino, late al mismo ritmo que el de millones de personas frente a una pelota. Incluso a cientos de kilómetros del estadio, el Mundial también se vive en Vaca Muerta.
Como si de un ritual se tratara, la celeste y blanca se deja ver por debajo de campera y mamelucos. La pasión de un país que encuentra o acomoda las horas para poder alentar a la Selección sigue presente incluso en los lugares más recónditos del territorio. En nuestro suelo patagónico, Vaca Muerta no podía ser la excepción.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios