Hay un tipo de colesterol que muchos no controlan y podría ser más peligroso que el “malo”

Aunque el colesterol LDL esté normal, especialistas advierten que existe otro indicador silencioso que puede aumentar el riesgo de infarto y ACV. Qué dicen los expertos y cómo detectarlo.

Uno de los aspectos que más preocupa a los médicos es que el colesterol remanente no suele aparecer destacado en los controles de rutina. Imagen generada con IA.-

Durante años, la prevención cardiovascular estuvo enfocada casi exclusivamente en dos indicadores: bajar el colesterol LDL, conocido como “malo”, y aumentar el HDL, considerado “bueno”. Sin embargo, investigadores y cardiólogos comenzaron a alertar sobre otro marcador silencioso que podría representar un riesgo incluso mayor y que muchas veces pasa desapercibido en los controles habituales.

Se trata del colesterol remanente, un tipo de grasa que puede acumularse en las arterias aunque una persona tenga los valores clásicos dentro de los parámetros normales.

La advertencia surge de un informe publicado por la revista científica británica Science Focus, que recopiló estudios recientes y testimonios de especialistas europeos dedicados al estudio de las enfermedades cardiovasculares.


Qué es el colesterol remanente


Para entender cómo funciona este tipo de colesterol, primero hay que saber que las grasas no circulan solas en la sangre. El organismo necesita “transportarlas” mediante estructuras llamadas lipoproteínas.

Fotos gentileza.-

Las más conocidas son las LDL y HDL, pero existen otras partículas más grandes llamadas quilomicrones y VLDL, cuya función principal es repartir triglicéridos —una fuente de energía— a distintos tejidos del cuerpo.

Cuando esas partículas entregan parte de su contenido, dejan un residuo rico en colesterol. Ese remanente es el que hoy preocupa a los especialistas.

“El LDL es el colesterol malo, pero el colesterol remanente puede ser aún peor”, afirmó Borge Nordestgaard, profesor clínico de la Universidad de Copenhague y uno de los investigadores más reconocidos en lípidos y salud cardiovascular.


Por qué puede ser más peligroso


Los especialistas explican que estas partículas pueden transportar mucha más cantidad de colesterol que las LDL tradicionales. Cuando se acumulan en las paredes de las arterias, generan inflamación y favorecen la formación de placas de grasa.

Con el tiempo, esas placas endurecen y estrechan las arterias, aumentando el riesgo de sufrir infartos o accidentes cerebrovasculares.

Investigaciones internacionales citadas por Science Focus mostraron que las personas con triglicéridos elevados y altos niveles de colesterol remanente tienen más probabilidades de desarrollar enfermedades cardiovasculares graves.

Incluso, uno de los estudios analizó a más de 113.000 personas y encontró que algunos pacientes con LDL controlado seguían teniendo un mayor riesgo de ACV debido a este otro marcador oculto.


El problema de los análisis normales


Uno de los aspectos que más preocupa a los médicos es que el colesterol remanente no suele aparecer destacado en los controles de rutina.

Por eso, muchas personas creen tener el riesgo cardiovascular bajo control cuando en realidad podrían seguir acumulando grasa en las arterias.

Además, los especialistas remarcan que no siempre está asociado a la obesidad visible. Una persona con peso normal también puede presentar niveles elevados, especialmente si tiene exceso de grasa abdominal o triglicéridos altos.


El dato que puede servir como alerta


Aunque no siempre se solicita específicamente, los médicos consideran que los triglicéridos son hoy el mejor indicador indirecto para sospechar colesterol remanente elevado.

Valores superiores a 150 mg/dL ya comienzan a ser considerados altos.

Riyaz Patel, profesor de cardiología del University College de Londres, explicó que este tipo de colesterol suele elevarse especialmente en personas con obesidad y grasa visceral, aunque también puede afectar a pacientes aparentemente sanos.


Qué hábitos ayudan a reducirlo


Los especialistas coinciden en que los cambios en el estilo de vida siguen siendo fundamentales para disminuir el riesgo cardiovascular.

Entre las principales recomendaciones aparecen:

  • Reducir el consumo de azúcar y harinas refinadas.
  • Limitar el alcohol.
  • Mantener un peso saludable.
  • Realizar actividad física regularmente.
  • Priorizar una alimentación tipo mediterránea.

En ese patrón alimentario predominan alimentos como pescado, legumbres, aceite de oliva, frutos secos y verduras frescas.

Los expertos remarcan que muchas veces el cuerpo no presenta síntomas hasta que el daño arterial ya está avanzado, por lo que recomiendan controles médicos periódicos y una evaluación más amplia del riesgo cardiovascular.



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