Israel vota con participación récord y Netanyahu se juega el poder frente al exjefe militar Gadi Eisenkot
Las encuestas anticipaban una pelea pareja entre el primer ministro con más años en el cargo y el general retirado que perdió a su hijo en Gaza. Los partidos árabes podrían definir quién gobierna.
Los israelíes votan este martes en unas elecciones decisivas en las que el primer ministro Benjamin Netanyahu busca retener el poder frente a un frente de partidos que quiere desplazarlo, encabezado por el exjefe del Ejército Gadi Eisenkot. Son los primeros comicios nacionales desde el ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023, que desató la guerra en Gaza y otros conflictos en la región.
Según datos del Comité Central de Elecciones citados por la agencia Associated Press, más del 31% de los votantes había sufragado al mediodía, la participación más alta a esa hora desde 1977. Están habilitadas para votar más de 7 millones de personas y decenas de miles llegaron desde el exterior para hacerlo.
“Es un momento muy emotivo y decisivo”, dijo Netanyahu después de votar, pasado el mediodía. El premier advirtió a la prensa que los partidos árabes estaban recibiendo un apoyo “masivo, realmente masivo” y que sus votantes acudían a las urnas “en números sin precedentes”, por lo que pidió a sus seguidores que se olvidaran de la playa o del asado y fueran a votar.
Por qué los partidos árabes pueden definir quién gobierna Israel
En el sistema parlamentario israelí, ningún partido obtuvo nunca la mayoría propia en la Knesset, que tiene 120 bancas y exige 61 para formar gobierno. Existe la posibilidad de que ni la coalición religiosa y ultranacionalista de Netanyahu ni el bloque opositor alcancen esa cifra, lo que podría abrir semanas de negociaciones antes de que se defina el próximo primer ministro de Israel.
En ese escenario, los partidos de liderazgo árabe podrían convertirse en árbitros de la elección, siempre que otras fuerzas acepten aliarse con ellos. “Nuestro voto va a cambiar el gobierno”, afirmó al votar Mansour Abbas, líder del partido islamista Ra’am, quien dijo esperar que la participación en las comunidades árabes supere el 70%. Los árabes representan cerca del 20% de la población de Israel.
Del otro lado, el ministro de Seguridad Nacional de ultraderecha, Itamar Ben-Gvir, advirtió que si Netanyahu y sus aliados no ganan, “será el gobierno de Mansour Abbas”. Ben-Gvir es conocido por burlarse de detenidos palestinos y por haber dicho que algunos palestinos de Gaza “ni siquiera son personas”.
Eisenkot, el general que perdió a su hijo en Gaza y desafía a Netanyahu
Eisenkot arrancó la jornada recorriendo las comunidades atacadas el 7 de octubre, cerca de la frontera con Gaza. “Si alguien en el gobierno tuviera una pizca de responsabilidad, empezaría la mañana acá”, sostuvo.
Tras votar, rodeado de simpatizantes, llamó a los israelíes a sacarse de encima “al peor gobierno que conoció Israel” y reconoció que la victoria no estaba asegurada. “Estamos en quizás el día más crítico desde la fundación del Estado”, agregó.
Sus seguidores lo ven como un líder con sólidas credenciales en seguridad que, junto con sus probables socios, podría frenar el avance del iliberalismo. Su historia personal también pesa en la campaña: su hijo y dos sobrinos murieron combatiendo en Gaza. Los partidos que lo apoyarían prometieron mejorar la imagen internacional de Israel, reclutar a los hombres ultraortodoxos y reforzar la independencia judicial.
Denuncias de sabotaje y tensión en algunos centros de votación
El partido de Eisenkot, Yashar, presentó una denuncia urgente por nueve episodios en los que sus boletas faltaban, estaban dañadas o aparecían dadas vuelta dentro de los cuartos oscuros, y habló de un posible intento de sabotaje “sistemático y deliberado”. Sin embargo, el director general interino del comité electoral, Dean Livne, aseguró que las denuncias por irregularidades fueron muchas menos que en elecciones anteriores.
La tensión también se vio en la calle. En Kiryat Shmona, un bastión de Netanyahu cerca de la frontera con Líbano, un hombre pateó y arrancó un afiche de Eisenkot, según reportó AP.
En Tel Aviv, familiares de víctimas del 7 de octubre y exrehenes hicieron un minuto de silencio. “Recuerden a todos aquellos cuyas voces ya no están”, dijo Yona Adam, cuya hija Mapal fue asesinada ese día. Además, unos 330.000 jóvenes votan por primera vez, muchos de ellos a las puertas del servicio militar obligatorio en plena guerra.
Seguridad, servicio militar y el rumbo del país, ejes de la elección israelí
La votación funciona como un plebiscito sobre el liderazgo de Netanyahu, pero también sobre qué tipo de país quiere ser Israel: uno marcado por fuerzas religiosas y nacionalistas, o uno más anclado en valores liberales y laicos. Puertas adentro, la discusión gira sobre todo en torno a la seguridad y a quién debe defender al país.
Hacia afuera, lo que está en juego es la reputación internacional de Israel, cada vez más aislado por su accionar en Gaza y por la violencia de colonos judíos en Cisjordania. El apoyo de la opinión pública estadounidense cayó con fuerza y socios de Europa y otras regiones aplicaron sanciones a Israel. A eso se suma la tensión con Irán: en la previa de la votación, Netanyahu advirtió a Teherán que recibiría “un golpe devastador” si atacaba a Israel.
Para sus seguidores, Netanyahu es una mano firme y un estadista que condujo a Israel con éxito a través de varias guerras, protege la identidad judía del país y pone límites a lo que consideran un Poder Judicial intervencionista. Sus detractores, en cambio, lo ven como un líder que polariza, que en medio de su juicio por corrupción estiró la guerra en Gaza y la crisis de los rehenes por motivos políticos, y que debilita la independencia judicial.
También lo acusan de sostener un sistema que permite a los judíos ultraortodoxos evitar el servicio militar obligatorio. “Las elecciones tratan sobre quién sirve y quién evade el servicio, quién participa activamente en construir este país y quién no”, resumió el votante Nisso Shitrit en Jaffa.
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