Lavín, el nuevo mesías de la derecha chilena

Por Esteban Israel

Redacción

Por Redacción

Joaquín Lavín, el mesías de la nueva derecha chilena, carga con un cuaderno para anotar los problemas de los mortales a los que les prometió cambiar Chile. Después de empatar el domingo en las urnas con el socialista Ricardo Lagos, se tomó un avión y voló casi 2.000 kilómetros para agradecerle el «triunfo» a la virgen de La Tirana, cerca de la norteña ciudad de Iquique.

Así es el hombre que quiere un 47,52% de los electores en un país que reconquistó la democracia hace 10 años y donde, según Lavín, la «política tradicional» está encarnada por la izquierda.

«La política chilena es mortalmente aburrida. Nunca se habían dado estas características en un candidato», sostuvo el analista Ricardo Israel, de la Universidad de Chile.

La votación obtenida por Lavín el domingo fue apenas 0,44 puntos inferior a la de Lagos, de la coalición centroizquierdista Concertación, en el poder desde hace una década. Como ninguno superó el 50% de los sufragios válidos, ambos desempatarán en segunda vuelta el 16 de enero. Cualquiera sea el «porqué», el resultado obtenido el domingo por este economista de 46 años es el fenómeno político más fuerte desde el plebiscito que condenó en 1988 a la dictadura de Augusto Pinochet, dijo Israel.

Después de 15 años de mano dura, Pinochet perdió la consulta pero logró un 43% de los votos, considerado hasta ayer un hito para la derecha. Lavín superó por más de 4,5 puntos al ex dictador que alguna vez admiró y a cuyas reformas económicas dedicó odas académicas. La diferencia con Lagos fueron poco más de 30.000 votos.

El senador Hernán Larraín, un estrecho colaborador de Lavín, admite que hace poco tiempo nadie creía en el hombre del cambio, ex alcalde de un exclusivo municipio de Santiago, padre de siete hijos y miembro del Opus Dei. «Pero el mito se rompió», explicó el legislador derechista. «Hubo un cambio cualitativo y los candidatos tradicionales no lo percibieron». Para Larraín, decir «tradicional» es decir Lagos o Gladys Marín, la candidata comunista que sedujo el domingo sólo a un 3,19% de los votantes.

Durante su campaña Lavín dio tres vueltas a Chile, durmió en casas de los desposeídos del sistema y se disfrazó sin pudor de minero o de indígena mapuche, según requiriera la ocasión. «Se encontró con las personas de carne y hueso que tienen problemas reales. Creó un clima distinto, se entregó en cuerpo y alma», dijo Larraín.

Lavín propone crear un millón de nuevos empleos y levantar otra vez a siete por ciento el promedio anual de crecimiento.

Su estilo es preguntarle a la gente cómo está, qué le pasa, explicó un amigo suyo. Lleva un cuaderno para anotar las cosas que le dicen y no bromea cuando dice que venderá el avión presidencial. «Quiere dar una imagen de sencillez y cercanía con la gente, de ser uno más», dijo la fuente, que pidió no ser identificada.

Israel, que como otros analistas intenta descifrar qué pasó en las presidenciales del domingo, opina que por primera vez el país está «en tierra política desconocida».

El empate técnico deja la sensación de que Lavín ganó y Lagos perdió, dijo. Los 850.000 chilenos que ignoraron las elecciones del domingo están en la lista de Reyes de Lavín, que buscará seducir en enero al ala derecha de la Concertación e incluso a comunistas, explicó Larraín. (Reuters)


Joaquín Lavín, el mesías de la nueva derecha chilena, carga con un cuaderno para anotar los problemas de los mortales a los que les prometió cambiar Chile. Después de empatar el domingo en las urnas con el socialista Ricardo Lagos, se tomó un avión y voló casi 2.000 kilómetros para agradecerle el "triunfo" a la virgen de La Tirana, cerca de la norteña ciudad de Iquique.

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