El crecimiento del transporte de arenas para Vaca Muerta pone a prueba las rutas y obliga a pensar nuevas vías de traslado

Según la Confederación Argentina del transporte automotor de Cargas (Catac), el traslado del insumo clave para la fractura hidráulica recorre casi 1.500 kilómetros desde Entre Ríos hasta Añelo. Mientras la flota abocada a la actividad no para de crecer, la infraestructura vial de los principales corredores del país afronta un intenso nivel de exigencia.

La "Ruta de la Arena" abarca aproximadamente 1.474 kilómetros. Foto gentileza.

El crecimiento sostenido de la actividad en Vaca Muerta mantiene una fuerte presión sobre el transporte automotor de cargas. Según la Confederación Argentina del transporte automotor de Cargas, el traslado de arena para fractura hidráulica desde las areneras de Ibicuy, en Entre Ríos, hasta Añelo se convirtió en una de las logísticas más complejas y recurrentes del sector hidrocarburífero, a través del trayecto denominado la «Ruta de la Arena», de aproximadamente 1.474 kilómetros.

Los camiones completan recorridos que demandan cerca de un día y medio solo de ida, atravesando diversos corredores nacionales y provinciales. La arena resulta un insumo fundamental para la operación en el no convencional, ya que se inyecta durante el proceso de estimulación hidráulica para mantener abiertas las fisuras de la roca y permitir el flujo de petróleo y gas hacia la superficie.

Con una demanda que podría llegar a 8 millones de toneladas de arena en 2027, la logística tendrá que acompañar el ritmo de expansión de Vaca Muerta. La disponibilidad del insumo y la capacidad para trasladarlo hasta los yacimientos serán, cada vez más, factores determinantes para sostener el crecimiento de las operaciones de fractura.

Las proyecciones del sector anticipan que la demanda de unidades continuará en aumento durante los próximos años a medida que se incrementan las etapas de fractura en la Cuenca Neuquina.

Este importante flujo de tránsito pesado genera un marcado contraste con las condiciones actuales de gran parte de la infraestructura vial. De los casi 1.500 kilómetros que integran el recorrido global, poco más de 100 kilómetros corresponden a autovías, mientras que en numerosos sectores se registran calzadas angostas, ausencia de banquinas y distintos niveles de desgaste sobre la cinta asfáltica.

La Ruta Nacional 5 se posiciona como uno de los ejes troncales de este esquema logístico. Según datos de la CATAC, por esta traza circulan cerca de 3.000 camiones diarios con destino a la zona neurálgica del desarrollo petrolero. En esa línea, durante 2025 se contabilizó el paso de más de 942.000 vehículos pesados por la estación de peaje de Olivera, lo que refleja el volumen de carga constante que transita hacia la región.

El volumen de producción alcanzado por la cuenca plantea un escenario que abarca tanto al sector energético como al de la logística terrestre, donde el movimiento de insumos estratégicos requiere acompañar la demanda con obras y adecuaciones de la red vial en los principales corredores del país.

Actualmente, la flota abocada de manera exclusiva al transporte de este material alcanza aproximadamente los 4.300 camiones. Foto gentileza.

Desde la CATAC destacaron el rol clave del transporte de cargas para el desarrollo del yacimiento y señalaron la importancia de impulsar mejoras en las rutas que permitan optimizar la seguridad y la eficiencia operativa del sistema.


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