Los comienzos del gas domiciliario

La firma del acuerdo entre el gobierno territorial y Gas del Estado, el 1 de noviembre de 1947, posibilitaría la llegada del fluido desde Senillosa, tras tenderse el gasoducto.





El sábado 1 de noviembre de 1947, en un acto realizado en la Gobernación del territorio de Neuquén, se suscribía el convenio entre la Municipalidad de la ciudad capital y la Dirección de Gas del Estado para la provisión domiciliaria del fluido a través de un gasoducto desde Senillosa, donde hacía tiempo YPF efectuaba perforaciones en búsqueda de petróleo.

La provisión de gas a Neuquén capital tuvo una significación trascendental porque marcaba la iniciación de una política del aprovechamiento de los recursos energéticos del subsuelo neuquino en favor del bienestar general.

La resolución de iniciar la construcción del gasoducto desde Senillosa hasta Neuquén abría la posibilidad de la extensión de la obra hacia esta región del Alto Valle de Río Negro en la que importantes núcleos de población podrían resultar favorecidos con la distribución domiciliaria del gas.

La densidad de la población en el valle ya justificaba la ejecución de un trabajo llamado a producir ventajas económicas fácilmente calculables. El gas, infinitamente más barato que la leña, vendría a resolver el problema para muchas familias, y en consecuencia crearía un factor de bienestar.

Era menester iniciar un movimiento a efectos de interesar y lograr la atención de la Dirección Nacional de la Energía y de la Dirección del Gas del Estado en favor del planteamiento hacia Cipolletti, Cinco Saltos, Allen, General Roca, Cervantes, Huergo y Villa Regina del gasoducto cuya construcción se iniciaría en Senillosa. También era necesario que las municipalidades y comisiones de fomento dieran carácter público al proyecto y recabar la intervención de la Gobernación del Territorio para que la iniciativa pudiese lograr una rápida concreción como había ocurrido en Neuquén.

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PRODUCCIÓN Y TEXTOS:

Edith Cabrera ecabrera@rionegro.com.ar


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