“Impresión, sensación y sugestión en la política petrolera”



La historia de los pueblos y las naciones que fueron bendecidos con recursos estratégicos como el petróleo y el gas fue testigo de innumerables guerras por la posesión y su dominación. El argumento fue siempre el mismo: éstos son recursos que mueven la energía de cualquier país; su fuerza motora genera producción, diversificación económica y puestos de trabajo y es formadora de pueblos y ciudades. Nadie puede poner en duda estos enunciados; lo que no se dice es que a partir del descubrimiento de estos nobles recursos se empezaron a desarrollar luchas encarnizadas por el dominio de su manejo: lo que se ponía en juego por sobre lo que se declamaba no era otra cosa que la puja por la distribución de la renta que generaban. La política petrolera argentina no pudo escapar a estas prácticas; aunque hubo actitudes patrióticas que sostuvieron que “la Argentina debe reservarse el monopolio de su manejo y explotación y su renta no puede ni debe tener otro destino que no sea el de la Nación misma y el bienestar de su pueblo”, otros, verdaderos infames traidores a la patria, entregaron los recursos a intereses extranjeros, favoreciendo a empresas multinacionales en desmedro del interés de la Nación y la defensa de la soberanía y el patrimonio de todos los argentinos. Hipólito Yrigoyen, Enrique Mosconi y Juan Domingo Perón marcaron el destino que debía tener la explotación de este recurso y los bienes que generaba. Durante la presidencia de Isabel Martínez de Perón se nacionalizaron las bocas de expendio de combustibles, es decir el agujero por donde se carga combustible a los vehículos, y en la gestión de Carlos Saúl Menem se privatizaron YPF y Gas del Estado. ¿Qué se dijo para convencer? “YPF es una empresa elefantiásica, deficiente e inmanejable y con la privatización lograremos eficiencia, competitividad y rentabilidad, recursos económicos para los jubilados y los maestros, revolución productiva, salariazo, etcétera”. ¿Qué se logró? Se le aplicó a YPF el plan Tupac Amaru, se la desintegró totalmente. A los intereses multinacionales se les otorgó el beneficio de la explotación en zonas ya desarrolladas y en producción con el agregado de libre disponibilidad de crudo y divisas. Estas empresas tienen como único propósito y fin obtener la mayor ganancia posible. La producción y las reservas declinaron en forma alarmante, la desinversión y la descapitalización llegaron a niveles escandalosos y las autoridades de aplicación y los entes de control y fiscalización –es decir todos los gobiernos argentinos a partir de 1990– fueron cómplices de este vaciamiento y enajenación. Hoy los mismos actores políticos que apoyaron y posibilitaron tamaño despropósito son los que les venden a los argentinos la recuperada empresa nacional de hidrocarburos YPF, que es como decir: “Al mecánico le arrebatamos malvendiendo su caja de herramientas y hoy, en una actitud de patriótica política nacional, recuperamos el destornillador. Vivan el mecánico y la patria”. La vaca está bien muerta y sus entrañas están siendo disputadas por las ya conocidas aves carroñeras para saborear el mejor bocado, los buitres están sobrevolando y la presa está servida. La presidenta acordó con Chevron la explotación de una parte del yacimiento Vaca Muerta. Este convenio, por las implicancias que tiene para la Nación y las generaciones futuras, es de una irracionalidad inaceptable. Una decisión tomada en esta dirección debe ser sometida a un amplio debate y discusión de todas las fuerzas políticas, las universidades, los centros de estudios petroleros y los expertos y, finalmente, ir al Congreso de la Nación para su discusión, tratamiento y aprobación. Hoy no existe ninguna razón de fuerza que imponga una determinación de tamaña magnitud y apresuramiento; si bien existe preocupación por algún déficit energético, hay correcciones que se pueden implementar, como una medida de racionalidad en el consumo, ya que todos vemos a diario cómo se dilapida el recurso desatendiendo el cuadro emergente, se venden vehículos como caramelos y se consume combustible sin ton ni son, y eso es tener una fiesta en medio de una desgracia. Respecto de los argumentos de los más de 2.300 metros de profundidad y de que el riesgo de contaminación no sería tal, sería bueno que se le explicara a la sociedad para entender mejor todo esto: ¿qué es una roca madre? ¿Qué función cumple en el planeta Tierra? ¿Por qué está en el lugar donde se encuentra? Por ahí descubrimos que existe algún ilustre iluminado que es más inteligente y sabio que la naturaleza misma. ¿Qué nos dicen para desterrar sospechas y dudas? Hagamos memoria. ¿Qué nos dijeron en la década de los 90, con Menem presidente? ¿Qué nos dicen los que explotan las minas a cielo abierto? ¿Acaso no prometieron trasladar un glaciar? Ahora, con el yacimiento Vaca Muerta, ¿qué nos dicen? “Para muestra sobra un botón y ya tenemos una botonería”. No nos dejemos engañar, la propuesta de Cristina Fernández de Kirchner tiene la misma matriz ideológica que la política implementada por su compañero Carlos Saúl Menem: concesiones ventajosas con libre disponibilidad de crudo y divisas. El ingeniero Enrique Mosconi decía: “No puedo entender cómo puede haber compatriotas que quieran que se le entregue a empresas extranjeras la explotación de estos recursos, deben entender que entregar nuestro petróleo es como entregar nuestra bandera”. Agustín Ricardo Molina, DNI 8.635.983 Exagente de YPF – Catriel

Agustín Ricardo Molina, DNI 8.635.983 Exagente de YPF – Catriel


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