El juicio por el crimen de Latiff en Bariloche avanza con pocas certezas: la cantidad de heridas, factor clave
La situación del imputado quedó más comprometida con la declaración del médico forense, pero se vio favorecido con los dichos de la comerciante y testigo directa del homicidio.
La segunda jornada del juicio oral que busca determinar responsabilidades en el homicidio de Gastón Latiff dejó un saldo desparejo, con algún testimonio que pareció aliviar la situación del único imputado, Ismael Choque Vargas, y otros que detallaron las agresiones con cuchillo que habría cometido y que pueden terminar en una condena de varios años de prisión.
El crimen ocurrió en una despensa ubicada en La Habana y Namuncurá, en la zona este de Bariloche, el 10 de febrero de 2025. Allí llegó el acusado con su novia cuando ya se encontraban en el local otros cuatro jóvenes a quienes la comerciante que los atendía consideró “apurados y extraños”. Detrás de ellos entró también una pareja en forma violenta, con el aparente interés de saldar algun conflicto previo con ese grupo.
Allí se desató una pelea a golpes y empujones, que Choque Vargas procuró neutralizar con un cuchillo que llevaba entre sus ropas, con el cual apuñaló a Latiff, quien había llegado al comercio con su pareja y comenzó a increpar a los presentes y también al propietario.
Choque Vargas prestó declaración en la primera jornada, dijo que se había sentido amenazado, que creyó que los iban a robar y que influyó su recuerdo de asaltos anteriores en los que resultó herido. Señaló que su intención fue “separar” y que recuerda solo haber tirado una estocada con el arma blanca.
Su relato no se condice con lo expresado en la audiencia de hoy por el subcomisario experto en criminalística Rubén Fuentes y en especial por el informe que brindó el médico forense Juan Manuel Piñero Bauer, quien determinó la existencia de siete heridas de arma blanca en el cuerpo de Latiff y mostró fotos de la autopsia. Dijo que la más severa fue la que lo alcanzó en el cuello y seccionó la arteria subclavia izquierda, lo cual le provocó la muerte. Pero tenía también otras heridas menores en el pecho, en la mano y dedos, que serían, compatibles con un intento de defenderse.
Ante las preguntas de la fiscal Betiana Cendón y la querellante Mónica Fragala, el médico no pudo asegurar con certeza de que se trataran de heridas causadas con la misma arma y en el mismo acto. Pero dijo que no encontró “costras” ni otras señales de que fueran anteriores. “Todo parece indicar que fueron en el mismo momento”, sostuvo Piñero. Refirió sí con mayor seguridad que las heridas de Latiff no pudieron ser causadas por una única “acometida”, sino por “más de una”.
Los abogados defensores Nelson Vigueras y Mónica Goye no consiguieron que el testigo indique un “orden de producción” de las heridas, pero en el alegato inicial sugirieron que salvo el corte profundo en el cuello, las demás heridas que presentaba Latiff podían tener otro origen.
La calificación del hecho, bajo examen
La fiscalía y la querella buscan sumar elementos para fundar la acusación contra Choque Vargas por homicidio simple, lo cual derivaría en una severa condena. En instancias previas las fiscales anticiparon una pretensión de pena de hasta 12 años de prisión y la querella habló de 15 años, con lo cual el imputado estuvo a punto de enfrentar un juicio por jurados.
La tesis de la defensa apunta por el contrario a demostrar una agresión en legítima defensa o bien a que Choque actuó bajo emoción violenta. La decisión final dependerá del tribunal que integran los jueces Sergio Pichetto, Bernardo Campana y Martín Arroyo.
En la audiencia de hoy declararon varios policías que actuaron en la investigación inmediata del hecho. Confirmaron que cuando llegaron Choque se encontraba en el lugar, facilitó el arma empleada en el homicidio y no resistió la detención. También reconocieron el “desorden” en el que encontraron al comercio y hablaron de evidencias de una “riña”.
También prestaron testimonio el titular de la despensa Juan Lobos y su esposa Jesica Aburto Almonacid. Lobos hizo una descripción de la pelea que se desató dentro del local, pero se mostró reacio a dar detalles y contestó con varios “no recuerdo”. La mujer fue mucho más locuaz. Aseguró que sintió mucho temor y que no había vivido en la despensa otro momento de tensión y de violencia semejante al de aquel día.
Señaló que Latiff y su pareja ingresaron a los gritos, con una patada en la puerta, decididos a pelear con los cuatro sujetos que ya estaban en el local, quienes habían ido a comprar “chorizos y cerveza”. Recordó que en medio de los forcejeos corrieron hacia atrás una heladera/mostrador, de peso considerable y que ella solo quería “que se vayan a pelear afuera”. Sobre la conducta de Choque dijo no haber notado mayor agresividad y tampoco lo vio esgrimir un cuchillo, aunque en cierto momento observó caer a Latiff herido y con mucha sangre.
Seghún Aburto, su marido en algún momento fue “agarrado de los brazos” por uno de los participantes de la riña y Choque intervino contra Latiff y “lo tiró para atrás, para que dejen de pelear”. En ese momento los cuatro clientes que andaban en grupo se fueron del local. “Ya no entendí más nada, era fea la situación, nosotros gritando que se vayan, cuando de repente veo sangre del muchacho que estaba con la chica (por Latiff)”, dijo la comerciante. Aseguró no haber visto un ataque abierto a puñaladas y sostuvo que Choque Vargas se dispuso a ayudar a Latiff, al verlo mal herido, pero su pareja “lo sacó y lo siguió insultando”.
Lo ocurrido en esos instantes es todavía materia de interpretación por cada una de las partes y un factor que jugaría en contra de Choque es que haya provocado varias heridas a la víctima, algo que se desprendería del testimonio del médico, pero que la testigo presencial y dueña del comercio dijo no haber visto.
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