La Mississippi, en Bariloche y Neuquén

Entrevista con Ricardo Tapia antes de las presentaciones

Por Redacción

MUSICA

“Cementerio Club”, “Masacre en el puticlub”, “Pato trabaja en una carnicería”, “Todos los caballos blancos”, son algunos de los títulos que desfilarán mañana, desde las 21:30, en el escenario de La Baita, de Bariloche y el domingo, a las 20 en la disco de Santiago del Estero 883, con La Mississippi, que ha generado trece discos en veintiséis años, tres de ellos de Oro.

Blues, rock, soul, funk, candombe, rhythm and blues, independencia musical, identidad y fidelidad a un modo único de sonar, definen su estilo que ocupó ya miles de escenarios y giras por el mundo y por cada pueblo de Argentina. Para esta oportunidad, la producción de Bariloche invitó a tres bandas locales a tocar en vivo en un evento previo del que surgió Viejo Limón, que acompañará a La Mississippi

Formada durante 1989 en Florencio Varela, con la idea de recrear repertorio clásico de blues, pronto comenzó a componer sus propios temas, debutando discográficamente en el 93 con “Mbugi”.

“Veo resultados de estos años en mi persona y a nivel artístico”, delimita Ricardo Tapia (51) –voz, guitarra, dobro y armónica de La Mississippi- en dialogo con “Río Negro” en su casa de Villa Urquiza. “Ambas cosas van muy empatadas, van muy bien porque en lo musical está metido lo humano, dentro del grupo. Es un cuarto de siglo juntos, siempre trabajando y proponiendo proyectos nuevos cada dos años, pensando discos para los que nos tomamos tiempo de modo que no sean iguales a alguno anterior, sino que tengan un propósito. Con el tiempo, componer se vuelve cada vez más difícil. Me parece que el resultado es muy bueno porque encontramos un camino que nos lleva a otro y otro más. Claro que siempre nos perdemos en algún lugar, entonces nunca volvemos atrás. Continuamente nos estamos metiendo en algún meandro raro de música y eso es juventud musical que hace que tengamos ganas de tocar. Así se mantiene esa sensación de búsqueda, de interés. Creo que lo mejor que logramos es mantener un interés constante”, dice.

-Un grupo, como la pareja, tiene idas y vueltas, contratiempos, estados fenomenales y no tanto, que además de la cuestión musical, dejan un aprendizaje.

-Si se los sabe llevar, sí… Lo que más hay que dar y tener es espacio, no? Es la mejor forma de mantener la privacidad. Nosotros somos tipos que no invadimos el espacio del otro. Nunca fuimos de esos que se toman vacaciones juntos, cuyas familias conviven constantemente. No tenemos esa relación interna. La nuestra yo la llamo de respeto, de mucho y muy buen humor, propio de nuestras edades, medio sardónico. (Sonríe Ricardo). Porque nuestro deporte es buscarnos los defectos para poder darnos uno al otro. Y nos reímos mucho de lo que hacemos y no nos tomamos totalmente en serio.Y también hay que tenerlo hacia la gente y cuando el público se ríe, yo me río con él. Hay mucho humor en la banda y también predisposición a respetar la privacidad del otro. No nos la pasamos comiendo asado juntos, todos los fines semana, ni por casualidad. Sí, cuando lo planificamos, lo hacemos bien, pero tratando de que cada uno tenga su misterio en su casa, en su pareja, en su vida, con sus hijos o sus nietos, lo que sea. Eso es muy importante para que, cuando nos volvemos a reunir, sea el club de todos y de verdad. Un lugar donde nos divertimos, el espacio propio y no demasiado de todos.

-En este largo tiempo han pasado

cuestiones duras en la vida de cada uno que los han obligado a actuar a pesar del dolor o de la angustia.

-Lo hemos manejado como sentíamos… Yo, por ejemplo, a los dos días de morir mi madre, fui a tocar. Pero, bueno, es algo que ella hubiera querido, que no me hubiera detenido por eso. De hecho, siempre apoyó todo lo que hice en la música. Hace muy poco falleció el padre de Gustavo Ginoi y por ser el único varón se encargó de un montón de cosas y salimos a tocar con dos músicos reemplazantes en dos recitales, uno para diez mil y otro para quince mil personas. Y fue muy difícil, si bien ellos eran amigos, uno de los Zorros de Florindo, de Trelew, y Daniel Raffo, un tipo al que conocemos de toda la vida y sabe nuestro repertorio perfectamente. Pero, fue un trámite muy complicado porque estamos acostumbrados a tocar juntos y tenemos una relación musical simbiótica. Tanto es así que grabamos en vivo, hace años que no concebimos otra manera de hacerlo porque andamos todo el tiempo tocando y sería muy difícil grabar una guitarra el lunes y la otra, el jueves. Nos resulta antinatural. Por eso, cuando nos pasa algo así, se nos trastorna toda la realidad de La Mississippi, aunque tratamos de llevarla de la manera más relajada posible. Algunos tuvimos parientes directos internados, tocamos accidentados, con la mano vendada por una quemadura. Yo he volado por el aire, electrocutado, y he vuelto a los diez minutos a terminar el concierto. Hemos tocado en lugares donde se cortó la luz y fuimos a la plaza del lugar, enfrente, a seguir con dos guitarras acústicas y la gente sentada en el pasto. A veces hay que hacer esas cosas…

-Por otro lado, el de la música entre ustedes y con el público, es un bello camino. Merece la pena, si vale la expresión…

-Claro… La música es inmaterial, como el idioma. Pertenecen a la antigüedad del mundo. ¿Cuántas cosas nos quedan desde que se iniciaron los hombres? El vocabulario, el pensamiento y la música. Todo lo demás fue cambiando, la comida, la vestimenta, el lugar y el modo en que vivimos. La música se genera en el aire y desaparece. Su magia pasa por ahí, justamente. Y eso genera mucho respeto o mucha falta de respeto. Porque, cuando se desvanece, quién te la paga? (Tapia suelta la carcajada). Ya tocaste… Entonces, se aprende a tomar recaudos que pueden parecer exagerados, pero no lo son. Cuando lo musical desaparece, queda el silencio y al silencio nadie lo paga. Hay que tener una relación comercial muy específica con los terceros y hacer que la respeten. Es un camino largo y es por lo que más sufren los músicos. La primera queja que se escucha entre los jóvenes es: che, yo toco pero nadie le da bola a mi arte! Bueno, y tiene que ver con cómo se la presenta, con cómo se la toma y se aprende a escucharla.

En Argentina, lamentablemente, como bien decía Mercedes Sosa, los músicos dan examen todos los días. Es un grave error. No lo dan un montón de caraduras que son mediáticos y se la pasan haciendo estupideces y cobran fortunas. Por eso, nosotros siempre estuvimos muy firmes con el negocio de la música, más allá del placer de tocarla. Fuimos un grupo positivamente mafioso, para nosotros, para trabajar y que nos sirva, realmente. Nunca hicimos gansadas por estar en un espacio, siempre mantuvimos la música que nos gusta. Eso significa un recorrido más largo pero mucho más placentero.

Por la música visité lugares del mundo y del país que no nunca imaginé. No viviría como vivo, gracias a ella. Le debo prácticamente todo lo que soy. No puedo emitir una queja de mi carrera musical. Hice todo lo que quise siempre.

Eduardo Rouillet


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