“Nuevos horizontes, nuevos desafíos”

Por Redacción

Las elecciones legislativas eran el hito sobre el cual se enmarcaba el futuro de la Unión Cívica Radical. En primer término, porque importaban un desafío de trascendencia política importante en materia de liderazgo y de construcción política de cara al 2015. En segundo lugar, porque el radicalismo tenía entre sus desafíos el de no perder la representación en las cámaras legislativas del Congreso de la Nación. Los hechos precipitaron, sin duda alguna, el peor escenario para un radicalismo que buscaba la construcción de un camino de recuperación de cara a la reconstrucción de un esquema opositor con ansias de volver a gobernar el territorio de la provincia. En este esquema podrá considerarse que hubo de todo: traiciones, fuga de votos, falta de capacidad dirigencial para la construcción política electoral y falta de fondos para una campaña de por sí costosa. Pero no puede sostenerse que la situación actual del partido centenario, tras la pérdida de los escaños nacionales el domingo pasado, fuera la resulta de un complejo entramado de traiciones e indiferencias de la dirigencia provincial. Por el contrario, me resulta insoslayable que la situación de la UCR en la provincia de Río Negro tiene una casuística mucho más profunda y compleja. Los análisis no escapan a la derrota sufrida en el territorio provincial que dejó truncos los sueños radicales de continuar gobernando la provincia. Los resultados obtenidos por el partido que supo gobernar durante 28 años no fueron más que una continuidad de derrotas que siguen agregando peso a un barco que está cada vez más cerca de zozobrar. Elección tras elección, la ciudadanía rionegrina, guardiana originaria del poder democrático, advirtió al radicalismo que algo no estaba a la altura de las circunstancias y que había personas que ya no eran dignas de ser sus representantes. De este modo, emitiendo su voluntad ratificó, sufragio tras sufragio, que la Unión Cívica Radical tenía como destino un proceso de reestructuración profunda y urgente. El radicalismo perdió año a año lo más trascendental en un partido político: los liderazgos y la mística. Uno para conducir el navío y otro capaz de mantener a los marineros inspirados y soñadores aún en los mares más turbulentos. La actualidad partidaria pide y reclama un proceso de transformación de dimensiones faraónicas. Los liderazgos claudicados deberán cambiarse por aquellos de carácter emergente, con nuevas caras capaces de representar las necesidades sociales y adaptar el radicalismo a los tiempos modernos. La juventud partidaria tiene sobre sus espaldas la tarea más trascendental de la historia radical rionegrina: deberá animarse, deberá ser. La tarea que se inicia nos encuentra a todos desde el llano, sin distinciones, y es en esa planicie donde cada joven integrante de la UCR puede mirar hacia los costados y encontrar un compañero con las mismas ganas y los mismos sueños, sin necesidad de mirar hacia arriba y mucho menos hacia abajo. Necesitamos una vez más de jóvenes valientes, con aires transformadores, que reconstruyan un partido diezmado desde la pluralidad de pensamientos, y capaces de librar las luchas más importantes para devolver al radicalismo el rol trascendental en una sociedad que pide y exige un partido fuerte donde la justicia social, la lucha por las libertades colectivas e individuales y la igualdad sean las banderas y los hilos conductores de una tarea compleja, difícil, pero necesaria. Nicolás Suárez Colman Roca

Nicolás Suárez Colman Roca