“Es probable que termine conviviendo con nosotros como el virus de la gripe”

Lo dice la doctora Alejandra Capozzo, investigadora en virología del Conicet y del INTA de Argentina. Consideró que hay que prestarle más atención a la salud de animales y seres humanos de una manera integral.





Alejandra Capozzo tiene una mirada integral sobre la pandemia. No separa a los seres humanos por un lado, y a los animales por otro. Su enfoque es el de “una salud” porque los seres vivos interactúan constantemente con otros seres vivos y con el ambiente, y los mismos patógenos pueden afectarlos. Ahora se concentra en la pandemia del coronavirus, sigue el impacto en la salud humana y desarrolla un kit de anticuerpos que podría usarse en los animales para hacer vigilancia del coronavirus.

Capozzo es licenciada en Ciencias Biológicas con orientación en Biotecnología y Doctora en Ciencias Biológicas de la Universidad de Buenos Aires. Posee un título post-doctoral en Inmunología Neonatal y Vacunología de la Universidad de Maryland, Baltimore, Estados Unidos. Es investigadora del Instituto de Virología del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria y miembro de la Sociedad Argentina de Virología. Actualmente está enfocada en vacunología y diagnóstico, y fue entrevistada por RIO NEGRO.

P-¿Cómo se generan las variantes del coronavirus?

R- En el coronavirus que causa la enfermedad COVID-19, hay una cadena de 30.000 “letras” que conforman su genoma. Para replicarse, el virus se une al exterior de una célula humana y luego entra en ella: secuestra la maquinaria celular y utiliza proteínas propias para hacer copias del virus, tanto de genoma como de las proteínas que forman la partícula viral. Cuando una célula infectada produce nuevos coronavirus, ocasionalmente comete pequeños errores de copia en el genoma que se llaman “mutaciones”.

Cuanto más circula el coronavirus porque la gente se contagia, más copias se hacen del genoma, y por lo tanto, más chances hay de que aparezcan variantes. No todas son de preocupación. Pero algunas tienen mayor capacidad para propagarse y pueden aumentar el riesgo de enfermedad severa o no ser controladas por la inmunidad que se genera después de haber tenido la infección con otra variante o por la vacunación.

«Uno de los grandes desafíos es que las personas pueden estar infectadas por el virus sin tener síntomas y son capaces de contagiar a otros mientras se sienten bien», dice Capozzo.

P-¿Tiene que ver con la densidad poblacional?

R- En ciudades con más habitantes y cuando se cumple menos con las medidas de distanciamiento físico de dos metros, con la ventilación permanente ni con el uso adecuado del barbijo, hay más riesgo de que surjan más variantes del coronavirus. De hecho, la mayoría de las variantes de preocupación surgieron en zonas altamente pobladas y con alta circulación viral de Inglaterra, India, Brasil, y Sudáfrica. Uno de los grandes desafíos que ha presentado esta pandemia es que las personas pueden estar infectadas por el virus sin tener síntomas y son capaces de contagiar a otros mientras se sienten bien. En cambio, en el caso de la gripe, generalmente los síntomas aparecen al mismo tiempo que la persona puede contagiar a otros.

P- ¿Las nuevas variantes demorarán la salida de la pandemia?

R- Sí las variantes afectan la eficacia de las vacunas, sí se podría demorar el control de la pandemia. Pero hasta el momento la evidencia muestra que las vacunas sí dan protección contra las variantes de preocupación, principalmente. Uno de los problemas es que hay una demora global en la vacunación. De acuerdo con el sitio OurWorldInData, solo el 23,2% de la población mundial ha recibido al menos una dosis de la vacuna COVID-19. Se han administrado 3.000 millones de dosis en todo el mundo, y actualmente se administran 41,26 millones cada día. Sólo el 0,9% de la población de los países de bajos ingresos ha recibido al menos una dosis.

P-¿Qué se sabe sobre las variantes de preocupación y las vacunas?

R-En el caso de la vacuna desarrollada por la Universidad de Oxford y AstraZeneca, se encontró que con una sola dosis ante la infección con la variante Delta, se reduce en un 71% el riesgo de hospitalización. En el caso de la variante Alpha, esa vacuna reduce el riesgo de hospitalización en el 76%. En el caso de la vacuna desarrollada por Pfizer y BioNTech con una dosis contra Delta, se reduce en un 94% el riesgo de hospitalización.

P-¿Las personas vacunadas tienen que seguir usando el barbijo y mantener el distanciamiento?

R- Sí. También deben evitar estar en lugares cerrados sin ventilación con no convivientes. Una de las cuestiones es que algunos vacunados con las dos dosis creen que tienen una inmunidad total y dejaron de usar barbijo o se reúnen en lugares cerrados. Esas acciones son un gran riesgo: porque la persona vacunada se puede contagiar y a su vez contagiar a otros. De esta manera, el coronavirus sigue circulando y así se aumentan las chances de que surjan más variantes de preocupación.

P-¿Puede haber una tercera ola de COVID-19 en el Hemisferio Sur?

R- El invierno tiene la desventaja clásica de la baja temperatura: favorece los contagios porque la gente está más en lugares cerrados y porque con el frío se afectan algunos mecanismos naturales que nos defienden a nivel de las mucosas. Podrían subir los casos de COVID-19, aunque ahora hay una población mayor vacunada. Pero algunas personas no siguen los cuidados de prevención y eso no ayuda. Por ejemplo, se ven personas que atienden negocios que se acomodan el barbijo cuando entran clientes.

La mayoría de las variantes de preocupación surgieron en zonas de ciudades altamente pobladas.

P-¿Qué se sabe sobre los efectos adversos de las vacunas?

R- El 99% de los efectos adversos que se han notificado en el registro del Ministerio de Salud de la Nación son leves o moderados, como fiebre, dolor en el brazo o dolor de cabeza, entre otros. Es algo normal. Ocurre con la mayoría de las vacunas que están en el calendario oficial de vacunas.

P- ¿Hay algún dato particular del proceso de vacunación que le haya generado preocupación?

R- Lo que me ha sorprendido es que algunas personas se han vuelto “sommelier de vacunas”, que quieren elegir la vacuna COVID-19. Antes, nadie se preguntaba de dónde venían las vacunas. Ahora, en cambio, todo el mundo está muy atento. Igualmente, me parece importante que en la Argentina la mayoría de la gente se quiere vacunar. Muchos ahora reclaman la segunda dosis. En países como los Estados Unidos, hay resistencia a la vacuna. Con respecto al plan de vacunación, yo siempre supe que se iba a manejar bien. Depende de la entrega de las dosis de los laboratorios. Lo que me preocupa es el nivel de desinformación que ha circulado desde el inicio de la pandemia, que llevó a que haya gente que tomó dióxido de cloro y se murió o que haya gente que compra la ivermectina aunque no se comprobó que sirva para prevenir ni tratar la COVID-19.

P-¿Será necesario vacunar a los niños?

R- Los niños también se contagian y podrían vacunarse si hay más evidencia sobre la seguridad y la eficacia de las dosis. El año pasado, Sinopharm había empezado un ensayo en niños. Algunos niños con factores de riesgo pueden desarrollar el síndrome inflamatorio multisistémico si se contagian el coronavirus. Al vacunar a los niños, se podría contribuir a que el virus circule menos. Es difícil que el coronavirus se erradique para siempre. Es probable que termine conviviendo con nosotros como el virus de la gripe.

P-¿Hay que prepararse para nuevas pandemias?

R- Sí. Por eso, hoy más que nunca es necesario hacer más vigilancia de las enfermedades de los animales porque pueden ser reservorios de patógenos que también pueden afectar a los seres humanos. Esta pandemia nos llevó a visibilizar más el concepto de “una salud”, y entender a los seres humanos, al ambiente que habita y a la salud animal como un todo de manera integrada.


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