La gran Scioli
Las instancias definitorias se conocerán en el otoño, a la hora de armar las listas para octubre.
Arnaldo Paganetti arnaldopaganetti@rionegro.com.ar
La gran Scioli. Con ese nombre se conoce en el peronismo –movimiento multifacético y contradictorio por excelencia– la dilatada carrera del hoy gobernador de Buenos Aires y parte significativa del oficialismo reinante en el orden nacional, aunque con tal diferencia de estilo que lo convierte, según sus propias palabras, en alguien “previsible y equilibrado”. Con zigzagueos que lo impulsan a avanzar sumiso junto con el kirchnerismo y a estancarse de pronto con alguna disidencia pública (la última giró en torno de los fondos de coparticipación federal, que le valió ser amonestado por el vicepresidente Amado Boudou), Daniel Scioli no resigna sus pretensiones presidenciales para el 2015. “Ella sabe que puede contar conmigo. Es demasiado pronto para hablar de candidaturas. Yo no miento, no reacciono violentamente ni tiro todo por la borda… trabajo en equipo y sin revanchismos”, predicó en forma de quedar bien con tirios y troyanos. Esto es, con la conductora Cristina Fernández por un lado y con el efervescente conglomerado que se prepara para la sucesión, con la pretensión de reducir a la mínima expresión La Cámpora, la agrupación juvenil que promete estar al lado de la presidenta si alguien osara intentar “tocarla”. Nadie, por ahora, saca los pies del plato. Ni el pacifista Scioli, émulo de Nelson Mandela, ni el ascendente intendente de Tigre, Sergio Massa, quien está detrás de un armado que lo catapulte al sillón de mando del primer Estado argentino. Los justicialistas que vienen augurando un final de ciclo, preservando el “modelo” que en líneas generales empezó a aplicarse antes del 2003, durante el mandato de Eduardo Duhalde, ya tienen un dibujo ideal: Scioli en La Rosada, Massa en La Plata y Roberto Lavagna (quien el viernes se quejó por el déficit presupuestario, la pérdida de competitividad, la caída de la inversión y la no creación de empleo en el sector privado) a cargo del Ministerio de Economía. El excesivo personalismo de los tres y la inconveniencia de hablar de las listas para las legislativas de octubre dificultan los contactos, en circunstancias en que se les hace difícil a los que tienen funciones ejecutivas romper con el poder central, que sigue administrando los recursos del Estado y, para asegurarse fidelidades, no dialoga sino que reparte palos y zanahorias. Un vocero de la Jefatura de Gabinete bonaerense (la carta del sciolista Alberto Pérez al titular de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, para que se repartan mejor los dineros públicos alteró los irritables ánimos K) aseguró a “Río Negro” que en un par de meses, ojeando siempre las encuestas, los planteos serán más sistemáticos y se despejarán las dudas sobre el espíritu de lucha del excampeón de motonáutica. El proceso inflacionario y las duras discusiones paritarias influyen en los actores políticos. Cauteloso por antonomasia, Scioli dio vía libre a los sectores que lo apoyan para que armen estructuras que le permitan afrontar exitosamente una interna. “Ya me van a venir a buscar”, confía Scioli a sus visitantes y asegura que no resignará la confección de nombres para la Legislatura provincial. Se muestra siempre respetuoso de la presidenta, pero también pone de relieve que la militancia peronista es superior a la de La Cámpora, sostenida por suculentos sueldos estatales. “Son muchos los que están colgados de la pollera de Cristina. Cuando perciban que se empiece a dar una transferencia del mando los corrimientos se acelerarán”, señala sin tapujos Alberto Samid, uno de los más dicharacheros voceros del sciolismo. El cristinismo se encuentra con un sindicalismo atomizado, en el cual el rebelde Hugo Moyano exige aumentos del orden del 50% en tanto que los gremios “amigos” aceptan reducir las pretensiones al 23 ó 24%, sin por ello dejar de peticionar fábrica por fábrica, de acuerdo con la productividad alcanzada. La maltrecha oposición no K también padece castigos. A Mauricio Macri le cuesta construir en distritos allende la General Paz y el socialista Hermes Binner se puso a la defensiva a raíz de los cuestionamientos al gobierno de Antonio Bonfatti, en Santa Fe, por la falta de resultados en la lucha contra el violento narcotráfico y la corrupción de la Policía provincial. Montado en una apreciación de Scioli (“Néstor Kirchner creía en la diversidad, no en el pensamiento único”, dijo), Binner predijo que si Cristina persiste en su actitud se marchará a la conformación de “una liga de gobernadores damnificados” por la Rosada. A todo esto, el Fondo Monetario Internacional finalmente sancionó con una moción de censura a la Argentina por la falta de confiabilidad de sus estadísticas. Y también en el plano externo, al margen del estancamiento en las negociaciones por Malvinas, la sorpresa la dio el acuerdo con Irán para constituir una comisión internacional que revisaría las actuaciones por el trágico atentado a la AMIA, en 1994, y posibilitaría que el juez y el fiscal que intervienen en el caso se trasladen a Teherán para interrogar a los sospechosos de haber planificado el ataque terrorista.
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