Murió Kim Jong-il, último dictador estalinista
Asume su hijo y hay incertidumbre por el tema nuclear
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Kim Jong-il sufrió una insuficiencia cardíaca y murió por un paro a los 69 años.
SEÚL.- Corea del Norte llora por estas horas la muerte de su hasta ahora líder, Kim Jong-il, el último dictador estalinista. Pero el mundo mira atento hacia su hijo y sucesor, Kim Jong-Un, quien deberá asumir la tarea más inmediata: encauzar al régimen comunista con capacidad nuclear en el periodo de incertidumbre en el que acaba de sumirse.
La muerte del dictador tras 17 años dirigiendo el país más hermético del mundo, deja tras de sí una herencia marcada por la crueldad y el hermetismo. Las torturas, las ejecuciones sumarias, así como las muertes por hambre y agotamiento en Corea del Norte han sido la orden del día durante los últimos 17 años en los que Jong-il dirigió con mano de hierro su país. Los sucesivos informes de Amnistía Internacional publicados en la última década así lo atestiguan.
Tras confirmarse que será su hijo quien encabece el liderazgo del país, convirtiéndose así en la tercera generación que gobierna en Corea del Norte, su partido, el Partido de los Trabajadores, confirmaba su pleno respaldo a su persona: “El liderazgo de Kim Jong-Un es una garantía para llevar honrosamente la finalidad de la causa revolucionaria… a través de las generaciones”.
Sin embargo, y pese a la normalidad que se respira en el país, las alarmas están encendidas: Corea del Norte tiene un gran desarrollo nuclear y es muy poco lo que se sabe sobre el sucesor, quien mantiene viva la esencia de las dos anteriores generaciones: el más absoluto hermetismo.
Los países más vinculados al régimen siguen con especial precaución los pasos que se están dando. De momento, Corea del Sur decretó el estado de alerta en el país, Japón convocó a una reunión de emergencia y Rusia, así como aliados que mantienen vivos intereses con el país, se han apresurado a subrayar sus relaciones de amistad con el régimen.
Con un contexto así, el futuro plantea muchos interrogantes. Son varios los analistas que restan importancia a esa situación de incertidumbre por un claro motivo: ya desde el año 2008, cuando Kim Jong-il sufrió una apoplejía, su hijo asumió un importante papel y, sucesivamente, ha ido adquiriendo un notable papel – aunque en la sombra- en el gobierno del país.
“Esta sucesión no debe conducir a una crisis inmediata en la política interna ni en las relaciones exteriores que tenía hasta el momento”, analiza Paik Hak- Soon, del instituto Sejong, un “think tank” con sede en Seúl.
De momento, además del respaldo del PT, los medios de comunicación oficiales ya se han lanzado a pedir al pueblo una alianza con su nuevo líder. “Todas estas declaraciones demuestran claramente que Kim Jong- Un tiene firmemente el control. Muestra, además, que todos aquellos que dependían en mayor o menor medida de Kim Jong-il ya se han decidido a apoyar a su sucesor. La era de Kim Jong-Un ya ha comenzado”, añade Hak- Soon. (AP/DPA)