“La lealtad y la política”
La lealtad vista desde la óptica de sus actuales ideológicos no es otra cosa que una falacia. Entonces, ¿qué es la lealtad en la política? No es otra cosa que una maquinación tramposa de quienes la proponen, es una práctica que lleva a la anulación del individuo como tal y lo somete a un régimen esclavo donde no puede pensar, opinar ni criticar. Esto no es nuevo en la política, el peronismo desde sus orígenes responde a estas prácticas, dado que ellos mismos se definen como un movimiento y no como un partido político. La característica de ese movimiento es que siempre respondió a un fuerte liderazgo y que lo representaba su ideólogo, Juan Domingo Perón. La formación militar de Perón le dio esa impronta de obediencia debida, es decir un orden del tipo verticalista. Siendo que, en su estructura, la columna vertebral del movimiento peronista son los trabajadores, cualquiera que haya incursionado por las organizaciones sindicales peronistas y estudiado sus estatutos, queda allí reflejado esto que sostengo, por cuanto el principio fundamental que allí se enmarca es: unidad, verticalidad y disciplina. Un partido político, ¿hace gala de esta propuesta de lealtad o se diferencia y se inclina por seguir ideas y principios? Los partidos políticos tienen otra forma de organización y son fieles a lineamientos regidos por basamentos filosóficos de orden ético y moral (al menos es así en la Unión Cívica Radical). La UCR desde su origen se proyectó como un partido revolucionario, reformista, respetuoso del orden constitucional, de la división de los poderes y del funcionamiento de los organismos de contralor que garanticen transparencias en todos los actos de gobierno. Un movimiento como el peronista y un partido político como el radical, ¿cómo ven y se plantan frente a la Constitución nacional? El movimiento peronista la respeta pero la ve como una barrera u obstáculo para sus fines, es por eso que reiteradamente propone modificaciones o adecuaciones para llevar adelante sus propósitos. Como ejemplo, está el fallido intento reeleccionista. Lo que persigue es retener el poder teniendo la suma total y el control del mismo, en este último caso está la fallida reforma de la Justicia y la ley de regulación de los medios de servicios audiovisuales. Ahí radica urgencia, el clamor y hasta la desesperación por pedir lealtad. A diferencia del movimiento peronista, el radicalismo ve en la Constitución nacional una forma fundamental que garantiza el funcionamiento armonioso de los tres poderes del Estado y de los organismos de contralor. La Constitución nacional es el proyecto político por excelencia en lo social, económico y político; en el Preámbulo está la mayor declaración de principios que se pueda concebir. Cualquier partido político piensa primero en cumplirla que en modificarla, por eso la demanda en este caso es de compromiso, responsabilidad y respeto, nunca se escuchará pedir lealtad. Hoy se avizoran tiempos de cambios en lo político, hay una esperanza que va cobrando vigor y fuerza. La Argentina debe ir hacia una nueva y más moderna forma de organización y de hacer política, los partidos tradicionales han tenido deformaciones por renegar de sus tradiciones y principios. La prospección es ir hacia una social democracia y salir de estas prácticas populistas que agobian a la economía formal y donde los sectores sociales más vulnerables siguen tan pobres y postergados como siempre. Esta maquinaria de formación de villas de emergencias, de más pobres en lo material y espiritual debe modificarse, tienen que ser incluidos socialmente y se les debe devolver la dignidad sacándolos de esta condición de sometidos y esclavos. Cualquier régimen de opresión se caracteriza por pedir lealtad, porque necesita de la complicidad. Como conclusión tengo que decir que la lealtad no es un mérito ni un valor en término moral, es la mayor claudicación de los principios, es el sometimiento de las ideas y la pérdida de la identidad. Agustín Ricardo Molina, DNI 8.635.983 – Catriel
Agustín Ricardo Molina, DNI 8.635.983 – Catriel