Producción petrolera: ¿Fue tan bueno el 2021? Los obstáculos que hay por delante

La generación de petróleo y gas experimentó un positivo 2021 pero con fuertes contrastes y desequilibrios. En este año son múltiples los problemas que la industria deberá enfrentar en su camino.




El 2021 dejó una imagen en la industria petrolera argentina totalmente diferente a la del 2020, el año que fue signado por la etapa más dura de la pandemia. Si bien la producción de petróleo y gas crecieron de forma notable, el cierre de año marcó una serie de interrogantes que hacen sobra al futuro del sector como son la falta de infraestructura, las trabas cambiarias y el desacople de los precios domésticos.

El principal crecimiento en la producción se dio en el segmento del petróleo que alcanzó el mes pasado los 558.793 barriles por día, marcando un salto del 14,21% en relación con el mismo mes del 2020, y dejando muy atrás los 523.000 barriles diarios que se habían logrado en la víspera del colapso pandémico.

Este nivel de generación llevó la producción del país a valores que no se veían desde el 2012, pero no todo es tan lineal como parece.

El análisis general de la producción acumulada en el 2021 marca que en el caso del petróleo se extrajo un total de 190,8 millones de barriles, solo un 6,31% por encima del nivel del 2020, el año de la crisis pandémica que tuvo meses con pozos petroleros cerrados.

Esto no quiere decir que el nivel de producción sea malo, pero en el balance anual marca que es el mejor no en 12 años, sino en seis años, ya que en 2015 la producción fue superior, con 196,6 millones de barriles producidos.

En números

6,31%
fue el crecimiento de la producción de petróleo del 2021 en comparación con el total registrado en 2020.

Esta variación se debe a que la producción de petróleo tuvo un fuerte repunte en los últimos meses del año pasado, de la mano de un crecimiento acelerado en los grandes desarrollos de Vaca Muerta.

En el caso del gas natural, la producción bruta de diciembre alcanzó los 128,51 millones de metros cúbicos, y se posicionó como el mejor diciembre en 13 años. Ahora bien, en este caso el balance anual de la generación marca más que un crecimiento un sostenimiento de los niveles productivos, lo cual era en realidad el objetivo del Plan Gas.Ar.

Durante el 2021 la producción total de gas -incluyendo el consumo que realizan los mismos yacimientos- fue de 45.285 millones de metros cúbicos según los datos oficiales de la secretaría de Energía de la Nación.

Este valor, lejos de ser el más alto en 13 años, es apenas un 0,41% superior a lo registrado en 2020, que había sido de 45.098 millones de metros cúbicos. Pero además se ubica por debajo del 2019, cuando la generación había logrado crecer hasta los 49.261 millones de metros cúbicos, un 8,77% más que lo alcanzado este año.

La producción de gas creció a partir de julio y trazó un escenario de estabilidad con el 2020.

E incluso por debajo de los niveles del 2018 que habían llegado a los 47.015 millones de metros cúbicos anuales.
Nuevamente esta diferencia entre los valores de fin de año y el total anual, es debe a que la producción de gas se aceleró recién a partir de julio, ya que el plan de incentivos a la producción se puso en marcha recién entre diciembre de 2020 y enero de 2021.

Si bien la generación del mes pasado fue la más alta para un diciembre desde el 2008, en ese año la producción de gas de Argentina fue muy diferente, ya que con 50.622 millones de metros cúbicos extraídos, se ubicó nada menos que un 11,78% por encima del nivel general del año pasado.

La producción de hidrocarburos tuvo en este 2021 dos palancas bien diferenciadas: en el caso del gas natural el lanzamiento del Plan Gas.Ar fue el gran incentivo que marcó el retorno de los equipos perforadores a los campos, muchos de los cuales llevaban dos años sin sumar un solo pozo.

Mientras que en el caso del petróleo, el driver del crecimiento fueron los altos precios internacionales que llegaron a los valores más altos en largos años, sumados a que el 2020 -más por urgencia que por vocación- abrió las puertas del mercado exportador para el Medanito.

El dato clave

0,41%
subió en 2021 la producción de gas natural, más que un alza fue una estabilidad.

Pero este punto dulce en el que cerró la producción de diciembre escode varios signos de interrogación que echan sombra sobre el futuro del sector.

Por un lado, es sabido que la capacidad de transporte se enfrenta a serias dificultades, ya que el crecimiento de la producción no estuvo acompañado previamente por las obras necesarias, en especial porque prácticamente la totalidad del crecimiento del 2021 se concentró en un solo lugar: Vaca Muerta.

En el caso del gas natural, la suspensión de la licitación para el gasoducto a Vaca Muerta que había lanzado el gobierno de Mauricio Macri marcó que, al día de hoy, esa obra siga en la gatera de ser relanzada a licitación, a sabiendas de que una vez abierto el proceso la obra tomará no menos de 18 meses de ejecución.

Esta situación marca que para este invierno la producción de gas desde la Cuenca Neuquina, y en específico desde Vaca Muerta, no podrá seguir creciendo. Y la alternativa que tienen las empresas si quieren seguir creciendo, está en apostar a exportar parte de su producción a Chile.

En Vaca Muerta la reactivación de las tareas tras la pandemia se sintió en el empleo.

En el petróleo se conjugaron los vaivenes del segmento con el avance de las obras de la firma Oleoductos del Valle (Oldelval) que ya en 2019 había anunciado el lanzamiento del plan de ampliación Vivaldi, pero con la crisis del crudo del DNU 566 y la pandemia, puso un freno de mano que terminó generando más que un dolor de cabeza desde octubre del año pasado, cuando por falta de capacidad hubo empresas que tuvieron que restringir sus entregas.

Actualmente Oldelval se encuentra trabajando para sumar 50.000 barriles para mediados de año por día a la capacidad de transporte hacia Puerto Rosales, mientras que desde YPF y Enap se trabaja en lograr la reactivación del oleoducto de exportación a Chile, la línea Otasa (Oleoducto Trasandino).

Pero en el trasfondo del segmento del petróleo, el desacople cada vez más marcado del precio doméstico del crudo plantea el interrogante de la continuidad del nivel de inversiones. Desde mayo pasado cuando se dio el último aumento en el precio de los combustibles, el barril interno quedó casi congelado, oscilando apenas entre 55 y 57 dólares, mientras en el mercado externo se logran diferencias de hasta 20 dólares.

Además, desde las empresas se sigue reclamando el descalce que se da entre el mercado local y el dólar mayorista al cual deben operar, que tan solo el año pasado hizo que las empresas tuvieran una inflación en sus costos en dólares del 30%, ya que por sus billetes verdes apenas recibieron un cambio en las últimas semanas de 104 pesos.

Las sombras sobre qué sucederá en este 2022 están marcadas, y mientras en la industria se percibe una tensa calma, la concentración de la producción y las inversiones en Vaca Muerta plantean un punto de preocupación extra, no ya por la capacidad de transporte, sino por la experiencia vivida el año pasado cuando en abril un grupo de manifestantes bloqueó por 22 días el corazón energético del país, generando no solo pérdidas millonarias sino incluso el cierre de pozos productores y con ellos una caída en la producción nacional tanto de petróleo como de gas.


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