Noticias del universo

Redacción

Por Redacción

HÉCTOR CIAPUSCIO (*)

Lawrence Krauss, físico y cosmólogo, publicó hace menos de dos años un libro titulado “A Universe from Nothing” (“por qué existe algo y no nada”, se lee en la tapa), un texto denso y arduo para lectura de no especialistas a pesar de best seller. Está precedido de elogios que incluyen juicios comprometidos en la polémica que se originó hace un tiempo con el choque entre las ideas de biólogos evolucionistas y las de fundamentalistas religiosos que ven la explicación de la complejidad de los seres vivos en el “diseño inteligente” de un Creador. Desde el lado de los científicos se trata de un empeño por la maduración de aspiraciones hacia una cultura de fundamento científico en reemplazo de la visión religiosa tradicional. Entre los elogios que preceden al texto del libro figuran juicios categóricos. El inglés A. C. Grayling, por ejemplo, da un pantallazo sobre el contenido explicando que el autor ofrece una crónica iluminadora sobre el modo en que la ciencia se ocupa de la gran pregunta de cómo la existencia del universo surgió de la nada. Aunque es filósofo, dice que es una cuestión que la filosofía y la teología mantienen como oscura, pero a la que la ciencia puede, como lo hace Krauss, ofrecer respuesta. “Tenemos en este libro el triunfo de la ciencia sobre la metafísica, de la razón y la investigación sobre la ofuscación y el mito”. Sam Harris, neurocientífico y también militante, sostiene que el libro de Krauss es una brillante contribución al avance corriente de la cosmología, la rama de la ciencia que habla sobre el profundo pasado y el más profundo futuro del universo, y hace ver que “todo tiene mucho que ver con nada –y nada que ver con Dios–”. Richard Dawkins, un activísimo biólogo que ha llegado a la máxima popularidad desde libros que se convirtieron en best seller internacionales (entre ellos “El gen egoísta” y “El espejismo de Dios”) y que se erige como el más influyente propulsor del debate entre ciencia y religión, cierra el libro de Krauss con un “Afterword” de cuatro páginas que logra la mayor contundencia en cuanto a la eficiencia y originalidad del libro. Comenta que le tocó a Charles Darwin descubrir con su teoría evolucionista la victoriosa alternativa a la postulación del “diseño inteligente” y la apelación a un Creador. Pero cuando ellos (los fundamentalistas religiosos) buscaron como refugio argumentativo a la física y a los orígenes del universo, ha sido sólo para toparse con Krauss y sus predecesores esperándolos. Desafía: “¿Piensa usted que algún agente debe haber hecho que todo comience?”. Aconseja: “Lea a físicos como Steven Weinbeg, Martin Rees o Stephen Hawking”. Y concluye: “Y ahora podemos leer a Lawrence Krauss para lo que parece un golpe de knock out al argumento metafísico”. “Si ‘El origen de las especies’ fue el golpe mortal de la biología al supernaturalismo, podríamos llegar a ver ‘A Universe for Nothing’ como su equivalente desde la cosmología”. En “The New Yorker” del 17 de marzo el mismo Lawrence Krauss publicó una extensa nota sobre la conferencia de prensa realizada en el Centro Harvard-Smithsonian para la Astrofísica en la que se anunció que un equipo internacional que venía operando un sensitivo telescopio de onda corta en el Polo Sur comunicó el descubrimiento de trazas que podrían datar casi del principio del tiempo. La nota está encabezada con una fantasmagórica y gran foto de las instalaciones de la base Amundsen, que está a 2.800 metros sobre el nivel del mar, y del telescopio Bicep2 diseñado para captar las huellas de la inflación cósmica propuesta en 1980 por Alan Guth para integrar hacia atrás la teoría científica vigente. “Antes del Big Bang”, tituló “El País” de Madrid la noticia. Se trata de la tan buscada evidencia de que el universo sufrió una rápida inflación en los primerísimos momentos de su existencia. Si se confirma, señaló la revista “Nature”, “abrirá un nuevo capítulo en la astronomía, la cosmología y la física”. Krauss, el autor de la nota, no ahorra comentarios eufóricos. Escribe que en raros momentos de la historia científica se abre una nueva ventana al universo que cambia todo y posiblemente éste ha sido uno de esos momentos estelares. Su artículo concluye con una manifestación militante que apunta a asuntos que hasta no hace mucho eran materia de creencia teológica o especulación filosófica antes que de ciencia. Escribe: “Para alguna gente, la posibilidad de que las leyes de la física pudieran iluminar hasta la creación de nuestro propio universo, sin la necesidad de una intervención sobrenatural o alguna indicación de propósito, es verdaderamente aterradora. Pero el anuncio de este domingo proclama el posible principio de una nueva era en la que tales cuestiones cósmicas existenciales están llegando a ser accesibles al experimento”. (*) Doctor en Filosofía


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