Las legendarias andanzas de Asensio Brunel

Por Francisco N. Juárez fnjuarez@interlink.com.ar.

Por Redacción

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Desde el verano de 1904 todos los habitantes del Alto Valle estaban al tanto de la desaparición del estanciero chileno Manuel de la Cruz Astete. Había vivido en Choele Choel y en General Roca, lugar este último donde su esposa inglesa tuvo su segundo hijo. Pero en los últimos años vivían en una estancia de Collón Cura. La desaparición quedó incógnita entonces sobrepasada por los preparativos invernales en la Confluencia para la inminente inauguración de Neuquén como capital territorial.

Quienes prestaban atención a las noticias patagónicas, sin embargo, cambiaron de mira el 16 de noviembre de ese año: La Nación publicó la llegada del comisario Eduardo Humphreys trayendo preso desde el interior del Chubut al legendario bandido Asensio Brunel.

Crimen y mito

Quizás haya sido este apresamiento el mayor mérito de Humphreys en la trayectoria de su criticada acción policial. Había tenido problemas con algunos gobernadores y también se lo sospechó como protector de los bandidos norteamericanos y de Pío Quinto Vargas, el doble asesino de Corcovado. Es cierto que la vida era difícil, como también delicado pertenecer a una conocida familia galesa pionera en la región. Su casamiento -con Ada Isabel Hainge- no le trajo tanto beneficio como pudo significarle el de su hermana Myffanwy con Justo Alsúa, quien llegaría a Jefe de Policía del Chubut.

Pero el interés de los lectores estaba puesto en Asensio Brunel porque se le atribuía un crimen mutilante -del que ya habían dado cuenta los diarios porteños- y porque era un cuatrero. En las tertulias patagónicas se susurraba que mataba yeguas a las que quitaba la lengua, el manjar predilecto del bandido.

El corresponsal de La Nación en Rawson no lo pensó dos veces. Trató de entrevistarlo por el crimen que se le atribuía y consumado en el territorio de Santa Cruz donde las policías lo habían perseguido inútilmente. El viernes 19 de noviembre de 1904 el telegrama que llegó a la redacción de la calle San Martín -donde entonces funcionaba La Nación-, decía que «el célebre bandolero Brunel, con quien conversé, me dijo que es completamente incierto que él fuera autor principal del asesinato del comerciante alemán que hace poco tiempo se consumó en el territorio de Santa Cruz, dando motivo de una reclamación del ministro de la misma nación. Cree Brunel que los autores son los sujetos Víctor Sepúlveda, prendido en Río Negro (a quien también más tarde se le atribuiría la muerte de Astete), Domingo Santos, Presentación Heredia y Manuel Córdoba. Los dos últimos son desertores del primero de línea. El único delito del que Brunel se declara autor es el de abigeato».

La vida, apresamiento, desapariciones y muerte de Brunel constituyeron por años un verdadero yacimiento de mitos sobre el personaje que engendró largas y ardorosas peleas en los boliches y hasta se formaron bandos de defensores y detractores del personaje. De él se ocupó Andreas Madsen, quien en sus memoriosas recordaciones -entre ellas la que volcó en una grabación durante una visita veraniega a parientes de Bariloche- recordó el crimen de su amigo alemán. Es cierto que por aquellos tiempos y en semejantes regiones, los pioneros estaban asentados alejados unos de otros y no se podían ayudar entre sí. Eso sí, siempre andaban armados, si era posible con Winchester, como aparece en una fotografía el vecino de Andreas, un tal Ramstrons, parecido en la foto, aseguraban, al legendario Brunel (en esta página).

Volmer, el mutilado

Del crimen había informado mucho antes el mismo diario La Nación. El 8 de junio de 1904 lo hizo con las dramáticas líneas que siguen: «Santa Cruz, 7 de junio. Los bandoleros hacen sentir su acción en este territorio, de ordinario tranquilo. Llegó ayer aquí de Lago Viedma don Guillermo Yorck (por York, que era alemán) establecido con ganados en sociedad con los señores Máximo Formel, también germano pero de apellido Volmer (le decían Max), conde de Liniers, Bombalof, Piaggio y Grenier, francés. El señor Yorck vino a denunciar a las autoridades haber encontrado después de dos días de recorrida, el carro sin caballos, abandonado en el camino de Santa Cruz y el cadáver de su socio Formel con el cráneo destrozado, las piernas y los brazos mutilados y varias heridas en la espalda. El móvil del crimen ha sido el robo de los víveres, mercaderías y valores que Formel tenía en su poder. Se cree que los autores del asesinato sean varios bandoleros armados de Winchester y bien municionados, que recorren el territorio, canales del estrecho y frontera con Chile. Entre ellos se encuentra Asensio Brunel, oriental (por uruguayo); Sepúlveda y Zúñiga, chilenos y dos más de nombres desconocidos». La información agregaba que los bandoleros intentarían cortar la línea telegráfica en varios puntos. También señalaba que habían robado tropillas de caballos y cortado alambres en los departamentos de Coyle y Gallegos y asaltado el rodado del informante Yorck que se dirigía hacia Punta Arenas.

En el momento en que la información llegaba a Buenos Aires, la sospecha regional era que los bandoleros rondarían entre las poblaciones de Santa Cruz y San Julián. Los vecinos de esas poblaciones se alborotaron y reclamaron al gobernador Aguerriberry rápida acción contra el bandidaje. Recién se calmaron cuando prometió la salida de varias partidas en persecución de los criminales.

¿Quién era el cuatrero?

La Nación, publicó cuatro días después de su primera información sobre el crimen, que los estancieros de Santa Cruz «se encuentran justamente alarmados con la presencia de una gavilla de bandoleros capitaneados por el ya famoso cuatrero Asensio Baunel (sic). También sospechaba la identidad de los secuaces de Brunel, algunos chilenos entre los que se encontraría el asesino del jefe de policía de Punta Arenas, Chile (el gobernador dispuso la salida de un cuerpo de línea asentado recientemente en Gallegos).

Pero ¿quién era, verdaderamente, Asensio Brunel? ¿Un uruguayo? Nunca quedó esclarecido totalmente, pero la confusión se acrecentó cuando La Nación en una de sus notas dijo que era «malvinero». Si se recurre a las buenas investigaciones del historiador chileno Mateo Martinic, una data sobre los inmigrantes extranjeros de Punta Arenas entre 1870 y 1890, incluye con el número de arribo 440 a A. Brunel. Y agrega: «sin ocupación ni estado civil conocido» pero de nacionalidad uruguaya. La fecha del arribo es 1888, y aún otro Brunel (Angel, probablemente hermano de Asensio) llegó a esa ciudad austral chilena en 1890. También esos registros exhumados por Martinic señalan que Elena y Casimira Brunel llegaron en 1885 «procedentes de Malvinas».

La leyenda dice de Asensio lo que acostumbra a justificar desde hace siglos y todas las latitudes a los bandidos, según lo escribió Eric J. Hobsbawm en «Rebeldes Primitivos». Cometió su primer crimen en Punta Arenas por cuestiones «de celos» y debió robar dos caballos para fugar precipitadamente hacia al otro lado de la frontera.

Curiosidades

* En esta misma semana de hace un siglo, las nevadas cordilleranas felizmente cesaron justo cuando desde Roca -el 26 de agosto de 1902- denunciaron la fuga de cinco confinados de la prisión militar. Arreciaron las críticas por la falta de seguridad. La cárcel era custodiada por las pocas plazas con que contaba el regimiento de artillería.

* Al mismo tiempo, los corresponsales de los diarios porteños de Rawson daban cuenta de la propuesta de hacendados para candidato a gobernador del Chubut al coronel Zeballos del 6to. de infantería.

* Súbitamente llegó buen tiempo y un acelerado deshielo propició la noticia del 27 -siempre en 1902- desde Pilcaniyen. El retiro de la nieve en el departamento Bariloche dejó al descubierto a dos personas muertas de frío que habían pasado un mes bajo la nieve. Instruyó el sumario el comisario Marcelo Napal.

* A la vez, personajes encumbrados de la zona era los viajeros aludidos en los diarios. Carlos Hackett, el mayordomo general de Leleque, salía para Maquinchao y estaba a punto de llegar de regreso de Buenos Aires, don Luis Horn, residente de Bariloche y gerente de la empresa Hube y Achelís.

* Otra noticia de esos tiempos -del 30 de agosto de 1902- indicaba el desembarco en Camarones desde el vapor Chubut «del comisario Romero quien llegó por ese medio por falta de caballos en la jefatura (de Rawson) porque los pocos en estado de prestar servicios apenas alcanzan para los hijos del gobernador»

* A la vez en el Guardia Nacional iba a su bordo y en calidad de arrestado el comisario De la Serna, acusado de homicidio (se habrá levantado luego la acusación porque, años después, fue comisario en el territorio de Neuquén y actuó en la investigación del sospechoso crimen del estanciero Astete, esposo de la que más tarde sería «la bandolera inglesa», Elena Greenhill).

* El sábado 26 de agosto, pero de 1916, se informó en Buenos Aires el acuerdo de ministros que autorizó 4.860 pesos para invertir en un camino a abrir desde el paso Cohiue al río Huemul y desde allí a Puerto Manzano. Entre tanto cedía en Junín de los Andes una epidemia de sarampión pero comenzaba otra de difteria.


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