Femicidio de María Marta: «me acuerdo de cada cosa que hizo»

Cecilia Toledo, hermana de la víctima, dijo que conserva los mensajes que el imputado le envió, cuando aún no habían encontrado el cuerpo. Será una de las testigos del juicio por jurados que comienza hoy.





Cecilia Toledo vive en Córdoba capital. Llegará hoy a la ciudad de Neuquén en el vuelo de las 8.30. Estuvo aquí tres veces, pero será la primera desde el femicidio de su hermana María Marta, ocurrido a cuatro meses de dictada la cuarentena por la pandemia de covid-19. Es una de las testigos ofrecidas por la fiscalía para declarar en el juicio por jurados contra Rodolfo Fabián Lucini, el único acusado.

El 29 de julio de 2020 la provincia se encontraba en la fase de distanciamiento obligatorio y regían límites de circulación. Aún no se podían realizar eventos en espacios públicos, ni privados, no estaban habilitados los cines, ni los servicios de transporte de pasajeros interjurisdiccionales. El parte diario del Comité de Emergencias de Neuquén reportó 19 casos confirmados de coronavirus y el acumulado era de 1.152.

Ese día María Marta no escribió como era costumbre en el chat familiar. Eso le llamó la atención a Cecilia y el jueves 30, al mediodía, se comunicó con sus hermanas para saber si habían tenido noticias de ella. Nadie sabía nada. “Entonces yo le escribo un Whatsapp y le queda un sólo tilde. La llamo por teléfono, me manda derecho al buzón. Le escribo un mail, porque digo: “si le robaron un celular, ¿qué es lo primero que haces vos? Te conectas a la compu, un correo y Facebook”, agregó.

-¿Ustedes vinieron en alguna oportunidad a Neuquén a visitarla?
Sí, sí por eso yo lo conozco a este tipo.

Cecilia hablará con Lucini casi de inmediato a la desaparición.

María Marta tenía 46 años y había estudiado arquitectura. Le surgió una oferta para trabajar en Neuquén y se instaló en 2016. Vivía en un edificio ubicado en Brown 745, en la zona del alto de la capital. Cecilia afirmó que en la cuarentena afianzó la amistad con la pareja de Lucini. “Se juntaban muchísimo”, señaló. Y repitió: “Amaba Neuquén, estaba feliz, era su lugar en el mundo”.

Lo primero que hizo el 30 fue contactar a la pareja de Lucini que le contestó: “ah creo que ayer habló con Fabián, le voy a decir que te llame”. “Yo le comenté de unos amigos míos, por un laburito, así que capaz que se fue a verlos a la empresa de ellos”, le respondió él.

María Marta se había quedado sin empleo apenas comenzada la pandemia.

¿Me haces un favor? -le pidió Cecilia a Lucini- vas al edificio y le decís al guardia, si querés pásame tu teléfono y yo le explico que estoy preocupada y fíjate si está la llave puesta en el departamento, porque capaz tuvo un infarto y está tirada.

Él fue, miró por la mirilla y dijo que la llave no estaba puesta. Le prometió volver más tarde.

Cecilia se quedó intranquila. Se comunicó con otra amiga de María Marta, cuyos padres vivían en el mismo edificio y accedieron a las cámaras de seguridad. De acuerdo al registro el 29 de julio, a las 13.32, Lucini se había ido con ella en una camioneta. Tras el allanamiento encontraron el departamento en orden, sin faltante alguno. La policía rastreó su celular y la posición de la antena le daba en Centenario.

El 31 de julio Lucini la llamó a Cecilia “mil veces, desesperado”. “¿Tenés alguna novedad?”, preguntaba. Cuando supo que la cámara lo había filmado contestó que él le había “encargado unos planos” a María Marta. “Pasé al mediodía para ver si los tenía listos, ella justo bajaba a pagar la boleta de gas y me pidió que la acercara al banco para sacar plata e ir al Rapi Pago, yo la acerqué unas cuadras y después seguí y no la vi más”, sostuvo en una de las últimas conversaciones con Cecilia. El cuerpo fue encontrado en un canal de riego de Centenario ese viernes. La factura había sido pagada tres días antes por home banking.

El lugar del hallazago del cuerpo de María Marta. Foto Oscar Livera.

Según la acusación fiscal, Lucini intentó ahorcarla y la golpeó con el matafuegos de la camioneta. En el interior del vehículo hay manchas de sangre que se corresponden con la víctima. El fiscal Agustín García intentará demostrar al jurado las desigualdades y estereotipos de género que había en ese vínculo. Ofreció 27 testigos, la defensa, ejercida por Roberto y Gastón Berenguer, dos.

“Es femicidio, se aprovechó, mi hermana ni siquiera tuvo oportunidad de defenderse”, planteó Cecilia. Recuerda la cronología al detalle. “Es como que yo veo una película, y lo revivo porque yo me siento protagonista, porque fue este tipo y porque me mintió. Fue el paso a paso, me acuerdo de cada cosa que hizo, que me llamaba, me insistía, tengo las llamadas perdidas de él, los chats que me mandaba antes de que lo metieran preso”, añadió. Lucini se encuentra con prisión preventiva desde el 3 de agosto.

La defensa y el imputado durante la audiencia de selección de jurados. Foto Florencia Salto.

No llora Cecilia, salvo cuando piensa en cómo va a reaccionar cuando lo vea en el juicio. Hace lo que muchos familiares de víctimas intentan: ser sostén en el derrumbe. “Me anulé los sentimientos en ese sentido, no hice el duelo”, indicó. Manifestó que tomó conciencia de lo que significan este tipo de hechos de violencia y su visibilización. “Si hubiera sido hace 30 o 40 años atrás queda en la nada”, remarcó.

Su mamá es quien más expresó su sufrimiento: “no lo dije hasta que la fiscal (Eugenia Titanti) no me confirmó que era mi hermana, para que no se angustiara al vicio, porque si era lo que nosotros pensábamos con mis otras hermanas, para que… tener un par de días más de felicidad, entre comillas.


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