La peor carta de presentación

Por Redacción

MIGUEL ÁNGEL ROUCO (*)

El vicepresidente de la Nación regresó con las manos vacías de su visita a Washington. Su gestión no pudo siquiera poner paños fríos al clima de encono que existe contra la Argentina en el mundo, tras la polémica expropiación de YPF. No sólo no trajo inversores para la nueva YPF criolla, sino que Amado Boudou tuvo que asistir a un hostil ambiente durante el seminario del Council of the Americas. Boudou sintió el hielo, el aislamiento y el desprecio del ambiente internacional. Tal vez, el mismo desprecio que tuvo la administración Kirchner por las relaciones diplomáticas desde el 2003. No fue sólo eso. El vicepresidente vivió una situación poco confortable en la capital norteamericana. Boudou tuvo que soportar un furibundo discurso de un halcón del establishment estadounidense. El republicano y presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, le dejó en claro que el mundo rechaza de plano a los países que no cumplen con sus obligaciones y no respetan el Estado de derecho. “Eso significa el pago de las deudas a los tenedores de bonos, honrar los compromisos jurídicos y las decisiones tomadas por los árbitros internacionales, y respetar la propiedad privada”, señaló Boehner, apuntando a un Boudou visiblemente incómodo, según relataron algunos presentes en el seminario. Boehner no se quedó atrás y fue más enfático: “Algunos gobiernos de la región han demostrado una voluntad alarmante a alejarse de tales normas cuando conviene a sus objetivos. Debemos dejar en claro que cooperaremos con nuestros amigos en la región, pero que insistiremos en que todo país debe honrar el Estado de derecho, cumplir con sus obligaciones y respetar las normas internacionales”. Fue suficiente para que Boudou pasara de la incomodidad al fastidio manifiesto. Cuando la organizadora del seminario Susan Seagal acercó a periodistas para que dialogaran con el ex ministro, el vicepresidente rechazó de mala manera el convite y se retiró ante la atónita mirada de Seagal frente a semejante falta de cortesía. Éste es el ambiente que supo construir la administración Kirchner en el mundo, a fuerza de atropello del derecho, de las normas internacionales y de los pactos firmados. El aislamiento internacional es una constante. Las quejas se cuentan por docenas y en todos los ámbitos internacionales, la imagen del país está por el piso. Ésta es la peor carta de presentación que puede tener YPF para salir a capturar inversores, gracias a la habilidad de la Casa Rosada. El último balance arrojó una ganancia de unos 1.000 millones de euros, en un ejercicio donde se maximizaron los beneficios. Ésta es una cifra pequeña para una actividad de alto riesgo –muchas veces, capital perdido porque no se encuentran pozos económicamente productivos– y de capital intensivo. Este monto, aun cuando se pueda reinvertir en su totalidad, es exiguo para afrontar las tareas de exploración y producción que requiere la empresa y para poner en funcionamiento pleno todos sus yacimientos. Ahora los caminos se estrechan y al flamante gerente de la compañía sólo le quedaría aplicar un ajuste de tarifas para mejorar el flujo de caja y disponer de mayor capital a la hora de invertir. Pero el ajuste de tarifas dispara otro dolor de cabeza para la administración Kirchner: inflación. El problema de YPF se replica en la mayoría de las empresas de servicios públicos: el doble cepo de la falta de inversiones y el congelamiento tarifario asfixiaron a estas compañías. Paralelamente, la economía va ingresando en un cono de sombras, lo cual hace menos factible la aplicación de un ajuste tarifario que luego sería trasladado a los costos y a los precios. El cierre de las importaciones, la caída de la cosecha y los menores precios y la salida de capitales se encargaron de configurar un panorama tormentoso para el modelo kirchnerista. La baja en la producción de autos, los menores despachos de cemento, la caída en la construcción, en las ventas y una reducción significativa en los márgenes de comercialización pintan de manera concluyente que la economía languidece. Éste es el callejón sin salida en el cual se metió el gobierno desde el 2008, cuando empezó a quebrar la confianza de los inversores. (*) Analista económico DyN