La lección del maestro de guitarra
Luis Salinas toca hoy a las 21:30 en La Baita. El gran músico argentino viene en formación de trío con la cual repasará algunos de los clásicos propios y ajenos. Antes de tocar conversó con “DeBariloche”.
ENTREVISTA A LUIS SALINAS
Claudio Andrade
candrade@rionegro.com.ar
Este hombre grande, de gestos lentos y mansos, viene bajando del cerro. Como un Zaratustra con su guitarra atravesada en la espalda. Luis Salinas trae consigo la música. Un sonido virtuoso. Toma su lugar en la mesa sin apuro. Entonces sonríe. Sonríe y espera. Uno de los mejores guitarristas que ha dado el país está en Bariloche para ofrecer un concierto donde repasará clásicos propios y ajenos pero que de tanto jugar con ellos se vuelven parte de su acerbo. A esta altura de los acontecimientos, Salinas no requiere volver a los pagos del sur con un disco como novedad. Sobra con que traiga su instrumento. Explica que trabajar equivale a viajar. Que tocar no es trabajar. Conocer gente tampoco. Pero es lo que hay. Así uno se gana la vida, se justifica.
Salinas cautiva por ser Salinas. Por lo que logra cuando sus dedos vibran sobre las cuerdas. No necesita presentaciones. Ni disfraces. Tampoco palabras devenidas en gestos populares. Cuando él está hay jazz, folclore, algo de blues, nostalgia rock y con todo eso, se produce la fusión que lo identifica. Un punto que es todos los puntos a la vez. A la medida de Borges. A la de Miles Davis. A la de Fellini. Pensándolo bien, Salinas parece un personaje invocado por el genial director italiano. Amplio, en blanco y negro, delicado y sutil.
Estamos rodando. Acción.
-Viajar es trabajar. Tocar no, no.
–Sos de tocar mucho, no te guardas.
-Me gusta tocar pero son momentos. Cuando hay que tocar, se toca. Son momentos de mayor laburo.
–¿Cómo haces para determinar tu progresión, tu crecimiento como músico a lo largo del tiempo?
-Cuando vivía en Monte Grande en el 68 integraba una banda, yo era el más chico del grupo. Y tocaba y tocaba y tocaba. Cuando agarraba no paraba de tocar. Los tipos me decían: “¡nene, pará nene!”. En las pruebas de sonidos seguía tocando. Muchos años después, como 15 años después, el pianista que estaba en esa banda me fue a ver. Y me dijo una de las cosas más lindas que se pueden escuchar. Cuando terminé de tocar vino y me dijo: “seguís tocando con el mismo entusiasmo”. El deseo, la pasión son cosas muy importantes, si uno no se emociona es muy difícil trasladarlo al público. Si no hay amor, es difícil. Más allá de las cuestiones técnicas esto es lo que más cuido. En mi casa las guitarras están afuera de su estuche pero no es que las toco todo el tiempo pero están ahí. Conservo el deseo.
-Debe ser complejo también medirse a uno mismo cuando tanta gente te grita: genio, genio.
-Mi crecimiento es tratar de ser el mejor Salinas posible, compito conmigo mismo.
-En varias ocasiones se te ha escuchado decir que lo que más te gusta es el acto de la improvisación. Dicho por vos parece fácil, sin embargo, es como hacer trapecio sin red.
-Si. Porque el momento es único e irrepetible. Y hay que vivirlo así, no creo que ningún músico te diga: “mañana voy a estar inspirado”. Para eso sirve la técnica para estar bien cuando hace falta.
-¿Has estado sobre el escenario diciéndote “no me siento bien” o “no estoy tocando bien”?
-Si, muchas veces. Pero eso se va resolviendo a medida que vas tocando. Por eso es tan maravillosa la música. Es que la felicidad son momentos y cuando vos sentís que estás en el lugar indicado, con la gente indicada, tocando, eso es como el amor correspondido.
-Sos de la escuela de B.B. King que hace de la improvisación el centro de su obra.
-Cuando toqué con B.B.King en Brasil yo le expliqué: “mire que yo no salí del blues”. Y él me respondió: “lo importante es que seas sincero”. Y ese consejo fue un regalo para mi. Me dijo: “Dios tiene que escuchar los sonidos”. Se tiene que tratar de ser uno. Tratar de tener tu forma, tu personalidad. Creo que es más fácil ser uno que otro. Yo busco que hay adentro para sacarlo.
-¿De qué te nutrís musicalmente?
-Soy muy amante de los creadores, de los que llegaron al mundo y lo cambiaron. Escucho cosas de Grela, Salgán, Atahualpa, Oscar Aleman, Hendrix, Camarón. Esos tipos que lo cambiaron sin darse cuenta. También estoy atento a las cosas nuevas pero soy muy amante de ese mundo revolucionario. Piazzolla en el tango, Rubén Juárez, Hugo Díaz.
-Escucharlos también es una manera de recuperar su figura de artistas, como a Hugo Díaz.
-Que fantástico músico ¿no? Con la armónica.
-Emilio De la Peña.
-¡De la Peña! Era un ser extraordinario, de una sencillez, parecía el amigo de un músico y no el músico. ¡Pero cuando bajaba la mano…! Decía ¡Cómo toca Salgan! ¡Cómo toca este!, era un admirador. Recuerdo sus manos, eran manos de tornero porque era tornero. Estuvo en casa tocando y poco después se nos fue.
Aquí Salinas se queda en silencio. Lo que siguen son puntos suspensivos. Quizás porque al mencionar el final de otro músico, le acaba de recordar que él también, y a pesar de la música, es humano. Que nada, que nadie es eterno. “Detrás de las notas hay energía espiritual. Tocar es escuchar, disfrutar de tus compañeros. Tocar no es una carrera de caballos. Con el tiempo fui aprendiendo que uno toca su propia canción, pero uno se mete en la canción de otro y la usás para mostrarte. Es improvisar dentro de un clima. Si agarras un tema de Gardel, de Atahualpa, se tienen que tocar unas notas y otras no. No es que puedes tocar toda la escala en un tema de Atahualpa. Alguien decía yo prefiero ser libre en una cárcel. Con Chuchi Legizamón tienes un poquito más de libertad pero un tango de Troilo no te permite mucho, tenés que improvisar dentro de eso. Lindo desafío”, dice cuando la charla va terminado.
Cuando estamos en el final. En la última de sus canciones, no se olvida de lo que nos trae como un regalo. “Vinimos en formato de trío con Alejandro Tula en percusión, con quien estamos tocando hace muchos años, un gran músico de esos que ya saben cuando te vas a equivocar, y con Jorge Giuliano, cantante, gran compositor, arreglador que trabajó con Mercedes Sosa y otros y que te hace olvidar que no hay bajo. Con él alcanza todo.
-Este miércoles va a estar David Lebón, otro guitarrista talentoso.
-Lebón es un gran artista, por su manera de tocar, de cantar, es único. No hay dos Lebón.
Explica y hace un gesto marcando la necesaria obviedad que contiene la frase. Tampoco hay dos Salinas.
DeBariloche