«Nunca imaginé que un niño iba matar a mi hijo»

Habla la mamá de Isaías, el chico de Bariloche asesinado por un compañero.

Redacción

Por Redacción

BARILOCHE

Silvia Railef López sonríe cuando recuerda a su hijo Isaías con apenas 6 años jugando a las escondidas con la maestra de primer grado. También por sus bromas habituales cuando hablaban por teléfono. Asegura que a «Isa» le gustaba desde pequeño ir siempre a la escuela. «Yo le decía Sarmiento porque nunca faltaba a clases». Esas imágenes alivian, aunque sea por unos minutos, el dolor. Desde hace algo más de un mes, Silvia no puede hablar ni acariciar a su hijo. Sólo quedaron los recuerdos. Un frío puñal empuñado por un chico de 13 años impactó en el corazón de «Isa». El chico de 15 años cayó herido de muerte, a pocos metros del CEM 20 de esta ciudad, ante la mirada espantada de varios compañeros de colegio.

«Tengo impotencia, tristeza», resumió. «Nunca imaginé que un niño iba a tomar esa decisión de quitarle la vida a mi hijo», sostuvo en una entrevista con «Río Negro». La muerte de «Isa», como le decían familiares y amigos, estremeció a Bariloche. Ocurrió alrededor de las 13 del lunes 20 de abril pasado, a la salida del colegio. «Isa» era alumno de primero primera y el otro chico cursaba el mismo año, pero en el turno tarde.

Silvia se enteró en Chimpay. Recién había llegado de Choele Choel a la casita que alquila y se preparaba para cocinarle a sus hijos pequeños, cuando el legislador provincial Hugo Funes se acercó hasta su domicilio. Le preguntaba, con insistencia, cómo se llamaba su hijo. «Tenés que llamar a Bariloche», le dijo Funes. Luego, policías llegaron a su domicilio y nadie le quería decir nada. La angustia iba en aumento. «Jamás se me pasó por la cabeza que había muerto mi hijo», señaló.

Llamó a sus otros dos hijos que viven en Bariloche y a su nuera. Nadie contestaba. Hasta que encontró en una agenda el teléfono de su hermana que vive en esta ciudad, que le dijo: «Negra, te tengo que dar una mala noticia». La mujer había hablado el sábado por teléfono con su hijo, «Isa». «Estábamos felices porque teníamos el pasaje abierto para que viniera a visitarnos a Chimpay, en las vacaciones de invierno», explicó.

En esa última comunicación, «Isa» le confió a su madre que tenía novia. «Yo pensé que me hacía una broma como siempre. No, me dijo, te hablo de verdad».

Dos días después, Silvia viajó de urgencia a Bariloche para trasladar los restos de su hijo hasta Chimpay, donde descansan en el cementerio.

Regresó esta semana a Bariloche para estar con sus dos hijos y compartir el duelo. El miércoles participó del homenaje que los chicos del CEM 20 hicieron a un mes del hecho. Quedó sorprendida por el afecto hacia su hijo.

Pero también le llamó la atención las carencias del colegio. «Si no tienen las cosas necesarias los chicos no van a poder avanzar», reflexionó. «Son jóvenes muy sencillos, muy humildes», observó.

«Se contienen unos a otros, vi cómo se abrazaban», sostuvo. «Deseaba venir a Bariloche para conocer a los compañeros de mi hijo, a los docentes», afirmó.

Dijo que cuando se desarrollaba el homenaje a «Isa» algunos compañeros no soportaron y se encerraron en el aula. Fueron imágenes muy fuertes.

Está molesta, sin embargo, porque nadie se acercó a explicarle cómo sucedió la muerte de su hijo.

También está descontenta con la actitud de la ministra de Educación, Mónica Silva, cuando afirmó que se trató de un hecho excepcional o que la muerte de su hijo «no incumbe a la escuela», porque ocurrió a la salida de clases. Tiene la sospecha de que en la escuela algunos sabían que a su hijo lo iban a agredir ese día y nadie hizo nada por evitarlo.

Silvia crió con mucho esfuerzo a siete hijos. El padre de los chicos murió hace seis años y ahora le arrebataron a «Isa». En su humildad, asegura que hizo todo lo posible por inculcarle valores a sus hijos.

Relata que estuvo de acuerdo con que «Isa» fuera a vivir a Bariloche, con Esteban, su hermano mayor y su cuñada porque la realidad que viven algunos jóvenes en Chimpay es muy preocupante.

Silvia quedó en Chimpay con sus tres hijas más pequeñas. «Luché sola con ellos y bien o mal les brindé todo lo que pude. Mi orgullo son mis hijos», sostiene. «Muchas veces fueron marginados por ser tantos hermanos», rememoró. «Cuando me cruzo con algunos chicos, pienso en mi hijo, que vuelve de la escuela», afirmó.

JORGE VILLALOBOS

jvillalobos@rionegro.com.ar


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