Lecturas recomendadas: “El espectáculo del tiempo”

En esta oportunidad, recomendamos una de las novelas más elaboradas de Juan José Becerra, el escritor juninense que cada vez gana más reconocimiento el el ámbito literario latinoamericano. Con casi 500 páginas, garantiza una inmersión ideal para el aislamiento.



El aislamiento generó un reencuentro con la literatura para muchos que habían perdido -o postergado, entendiendo que uno nunca deja de leer del todo- el hábito por el ritmo del día a día.


En este contexto, y con la necesidad de distraerse un rato de un momento complicado y sumergirse en los miles de mundos que un libro puede ofrecerenos, las novelas asoman como una de las alternativas más interesantes para volver al ejercicio de sentarse o acostarse “a leer”.

Por todo esto y otros tantos detalles que les relataremos, la recomendación en este caso es “El espectáculo del tiempo”, la novela de Juan José Becerra publicada en 2015.

El escritor, nacido en Junín en 1965 y reconocido en los últimos años como uno de los grandes novelistas argentinos -y de Latinoamérica, por qué no-, nos ofrece aquí una historia llena de historias, que a lo largo de sus más de 400 páginas nos hará recorrer los estados más puros tanto de la humanidad en general como de la intimidad de cada persona.

“¿Qué se puede hacer contra la arrogancia de la eternidad? Una sola cosa: vivir. O dos: vivir y contar. El narrador de esta historia –un empresario del cine que apenas se siente escritor– sufre de cronofobia y ve cómo el tiempo actúa dañando las cosas y los hechos: “El tiempo es un espectáculo que se puede ver”. La misión de contar ese espectáculo obliga a su escritura a reaccionar contra el tiempo con la épica del insecto que enfrenta a una bestia”, afirma la sinopsis.


El amor y el desamor, el trabajo y el ocio, el sexo y las crisis, los viajes y las raíces. Todo cabe en esta novela, que hace un recorrido a lo largo de la vida del narrador, desde incluso antes de su nacimiento (hay pasajes en los que se remonta a la antigüedad) y hasta mucho más adelante.

La narrativa, ajena a lo cronológico en tanto consideremos tal concepto como un estricto recorrido temporal desde un punto a otro sin saltos, se presenta compleja para quienes no están acostumbrados a este tipo de lecturas, pero bastará con recorrer un par de capítulos para acostumbrarse y disfrutar de un nudo temporal que iremos desatando con voracidad.

Así, comenzaremos en 2002, para viajar en algunas páginas al 1953. Luego adelantaremos hasta 1993, volveremos a 1959 y continuaremos en 1962. A lo largo del texto iremos pegando distintos saltos, un poco para entender las decisiones del narrador, pero sobre todo para conocer su contexto. ¿Por qué es como es? ¿Por qué se relaciona con su padre de la manera que lo hace? ¿Cómo siente, vive y vivió el amor y la sexualidad a lo largo de los años?

Hay un descubrimiento muy interesante entre el foco en lo temporal y la relación de la novela con el cine, algo que Becerra refleja muchas veces en las frases con las que el protagonista habla del séptimo arte, y del edificio que poseen.


Tan pretenciosa como cumplidora, la idea de una novela que abarque el todo y que hable de mil historias dentro de una historia asoma muy interesante y nos permite hundirnos en un libro que iremos consumiendo cada vez con más ganas de terminarlo, pero menos de que se termine.

No hablaremos aquí de las sorpresas que guarda en sus páginas finales. Para ello deberán leerlo. Sí me parece importante destacar que, en una novela con tantas líneas temporales, darle un cierre redondo es todo un arte.


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