Francisco pide que cuidemos a nuestros jóvenes

Fervor por la visita del líder de la Iglesia Católica a Brasil. Preocupado por la falta de empleo y educación para los jóvenes, plantea un desafío a los adultos.

Por Redacción

VISITA DEL PAPA A RÍO

En su primer discurso en tierras brasileñas, el papa Francisco agradeció a Dios la oportunidad de regresar a “la amada América Latina” en el primer viaje internacional de su pontificado, y exhortó a cuidar a los jóvenes, a los que definió como “el ventanal por el que entra el futuro del mundo”.

“En su amorosa providencia, Dios ha querido que el primer viaje internacional de mi pontificado me ofreciera la oportunidad de volver a la amada América Latina”, dijo Francisco, en el discurso pronunciado durante la recepción que le ofrecieron autoridades brasileñas tras su llegada a Río para comandar la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).

“Doy gracias por esta benevolencia divina”, agregó, al hablar ante la presidenta brasileña Dilma Rousseff y otras autoridades gubernamentales y eclesiásticas en el palacio Guanabara, sede de la gobernación de Río.

En su discurso, el papa exhortó a cuidar a los jóvenes, argumentando que “la juventud es el ventanal por el que entra el futuro en el mundo”, y por ello “impone grandes retos” para la generación más mayor, entre ellos, el de dejar de legado para los jóvenes “un mundo que corresponda a la medida de la vida humana”.

“Nuestra generación se mostrará a la altura de la promesa que hay en cada joven cuando sepa ofrecerle espacio; tutelar las condiciones materiales y espirituales para su pleno desarrollo; darle una base sólida sobre la que pueda construir su vida; garantizarle seguridad y educación para que llegue a ser lo que puede ser”.

“Transmitirle valores duraderos por los que valga la pena vivir; asegurarle un horizonte trascendente para su sed de auténtica felicidad y su creatividad en el bien; dejarle en herencia un mundo que corresponda a la medida de la vida humana; despertar en él las mejores potencialidades para ser protagonista de su propio porvenir, y corresponsable del destino de todos”, enumeró.

Francisco se refirió a una expresión muy usada en Brasil, por padres que se refieren a sus hijos como “la pupila de nuestros ojos”.

“Qué hermosa es esta expresión de la sabiduría brasileña, que aplica a los jóvenes la imagen de la pupila de los ojos, la abertura por la que entra la luz en nosotros, regalándonos el milagro de la vista! ¿Qué sería de nosotros si no cuidáramos nuestros ojos? ¿Cómo podríamos avanzar? Mi esperanza es que, en esta semana, cada uno de nosotros se deje interpelar por esta pregunta provocadora”, afirmó.

El papa afirmó, por otra parte, que la JMJ representa una oportunidad para reunirse con jóvenes de todo el mundo para que atiendan el llamado expresado en el lema de la edición de 2013 del evento: “Vayan y hagan discípulos en todas las naciones”.

“Vayan más allá de las fronteras de lo humanamente posible, y creen un mundo de hermanos y hermanas”, exhortó el pontífice, quien afirmó que “no puede haber energía más poderosa que esa que brota del corazón de los jóvenes cuando son seducidos por la experiencia de la amistad” con Cristo.

“Estos jóvenes provienen de diversos continentes, hablan idiomas diferentes, pertenecen a distintas culturas y, sin embargo, encuentran en Cristo las respuestas a sus más altas y comunes aspiraciones, y pueden saciar el hambre de una verdad clara y de un genuino amor que los una por encima de cualquier diferencia”, aseveró el papa, quien recibió una ovación al final de su discurso.

Una jornada intensa

El papa Francisco vivió hoy una tumultuosa acogida en su primera visita a Brasil, donde fue rodeado por miles de personas, que interceptaron el coche en el que el sumo pontífice viajó desde el aeropuerto de Río a la catedral metropolitana e intentaron tocarlo y tomarle fotografías.

Tras ser recibido en el aeropuerto por la presidenta Dilma Rousseff, Francisco se dirigió a la Catedral Metropolitana a bordo de un automóvil sin blindaje, en el que viajó con la ventanilla baja.

Cuando el vehículo llegó a la avenida Presidente Vargas -una de las principales vías de la zona céntrica de la ciudad-, decenas de miles de personas lograron acercarse al coche, que sólo era protegido por unos pocos policías en motocicleta y por un grupo de agentes federales.

El momento más tenso del trayecto ocurrió cuando el auto ingresó en una pista cuya parte derecha estaba totalmente bloqueada por autobuses estacionados, lo que obligó al vehículo del papa a reducir la velocidad.

Allí, la multitud rodeó el auto sosteniendo teléfonos móviles en un intento por tomar fotografías del pontífice. Algunos llegaron incluso a poner el brazo dentro del coche antes de ser alejados por los guardaespaldas de traje negro.

Francisco, sin embargo, no pareció molestarse por el acoso popular. Ante el pedido de una madre para que bendiciera a su hijo pequeño, el papa pidió al agente federal que lo protegía que le entregase el niño y lo besó.

Luego, al llegar a la Catedral Metropolitana, se embarcó en un automóvil abierto en el que recorrió varias calles del centro de la ciudad, esta vez sin que la multitud que lo aguardaba lograra acercarse al vehículo, que fue protegido por un cordón conformado por voluntarios de la JMJ.

El tumultuoso primer “baño de masas” de Francisco en Brasil no registró incidentes, pero generó dudas sobre el esquema de seguridad armado para proteger al papa, que permanecerá en el país hasta el domingo para liderar la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), que atrajo a Río a entre 1,5 y dos millones de fieles, según las autoridades.

El papa Francisco advirtió que el mundo corre el riesgo de tener una generación entera de jóvenes desempleados desde el avión que lo conducía a Brasil.

“Mi viaje tiene como objetivo estimular a los jóvenes para que se integren en el tejido social, con los ancianos”, explicó el pontífice.

“Corremos el riesgo de tener una generación desempleada”, dijo el papa, y pidió que se evite “aislarlos”. También condenó “la cultura del rechazo a los ancianos”.

Respetando su estilo sencillo y franco, el papa jesuita saludó uno por uno a los 70 periodistas que lo acompañan en el vuelo, y reconoció que evita dar entrevistas porque le resulta “agotador”.

Durante su visita de siete días en Brasil, Francisco buscará revitalizar a la Iglesia en Latinoamérica, su mayor feudo pero donde pierde terreno desde hace tres décadas, sobre todo ante las iglesias pentecostales y el laicismo.

Agencias

VIDEO | La transmisión de la visita