“Homenaje a Andrés Capsi, hombre recto, hombre de verdad”
Conocí a Andrés Capsi cuando en 1994, en respuesta a un llamado de los mismos internos dirigido a él para que se los atendiera desde la Iglesia, el obispo, monseñor José Pedro Pozzi, me pidió que organizara la Pastoral Carcelaria, o sea, constituir un equipo con personas voluntarias que se dedicaran a la atención a los internos de la llamada alcaidía de General Roca. Después de cerca de 20 años “La Pastoral”, como se le dice, sigue en ésta su tarea. Si mal no recuerdo, al principio Andrés Capsi estaba encargado del área interna y por lo tanto teníamos que tratar con él por cualquier problema y/o para organizar a los internos y con ellos, cualquier actividad de carácter religioso, cultural o de formación. De entrada nos llamó la atención su apertura al diálogo y su disposición para hacer que una actividad llegara a ser realizable, teniendo siempre presente la preocupación por la seguridad y los medios disponibles. No tardamos en entender que la presencia y las decisiones disciplinarias de Andrés Capsi estaban impregnadas de humanidad y las sentíamos en armonía con nuestras convicciones como Pastoral –a saber, que no se puede reducir a una persona a los errores que cometió, o sea que toda persona es rescatable, nadie es irrecuperable y las personas se ponen de pie con la ayuda de otras personas–. Dichas convicciones estaban reflejadas en estas palabras del papa Juan XXIII escritas en letra grande en una viga de hormigón que cruzaba el ancho pasillo de entrada de la alcaidía: “…el que yerra no por eso está despojado de su condición de hombre ni ha perdido su dignidad de persona…”. En 1997, llegando Andrés Capsi a ser el jefe de la alcaidía, su predisposición al diálogo hizo que éste se intensificara entre él y el equipo de La Pastoral: de ambos lados andábamos buscando que se hiciera realidad lo que proclama la legislación carcelaria tanto provincial como nacional respecto de la privación de la libertad, de la finalidad de la misma y, consecuentemente, de las condiciones y del camino a tomar para llegar a tal objetivo, esto es, la rehabilitación de los internos y su reinserción en la sociedad. Pero la brecha entre lo que dice la ley y la realidad vivida por los presos era tan grande, por una parte, y la voluntad política de cambiar las cosas por parte del Poder Ejecutivo, de la administración penitenciaria, tan poca que la situación de Andrés Capsi resultaba muy delicada: quedaba atrapado entre las decisiones mayores que no dependían de él y sus convicciones, que iban en el sentido de los lineamientos de la ley y de las necesidades sentidas y expresadas por los internos. La parálisis en la implementación de reformas llevó a repetidos motines, oportunidades en las que la voluntad y la capacidad de dialogar y de negociar, así como el coraje, de Andrés Capsi hicieron que tales situaciones no degeneraran en desastres más grandes todavía. Los internos le tenían fe: sabían que con él lo acordado, acordado quedaba y que siempre se podía dialogar. Lo sentimos mucho cuando, posiblemente desanimado por la casi imposibilidad de hacer que las cosas mejoraran en el sentido que dice la ley, Andrés Capsi renunció a su cargo de jefe de la alcaidía. Igual el surco que ha trazado en una institución tan sensible como la que rige la cuestión de la privación de la libertad queda en la historia y en la memoria de muchos como signo de su contribución en la lenta y ardua pero imborrable y finalmente gratificante marcha de la sociedad hacia su humanización. Padre Claudio Faivre-Duboz DNI 92.052.156 Exdelegado diocesano (1994-2008) para la Pastoral Carcelaria en General Roca Rillieux la Pape, Francia
Padre Claudio Faivre-Duboz DNI 92.052.156 Exdelegado diocesano (1994-2008) para la Pastoral Carcelaria en General Roca Rillieux la Pape, Francia