Negar al otro, un origen posible de la violencia
juan mocciaro jmocciaro@rionegro.com.ar
Pasiones desatadas y desreguladas. O, en todo caso, reguladas desde la violencia y el desprecio por el otro. Reflexiones como éstas surgen de la charla con Santiago Uliana, sociólogo especializado en el deporte como espacio social y docente de la Universidad Nacional de Tres de Febrero y la Universidad Nacional de Avellaneda. Junto con su colega Matías Godio compilaron el muy interesante “Fútbol y sociedad. Prácticas locales e imaginarios globales”. –¿Por qué el estadio de fútbol se ha vuelto un espacio violento? –Veo tres elementos esenciales. El fútbol como juego implica rivalidad, hay dos que se enfrentan. Eso genera ciertas condiciones. Por otra parte en Argentina, sobre todo, es un espacio de representación, un hecho cultural dado a través de este deporte. Las banderas en su mayoría indican el barrio o la ciudad de esos hinchas. También las bandas de rock con las cuales se identifican y que van a parar a las banderas del fútbol. Identifican identidades sociales. Hay representación y rivalidad. Y el “aguante” como un tercer elemento, un bien simbólico que les pertenece a los hinchas. Ese “aguante” se consigue a los golpes, en peleas. Prácticas ligadas al “aguante” que se volvieron legítimas a la fuerza. El fútbol propone un enfrentamiento entre dos (equipos) que se da en el plano lúdico y que está regulado a partir de un reglamento y una autoridad que es el árbitro. Lo que pasa en el fútbol argentino como hecho cultural es que el afuera, aquello que no pertenece al plano de lo lúdico, no está regulado por autoridad alguna. –¿A qué se debe esa falta de reglas? –Es una sociedad que en los últimos cuarenta años ha visto debilitado cada vez más al Estado y eso tiene sus consecuencias, porque es el que tiene que regular a través de las leyes pero también a través de la escuela qué cosas están bien y qué cosas están mal en una sociedad. Y lo que pasa en un estadio de fútbol es que se trata de un ámbito de pasiones, rivalidades y representaciones y donde no ha habido regulación de ciertas pautas. Donde no hay regulación son los propios actores o grupos los que construyen sus propias reglas. Se fueron dando a sí mismos ciertas reglas donde se impone el más fuerte, ciertas prácticas surgidas de la no regulación y la violencia que se volvieron legítimas. En definitiva, si juntás el fenómeno de masas que es el fútbol, la cuestión de la representación, la dificultad como sociedad para obedecer las normas y los operativos de seguridad que dicen todo el tiempo “mirá, vos no te podés controlar. Si saco el alambrado o la policía hacés un desastre”… –El fútbol está cruzado por violencias. –Hay muchas otras violencias en los estadios de fútbol que están de algún modo eclipsadas por el accionar de las barras, pero hay muchas otras violencias: de la policía hacia los espectadores y de los espectadores hacia otros espectadores. La organización misma: baños en mal estado, descontrol en la comida que se vende… En Europa en general, pero en Inglaterra en particular, se reguló el ámbito de los estadios vía el mercado: el hincha devenido espectador gran consumidor. –¿Qué hay del racismo en el ámbito del fútbol? –En el tema del racismo lo que está en juego es la mirada respecto del otro, cómo uno observa al otro o la existencia de un otro, lo que los antropólogos llaman alteridad; marca la posibilidad de constituirse uno como sujeto individual y como sujeto colectivo. Y lo que refleja el fútbol no es muy distinto de lo que nuestra sociedad refleja en otros ámbitos respecto de ciertas manifestaciones racistas. No es el fútbol particularmente racista ni lo son sus hinchas, es la sociedad a la que el fútbol y sus hinchas pertenecen la que expresa cierta xenofobia. No creo que el fútbol exprese algo que no exista ya socialmente; más que reflejo, el fútbol es canal de expresión donde los grupos hacen visibles esas diferencias. –¿Cómo pueden combatirse estas expresiones desde el fútbol? –Una manera sustentable de terminar con esto, más allá de las medidas represivas y punitivas ligadas a la coyuntura urgente, es trabajar en la aceptación del otro. El fútbol necesita del otro, si no no hay juego. La rivalidad lúdica que plantea el fútbol como juego no debe resolverse afuera de manera violenta. Aprender a convivir en el espacio del fútbol porque, a diferencia de otros deportes, en el fútbol el hincha participa del espectáculo, no sólo durante el juego sino también a través de peñas, por ejemplo… además de sacar a la barra brava hay que estimular este tipo de cosas.
juan mocciaro jmocciaro@rionegro.com.ar
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