“Hipertrofia del poder”
Ya con 78 rionegrinos años, de los cuales los últimos 55 los dediqué con plenitud e intensidad a mi primera vocación, la cirugía-el quirófano, tengo la imperiosa necesidad de hacer algunas reflexiones sobre la última década que la democracia transitó en nuestro país. Han sido 10 años signados por una evidente hipertrofia psicopática del poder, por quienes -y lo más grave- protegidos por las virtudes de la democracia, han gobernado ejerciendo un autoritarismo despiadado. La historia del siglo pasado tiene ejemplos de dramático final cuando se hipertrofió el poder en forma psicopática. Dos situaciones no muy lejanas son la experiencia de Fidel Castro en Cuba y la de George W. Bush en los EE. UU. La ausencia de diálogo es el factor que condiciona esta forma de ejercer el poder. El diálogo es un derecho natural, anterior a cualquier derecho positivo y a cualquier implementación práctica. Implica para el individuo y para la comunidad la obligación gravísima de afrontarlo. Constituye el medio más natural y espontáneo de promover el bien común. De él nace la sociedad, con él crece y se perfecciona. Sin él la sociedad corre el riesgo de desintegrarse. El diálogo político debe ser una búsqueda de la verdad y del bien. La obligación de promover el diálogo político universal atañe de modo especial y casi excluyente a la autoridad pública. Eso sí, el diálogo exige un verdadero respeto por el otro. En verdad sólo comienza a haber diálogo cuando alguien se pone en “humilde actitud de escucha”. En vez de diálogo, estos últimos años hemos asistido cotidianamente a la “vanidad del monólogo mediático inútil”, donde se soslayan la inmoralidad generalizada, los delitos económicos, la inseguridad y la inflación descontrolada. La paranoia y soberbia del matrimonio que con vocación monárquica ha conducido los destinos de la Nación, ha sido producto en gran medida y estimulada por el asesoramiento de un triste personaje, el profesor Ernesto Laclau y su esposa Chantal Mouffe, admiradores del pronazi Carl Schmitt. Ellos adhieren a la concepción política: “confrontacion permanente”, antagonismo insuperable de amigo-enemigo y decisionismo como forma opuesta a la discusión liberal. Los Kirchner practicaron siempre estas ideas, antes aun de conocer a Laclau y tal vez ignorando a Schmitt. Cristina Kirchner, acorde con Laclau, arma sus fuerzas de choque con los lúmpenes violentos de las barrabravas futboleras y la peligrosa organización de los “vatayones militantes”, la formación de organizaciones “ad hoc” como La Cámpora y otras fuerzas de choque. Como bien dice Juan José Sebreli: una “gran capacidad para intentar perpetuarse en el poder, con autoritarismo que pasa por democrático y una ideología seudoprogresista. Un movimiento de derecha disfrazado de izquierda”. Como Octavio Paz decía del PRI de México, definiéndolo como la dictadura perfecta, porque aparentaba no serlo. Por lo tanto resulta más que evidente que nuestra presidenta padece una “esclerosis ideológica”. Otro tema es la apropiación indebida de los derechos humanos que ha hecho este gobierno. Es absolutamente injusto. La ideologización de los derechos humanos es una claudicación ética y moral. La escandalosa corrupción de “Sueños compartidos” entre la señora Bonafini y el señor Schoklender (que lograron manchar el blanco inmaculado de los pañuelos de las Madres de Plaza de Mayo), la ley Antiterrorista y, por último, la designación del polémico general Milani en la conducción del Ejército, son una evidencia de pérdida de la autoridad moral en una causa tan noble como es la vigencia plena de los derechos humanos. En función de esto, es necesario un cambio profundo para salvar la República y programar un futuro más digno para los que reciban de nosotros el testimonio en la posta de la vida. Por lo expuesto, y en especial por el desprestigio sin precedentes de un gobierno de origen democrático, el próximo 11 de agosto en las elecciones internas abiertas y obligatorias en nuestra provincia es indispensable jerarquizar el Parlamento nacional, que lamentablemente está en una etapa de cierto desprestigio popular. Ante el renunciamiento del dr. Verani por “fatiga de combate”, la UCR orgánica promovió para aspirar al Senado a un político con gran experiencia parlamentaria, el dr. Fernando Chironi, a quien tuve el placer de conocer en 1984, cuando el gobernador Álvarez Guerrero nos designó -por nuestros antecedentes de una conducta activa en defensa de la vida y del estado de derecho durante la larga noche de la dictadura militar- para integrar la Comisión de Derechos Humanos de la provincia de Río Negro. Allí juntos tuvimos el inmenso honor de participar con infatigables luchadores por los derechos humanos, como la señora Noemí Labrune, los dres. Julio Rajneri y Rubén Marigo, el fallecido diputado nacional Hugo Piucill, el ingeniero Bravo Martínez y, en representación del Obispado, el presbítero Vicente Pellegrini S.J. Esta comisión aportó a la Conadep importantes datos sobre violación de los derechos humanos en nuestra provincia. Para los afiliados al legendario partido es una gran oportunidad electoral reinvindicatoria. Para los que no tenemos filiación partidaria alguna, la posibilidad, con el dr. Chironi, de que Río Negro aporte un prestigioso demócrata al Parlamento nacional. Obviamente esto no excluye que en otros partidos no haya políticos de iguales valores. Dr. Horacio N. Muñoz Médico cirujano – DNI 6.493.342 General Roca
Dr. Horacio N. Muñoz Médico cirujano – DNI 6.493.342 General Roca