Maduro inventa más conspiraciones

Por Redacción

EMILIO J. CÁRDENAS (*)

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por su conocida torpeza, es objeto de burlas y chanzas permanentes. Su incapacidad para gestionar una Venezuela que ha caído en estado de caos es cada vez más evidente. No ha podido resolver siquiera el tema del abastecimiento de papel higiénico, al que terminó militarizando. Como si esta fuera una solución. Parece chiste, pero no lo es ciertamente. Para tapar con toda suerte de “cortinas de humo” la crisis económica que (como cabía esperar) ha sido provocada por el colectivismo, Maduro inventa ahora, a cada paso, una nueva y fantasiosa teoría conspirativa, con la que inmediatamente acusa a sus enemigos de lo que, en rigor, es simplemente el resultado de sus constantes errores de conducción. La última de las acusaciones abiertamente insólitas de Maduro es la que tiene que ver con la reciente expulsión de tres diplomáticos norteamericanos, a los que admitió haber seguido por todas partes, por espacio de casi seis meses. Entre ellos, el encargado de negocios, o sea el jefe de la misión. Para quienes se rasgan las vestiduras ante el espionaje telefónico, seguir a alguien por todas partes, como a la propia sombra, no parece ser una práctica muy diferente, ni menos descortés y desconfiada. Maduro acusa a los diplomáticos de los Estados Unidos cuya inmediata expulsión ordenara de participar en presuntas –y nebulosas– operaciones de pretendida organización de sabotajes contra el deficiente –e insuficiente– sistema eléctrico venezolano. Según Maduro, los expulsados actuaban asociados con la organización civil “Súmate”, a la que según Maduro visitaron en un viaje a la ciudad de Bolívar. La asociación civil ha desmentido rotundamente haberse reunido con los diplomáticos expulsados. Esta agrupación civil, que cuenta con 30.000 miembros, está dirigida por la popular legisladora María Corina Machado, una de las figuras políticas más atractivas de la oposición. Se trata de una carismática y joven ingeniera, hija de un gran empresario del sector del acero venezolano. En el 2004 ella organizó un referendo revocatorio en contra de Hugo Chávez, en el que éste anunció haber obtenido el 60% de los votos, cifra que jamás fuera admitida por María Corina Machado, que sostuvo –en cambio– la existencia de fraude, lo que no es imposible. Con un odio tan profundo como evidente, cada vez que puede, Maduro embiste frontalmente contra Machado, acusándola de todo lo que se le ocurra. Además la insulta constantemente, para tratar de demonizarla, en lo que es una práctica habitual de los autoritarios de nuestra región, perfeccionada por los venezolanos con el asesoramiento de La Habana. Machado, quizás cansada, ha comenzado a contestar al cuestionado presidente de Venezuela, aunque con fina ironía. Como cuando advirtió que la reciente y espectacular caída de Nicolás Maduro cuando circulaba en bicicleta, a la manera de bolsa de papas, no sucedió porque ella le hubiera aflojado las rueditas de equilibrio a la bicicleta del cuestionado presidente sino por torpeza –o distracción– del propio Nicolás Maduro. Abriendo el paraguas, entonces, antes de que llueva. La consecuencia de la dura medida diplomática de Maduro resultó la previsible: los Estados Unidos expulsaron –en espejo– a tres miembros de la representación diplomática del país caribeño en Washington, entre ellos al encargado de Negocios. La gente tiene otra preocupación inmediata. Más seria. ¿Hacia dónde va Venezuela en manos de Maduro? La inflación es ya del orden del 45%. Los cortes de luz y agua, así como la escasez de artículos de primera necesidad, crecen y provocan el natural descontento y una sensación de ansiedad. Un momento tan peligroso como el clima cuando es inestable. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas