La cumbre más emocionante: montañistas del Alto Valle donde cayó el avión de la tragedia de los Andes

Segunda y última entrega de la travesía en Mendoza en enero de este año hasta el punto de la cordillera donde se estrelló la nave en la que viajaban los rugbiers uruguayos el 13 de octubre de 1972. Comenzaba entonces una historia de heroísmo en la montaña que culminaría con el rescate de 16 sobrevivientes 72 días después. Crónica y fotos de Dardo Gobbi.

La tragedia del avión de los rugbiers uruguayos que se estrelló en la Cordillera de los Andes el 13 de octubre de 1972 con 40 pasajeros y cinco tripulantes, me despertó desde siempre la inquietud de llegar alguna vez hasta el lugar.

Quería trepar esas laderas, rendir homenaje a las víctimas, hablar con puesteros y baquianos, saber más sobre un hecho que tuvo en vilo al mundo. Siempre quise contemplar el escenario, donde ocurrió la proeza de los 16 sobrevivientes que soportaron condiciones extremas, hasta que fueron rescatados 72 días después.

Así fue como en enero del 2020 partimos con un grupo desde el Alto Valle hacia la localidad de El Sosneado, en Mendoza. Luego de registrarnos para el ascenso tomamos la ruta provincial 220 y nos metimos en las montañas, llegando luego de 95 km de ripio al puesto Araya, un vallecito al lado del río Atuel.

Allí dejaríamos los vehículos y armamos el campamento, para pasar la noche. Al otro día, por la mañana temprano, cruzamos el frío y torrentoso río y comenzamos nuestro ascenso internándonos de a poco en nuestra cordillera.

En esta primera etapa debíamos llegar al puesto El Barroso, donde haríamos noche nuevamente. Claro que para hacerlo tuvimos que sortear tres arroyos más.

El eio Atuel fue el primer cauce de agua que debimos cruzar. En lengua puelche ”Latuel”
significa Alma de la tierra. Foto: Dardo Gobbi

Una experiencia increíble, ya que en verano vienen más caudalosos y se tornan peligrosos para cruzar a pie y con mochilas.

Finalmente lo logramos. Casi de noche, después de 12 horas de esfuerzo, llegamos al refugio.
Estábamos más cerca de la zona del accidente.

Debíamos cenar algo caliente y descansar. Temprano por la mañana, ingresaríamos al “Valle de las Lágrimas”.

Día dos: el ascenso

Por la mañana, a primera hora, nos fuimos despertando tranquilamente. Salir de las carpas y ver que el clima te acompaña es lo mejor que le puede pasar a un montañista. El cielo limpio, el clima templado, nada de viento.

Noche, refugio y estrellas, en plena cordillera. Foto: Dardo Gobbi

Todo el grupo tenía una tranquilidad increíble. Estar en un paraíso y saber que faltaba poco, nos relajaba.

Mateando y Reflexionando junto a Domingo. Campamento El Barroso. Foto: Dardo Gobbi.

Decidimos desayunar sin un horario de partida preciso.

Armamos una gran ronda de mate y Domingo, el encargado del puesto, era el orador principal. Nos contó muchísimas anécdotas relacionadas con el avión, los sobrevivientes y la gente que visita el lugar.

Luego de una hora, comenzamos a hablar de la situación del último arroyo que deberíamos cruzar, el Lágrima.

Los comentarios de Domingo no eran alentadores: bajaba muy caudaloso y el riesgo era importante. Caminando sería imposible y solo contábamos con un caballo.

El camino es impactante. Lagunas y mallines antes de llegar. Aquí cerca de la laguna Las 50 lágrimas. Foto: Dardo Gobbi

Aquí armamos una ronda de charla. La sensación que teníamos varios era la de haber llegado ya al lugar más importante.

Después de escuchar tantas historias, a algunos no los motivaba seguir hasta el lugar donde habían muerto tantas personas y decidieron no continuar hasta la cima.


Sin embargo, casi todos salimos rumbo al Valle de las Lágrimas y decidimos ir hasta el cruce del arroyo. Allí, solo algunos cruzaríamos a caballo.


El sol de la mañana es muy agradable en la cordillera, un valle verde, un mallín, el sonido de un arroyo… es como estar dentro de un cuadro.

El sendero nos lleva al Valle de las Lágrimas. Foto: Dardo Gobbi.


En esos momentos, me alejé del grupo y subí a unas rocas, busqué un reparo y prendí una vela, agradeciendo estar en ese lugar y pidiendo por todas las almas que quedaron allí.

Dejamos la comodidad del refugio y comenzamos e ingresamos al valle cordillerano, siguiendo el curso del arroyo Lágrima. Debíamos buscar el lugar exacto donde Domingo nos haría cruzar a caballo. Teníamos que caminar unos 9 kilómetros más para llegar al cruce.

Durante el recorrido paramos varias veces.

Laguna de los patos. Las lagunas de altura son parte del recorrido en la cordillera. Foto: Dardo Gobbi

El lugar era increíble. Varias lagunas de cordillera, aparecían como espejos reflejando un cielo claro. Rodeadas de mallines donde pastorean animales de algún puestero cercano.

Finalmente siguiendo el sendero, llegamos al lugar donde se cruza a caballo. El agua del arroyo llegaba hasta el vientre del caballo.
Las rocas se escuchaban correr debajo de sus patas.

Llegando. A la izquierda se observan las salientes donde impactó el avión. Foto: Dardo Gobbi

Salimos del agua y en unos minutos comenzamos un ascenso empinado en forma de zigzag, conocido como el “Caracol de los Colorados”.

Detalle de dónde impactó el avión: Los penitentes o Piedra Morena (4.700 m), como se los conoce.


Ya estábamos en el lugar junto a los restos del avión, a 1.500 metros de la frontera con Chile.

El silencio se hizo presente y nuestras mentes quedaron en blanco, solo podíamos trasladarnos y pensar en lo sucedido.

Solo algunos de los restos del avión. El fuselaje y todo lo encontrado fue incinerado por cuestiones sanitarias y en común acuerdo con familiares de los fallecidos y sobrevivientes. Foto: Dardo Gobbi

Saber que cada objeto formó parte de esta historia de muerte y supervivencia, nos dejó atónitos. No fue el festejo de un montañista que llega a la cumbre. Estuvimos con ellos por un momento.

El momento más emotivo de la travesía. Foto: Dardo Gobbi.

Era verano y el glaciar sobre el monte Seler goteaba generando el Valle de las lágrimas. También de nuestros ojos salieron gotas que quedarán de recuerdo para siempre.


El Valle de las Lágrimas

Luego de estrellarse el avión, una parte del fuselaje con algunos pasajeros se detuvo a 3.600 metros de altura en El valle de las lágrimas.
La zona del valle en el monte Seler, esta rodeada y cubierta por un glaciar.

En época estival, comienza a derretirse y se generan caídas de agua simulando lágrimas en la montaña. De ahí su nombre. Estas caídas se juntan y forman el arroyo que es uno de los principales afluentes del río Atuel.

Asomados: de alli se ve el glaciar y todo el valle. Foto: Dardo Gobbi


Es un valle rodeado de riscos de 4.500 metros de altura. Solamente del lado este, el que mira hacia Mendoza, se encuentra abierto y por allí bajan los arroyos que desembocan en el río Atuel.
Ese es el camino que hicimos en nuestra travesía.
De haber sabido esto, los sobrevivientes no hubieran elegido el camino más largo y dificultoso. Ellos subieron esos riscos de 4.500 m, caminando sobre el glaciar, buscando por error del piloto la localidad de Curicó, en Chile.
No sabían que este era el camino más corto. A solo 18 km de ese valle, había un hotel abandonado y crianceros mendocinos. El piloto estaba convencido que habían volado sobre Curicó. Antes de morir, atrapado en la cabina, les volvió a repetir… “llegamos a Curicó”. Ellos tomaron un mapa y confiaron en la palabra del piloto. Por ese motivo buscaron, sin saberlo, el escape más largo… hacia el oeste.


Cómo llegar hasta el lugar dónde cayó el avión

El recorrido se puede hacer caminando. La dificultad es media, siempre que uno tenga entrenamiento. El gran inconveniente son los ríos y arroyos, que se deben cruzar para llegar al Valle de las lagrimas. Son cuatro, que dependiendo de la época del año y de los deshielos, se pueden cruzar caminando o se debe llevar un caballo para cruzarlos.

El Rosado fue uno de los arroyos más correntosos que debimos cruzar. Foto: Dardo Gobbi

La opción más segura para no fallar en el intento es realizar toda la travesía a caballo. Se contrata el servicio en El Sosneado y desde el inicio de la travesía se cabalga, se cruzan los ríos y se llega al lugar.

Otra opción es ir en grupo, caminar y llevar uno o dos caballos para cruzar los arroyos.
Contacto El Sosneado: laslagrimas40@hotmail.com
Contacto zonal: rumboalt@ gmail.com
Los costos: US$ 400 aproximadamente es el costo con todo incluido.
Alojamiento por 4 noches. Caballos, baqueano, guía y comida.

Contacto con el autor de la nota Dardo Gobbi: gobbidardo@yahoo.com.ar Esta nota fue hecha con la colaboración del guía de cabalgatas Jairo González.


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