Líderes de todo el mundo coinciden en su homenaje
Sus gestos de reconciliación lo convirtieron en un ejemplo.
AP
“El deporte tiene el poder de cambiar el mundo”, decía Mandela, creador de una Fundación para atender a los niños.
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, la jefa de gobierno alemana, Angela Merkel, el secretario general de la ONU, y centenares de líderes mundiales se unieron ayer en un homenaje virtual al fallecido líder sudafricano Nelson Mandela. Nunca nadie generó tamaño consenso en el mundo como inspirador de justicia y de una vida mejor para sus compatriotas, a través de la superación de las barreras del miedo y la discriminación. El mandatario estadounidense dijo que, “en su viaje de prisionero a presidente”, transformó a Sudáfrica “y nos conmovió a todos”. Mandela, añadió, “alcanzó más de lo que podemos esperar de cualquier hombre”. “El día en que él fue liberado de la prisión percibí la dimensión de aquello que los seres humanos pueden hacer cuando están guiados por sus esperanzas y no por sus miedos”, dijo Obama. En tanto, el expresidente Bill Clinton se despidió este jueves de Mandela con un mensaje en la red Twitter. “Nunca olvidaré a mi amigo Madiba”, publicó Clinton, con una foto en que ambos aparecen sonrientes. La hija de Nelson Mandela, Zindzi, el príncipe Guillermo y su esposa Kate se enteraron ayer de la muerte del sudafricano Nelson Mandela durante una gala de proyección en Londres de una película sobre el ícono antiapartheid. “La noticia fue extremadamente triste y trágica”, dijo el príncipe Guillermo, segundo en la línea de sucesión a la corona británica. “Justamente recordábamos el hombre extraordinario e inspirador que fue Mandela”. A pesar de haber estado 27 años prisionero del régimen segregacionista blanco del apartheid, Mandela emergió de la cárcel con gestos de reconciliación y buena voluntad: almorzó con el fiscal que le dictó sentencia, cantó el himno de los blancos durante su juramentación y viajó cientos de kilómetros para reunirse con la viuda de Hendrik Verwoerd, quien fuera primer ministro al momento de su encarcelamiento. Quizás uno de sus momentos más memorables fue en 1995 cuando entró caminando al campo de rugby de Sudáfrica vistiendo la camiseta del equipo nacional, al que iba a felicitar por haber ganado la Copa Mundial. La multitud de unas 63.000 personas –en su mayoría blancos– rugió “¡Nelson! ¡Nelson! ¡Nelson!’’ Ese día dio lugar a libros y a una película de Clint Eastwood que fue un gran éxito de taquilla. Y todavía dice mucho, casi 20 años después, sobre lo que el deporte es capaz de lograr. “El deporte tiene el poder de cambiar el mundo’’, dijo Mandela en un discurso cinco años después de aquella final. “Tiene el poder de inspirar, tiene el poder de unir a la gente de una manera que pocas otras cosas consiguen’’. Mucho había cambiado. En 1964 lo habían declarado traidor a su patria y condenado a prisión perpetua. Los gobernantes blancos de Sudáfrica tachaban a Mandela de agitador comunista y aseguraban que si los negros llegaban al poder el país se hundiría en el caos y en un derramamiento de sangre similar al de otros países de África. Sin embargo, tras el derrumbe del apartheid, Sudáfrica ha tenido cuatro elecciones parlamentarias y ha elegido a tres presidentes pacíficamente, lo cual ha sentado un ejemplo para el resto del continente. “Hemos desmentido a los profetas del desastre y hemos logrado una revolución pacífica. Hemos restaurado la dignidad de todos los sudafricanos’’, expresó Mandela poco antes de abandonar la presidencia en 1999, a los 80 años.