Más frío que el frío
La casa de Manuela aún luce gélida, casi tanto como ese frigorífico en el que trabajaba José y gracias al cual recibe una magra pensión por mes. La primavera aún no entibió la sala en la que pasa horas tejiendo un abrigo para su nieto más pequeño. “El frío enferma, pero el calor cuesta demasiado y no nos alcanza”, se la oye justificarse ante quien la inquiere sobre su poco habitual vestimenta. María, su vecina de años, vive con su hijo de similar suerte. Adrián quedó sin trabajo, la fábrica cerró y ya nadie emplea la experiencia. Pero se consuelan pensando que es un esfuerzo pasajero, que todo va a mejorar el año entrante, aunque no sepan cómo harán para seguir viviendo el presente. “Dios proveerá” murmura María disimulando enojo, frustración y angustia mientras Adrián la observa descreyendo de toda deidad, promesa o justicia. En la radio oyeron que tienen que saldar una deuda por lo que no pudieron usar, porque no podían pagarlo. Millones de escenas parecidas se replican en el país hoy: familias pobres, desempleadas, obligadas a pagar en cuotas una deuda contraída por el Estado en una promesa de rédito sin precedentes. Hasta aquí llega la paciencia y voluntad de la gente, esa que quiso creer que algo había cambiado.
Karina Zerillo Cazzaro
DNI 21.653.863