HISTORIA: El misterio de la Epifanía

por JORGE CASTAÑEDA

Por Redacción

El evangelio según San Mateo relata una extraña peregrinación a la ciudad de Belén, lugar del nacimiento de Jesús. En el Capítulo 2, versículo 1 dice que «Nacido, pues, Jesús en Belén de Judá en los días del rey Herodes, llegaron del Oriente a Jerusalén unos magos.»

Como se sabe «magos» es la traducción del griego «magoi» y ha penetrado a nuestra lengua a través del latín «magi». Pero este vocablo deriva de «magu», que era el nombre dado a los sacerdotes persas en la religión zoroástrica.

Según Isaac Asimov «durante toda la historia de la antigüedad, se consideraba a los sacerdotes como depositarios de conocimientos importantes. No sólo sabían las técnicas para propiciar a los dioses, sino que también estudiaban, sobre todo en Babilonia, los cuerpos celestes y sus influencias en el curso de los asuntos humanos. Por consiguiente, los sacerdotes eran astrólogos avezados (quienes a lo largo de sus estudios también recogían considerables conocimientos de astronomía).»

«Durante la época del exilio, los judíos aprendieron de los sacerdotes babilonios, y en el libro de Daniel la palabra «caldeo» se utiliza como sinónimo de mago. Si los judíos los habían olvidado, tuvieron ocasión de refrescar tales conocimientos durante la breve dominación sobre Judea. (En nuestra lengua, los poderes arcanos de los «magi» se condensaban en la palabra «magia», que se deriva de «magi»).»

«La historia de los magos es breve. Fueron a ver al niño Jesús, le dejaron regalos y se marcharon; pero su efecto en la leyenda es grande. En la imaginación popular, los magos se convirtieron en tres reyes e incluso tenían nombre: Melchor, Gaspar y Baltasar».

«Según la leyenda medieval, Elena (madre de Constantino I, el primer emperador cristiano) llevó sus cuerpos a Constantinopla.

Desde allí fueron trasladados a Milán, en Italia, y en fecha posterior a Colonia, Alemania. Se supone que están enterrados en la catedral de Colonia, de modo que a veces se los menciona como los «tres reyes de Colonia».

Según el legendario relato, después de descubrir los enigmas de Herodes el Grande, ofrendaron al Niño Dios, presentes de oro, incienso y mirra, simbolizando que habría de ser un verdadero, rey, Dios y hombre.

Con respecto a la fecha tan singular, el 6 de Enero estaba consagrado por los antiguos a la bendición de los ríos en el culto a Dionisios, que entre los egipcios se identificaba con Osiris.

Se sabe que la Epifanía (del griego Epiphaneia, significa aparición, manifestación).

Es así que en el año 450 el papa León el Grande definió la Epifanía como la fiesta de los Reyes Magos y en la alta Italia era llamada la «fiesta de los tres milagros», es decir la venida de los magos a Belén, el bautismo de Jesús y el agua cambiada en vino.

Como la fecha tomada para festejar la Navidad la Epifanía también fue instituida en recuerdo de celebraciones paganas, tal vez para cristianizar al pueblo a la religión naciente sin mayores contradicciones.

Nietzsche por eso reflexionando sobre estos fenómenos supo escribir que «toda fiesta es pagana por esencia».

De todas formas, después de dos mil años el día de reyes es esperado con ansiedad por millones de niños en todo el mundo y a los mayores no deja la nostalgia por las cosas que irremediablemente se fueron junto con nuestra infancia.

 

JORGE CASTAÑEDA

Especial para «Río Negro»


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