Irse o quedarse

La sociedad neuquina viene del aluvión migratorio y es un tanto cortoplacista. El MPN lo sabe muy bien.





neuquÉn

hector mauriño vasco@rionegro.com.ar

Dicen en la oposición que Sapag no vuelve en el 2019, sencillamente porque no se va. El gobernador está haciendo todo lo que tiene que hacer y más para que su mentada “renovación generacional” se concrete y pueda dejar el gobierno en manos confiables. Pero si su apuesta sale bien no se esfumará, piensa ser el hombre de consulta, el que desde un discreto segundo plano es parte de todas las decisiones trascendentes. El que negocia con el gobierno nacional de turno; el que consigue inversores en el extranjero; el que aconseja qué hacer con la renta petrolera. El que desempeña, en fin, el papel de sabio de la tribu. Es decir, Sapag se va pero no se va, o al menos no se iría del todo. Y es “iría”, en potencial, porque todavía la lista Azul del gobernador dista de tenerlas todas consigo. En primer lugar debe trabajar intensamente esta escasa semana que le queda para torcerle el brazo a su competidora Azul y Blanca y, más allá del próximo domingo, convencer a la sociedad de que lo mejor que puede hacer es dejar todo más o menos como está, es decir, con otro piloto pero el mismo capitán. “No es que hayamos sido tan buenos sino que los demás fueron muy malos”, desliza Sapag citando a Perón, para dar a entender que está convencido de que el electorado aceptará el próximo domingo su propuesta, aunque más no sea como el mal menor. Claro que Sobisch no piensa así. El exgobernador ha elegido una campaña que, sin nombrarlo a Sapag, busca minar la confianza del electorado en el actual gobernador y su gente. Primero sembrando de sospechas la nueva ley de Hidrocarburos, un tema en el que el actual mandatario provincial se habría puesto poco menos que de rodillas ante el gobierno nacional. Después, dejando sentado que la gestión del MPN que encabeza su exvice no ha hecho prácticamente nada. Sobisch tendrá sus encuestas –todos las tienen– y en alguna medida serán ellas las que explican el eje de su campaña. Por lo pronto, las que ha podido ver este cronista no indican un fuerte rechazo a la nueva ley. Más bien, los sondeos arrojan cierto desconocimiento del público sobre la norma, lo que no es igual a decir que está en contra. La sociedad neuquina, formada por un aluvión migratorio, es un tanto cortoplacista, busca resultados. Eso es lo que le ha venido prometiendo, y en alguna medida cumpliendo el MPN, un partido que reparte, aunque las porciones nunca sean iguales. Ahora la promesa es de una nueva oleada de prosperidad de manos de Vaca Muerta. Es difícil pensar que alguien esté en contra, al fin y al cabo pocos pierden el sueño por la supuesta perversidad del fracking o renuncian a su parte en la repartija porque YPF o “los políticos” se llevan más. Acaso no le quede a Sobisch otra estrategia que la de fustigar por ese lado, al fin y al cabo en eso de enlodar al gobierno kirchnerista es coherente, siempre lo hizo. Eso, aunque ya no recuerde aquello de que las empresas, en particular Repsol, son sus “aliadas estratégicas”. En todo caso no hay mucho que esperar, apenas siete días para saber, no quién tiene razón, sino quién convence más. Quien también apela a clavar la espina de la supuesta perversidad de la ley petrolera es Quiroga. Pero a diferencia de Sobisch, el intendente de Neuquén se mete además con Sapag y su familia. “Esta provincia es un sultanato, yo no tengo la culpa de que haya Sapag por todos lados; si no puedo hablar del tema tengo que renunciar a hacer política”, desgrana “Pechi” ante quien lo quiera escuchar. El candidato de Nuevo Compromiso Neuquino está convencido (o quiere estarlo) de que esta vez hay una oportunidad histórica para “construir una alternancia”. En su entorno aseguran que a tal punto es así que ya está decidido a caminar junto con Rioseco. “Una fórmula Quiroga-Rioseco mide muy bien y es la única forma de llevar adelante un cambio grande”, confiesan. “Eso sí, no se juntarían para hacer un viaje de egresados, sino para construir un futuro previsible. Ambos tienen experiencia de gobierno y ambos también son buenos conductores”, agregan. Según la gente de Quiroga, no se trata de deponer las evidentes diferencias políticas e ideológicas que los separan. “No pretendemos que ninguno de los dos desande lo andado. No vamos a hacer un híbrido, pero si esto no se consolidara nos quedaría un gusto amargo, un sabor a nada”, reflexionan. Desde el sector del intendente cutralquense confirman lo avanzado de las conversaciones, pero no parecen tan seguros del acuerdo como los quiroguistas. Es que Rioseco no termina de cerrar la puerta a un arreglo con el Frente para la Victoria, desde donde lo quieren para compañero de fórmula de Bertoldi. El intendente de Centenario –en esto todos coinciden– ha hecho también una buena gestión y de un tiempo a esta parte se ha lanzado a recorrer la provincia con el visto bueno de la Casa Rosada. El tema es que su candidatura no es aceptada por todos dentro del PJ. No significa que la rechacen, pero algunos restan entusiasmo para empujar la propuesta. Por otra parte, Rioseco quiere ser cabeza de fórmula, algo que el kirchnerismo no parece decidido a concederle por ahora. “A Ramón lo resisten por sus cuestionamientos a la ley de Hidrocarburos, pero no se dan cuenta de que es el que mejor mide”, confió uno de los colaboradores del candidato del Frente y la Participación Neuquina. Por lo demás, admitió que con “Pechi” han avanzado un buen trecho, pero deslizó que están “cansados” de que desde ese sector les “hagan operaciones de prensa”. El hombre no negó la posibilidad de un final feliz, pero tampoco minimizó las diferencias ideológicas. “Ramón no quiere ir solo, pero tampoco que lo usen”, deslizó.


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