¡Argentinos! ¡A las cosas! ¡A las cosas!

Por Redacción

Cristóbal Fernández Ansola*

«Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos. No presumen ustedes el brinco magnífico que dará este país el día que sus hombres se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias, su curiosidad, su perspicacia, su claridad mental secuestradas por los complejos de lo personal”. (José Ortega y Gasset, filósofo español, Conferencias en Buenos Aires, 1939, del libro “Meditación del pueblo joven”).

Antes de escribir este artículo recibí un llamado de mi hijo desde Hong Kong, donde comercializa carnes, hablándome del faltante de aceite de girasol comestible en Europa. Ese tema encadenó con la escasez mundial de materias primas, como granos, minerales y energía y el efecto sobre nuestro país, como el cambio de mirada de los compradores y potenciales inversores para producir esos bienes.

Durante dos años de pandemia cayeron la oferta y la demanda mundial de bienes. La demanda se recupera rápidamente pero la oferta no lo hace con el volumen necesario.

La guerra en Ucrania ha venido a acentuar este proceso, al afectar la oferta de granos y fertilizantes de Ucrania y la provisión de energía de Rusia a Europa, que requiere de otros oferentes, por ejemplo de gas licuado.

Desde esa realidad internacional, la Argentina es vista como un país que ha superado la pandemia, teniendo en cuenta que China todavía no lo ha logrado, con un potencial en producción actual y futura de alimentos, energía y minerales.

En este punto, toman gran relevancia las palabras de Ortega y Gasset en 1939, ¡Argentinos a las cosas!

Nos encontramos ante una oportunidad de demanda internacional de los productos que producimos y podemos producir mucho más, y ese aumento de ventas externas nos puede facilitar importantes cambios estructurales, muy favorables.

La principal restricción al desarrollo económico es la escasez de divisas para financiar los insumos y el equipamiento para la producción industrial.

Si a las exportaciones de origen agropecuario se le agregan exportaciones de energía, como gas y petróleo y minerales como el litio y otros, las divisas producidas pueden sustentar el desarrollo de actividades que requieren de importaciones para producir para el mercado interno.

El primer efecto macroeconómico es el superávit comercial externo y su correlato de disponibilidad de divisas para la actividad industrial y el pago de deuda externa.

El segundo efecto macroeconómico sería en el campo fiscal. El aumento de los volúmenes exportados y de la actividad industrial, implicará un aumento en la recaudación impositiva y el logro del equilibrio de las cuentas públicas por la vía de los ingresos, por un aumento de la base imponible, sin aumentar la presión impositiva.

Para aprovechar esta gran oportunidad se requiere de un manejo ajustado de las cuentas públicas y de las divisas producidas por el aumento de exportaciones. Será necesario un enfoque macroeconómico orientado al desarrollo y a la distribución de sus beneficios.

Estos objetivos no se logran poniendo al frente del manejo económico a “jóvenes brillantes”, reconocidos como tales por sus habilidades para operar con bonos de deuda soberanos en plazas financieras internacionales, pero que son incompatibles con estrategias de desarrollo basadas en la producción y el trabajo.

Esta gran oportunidad tiene que servir para todos los que ya se encuentran dentro del sistema productivo y para atender a los excluidos del sistema económico.

Hace 45 años la desocupación y la pobreza no superaban el 5 %.

¿Qué pasó en estos años?. Se desmontó la industria surgida de la sustitución de importaciones y no se la reemplazó por otra actividad que generara la ocupación de esos compatriotas.

Estos argentinos residen en los conurbanos de las grandes ciudades donde esas industrias estaban asentadas. Reciben ingresos sociales del Estado porque no tienen otra fuente de recursos para poder vivir. Del punto de vista económico son un pasivo social del que tenemos que hacernos cargo como sociedad, financiándolo con los mayores ingresos por aumento de la actividad exportadora y de reindustrialización.

La reinserción económica y social de estos argentinos es un desafío para la gestión de estructuras productivas de economía social y de obras públicas con mano de obra de los propios habitantes de esos barrios.

La necesaria atención y asistencia de este conjunto de compatriotas, no implica otorgarles una función social y política de liderazgo en la estrategia de salida económica y social.

Tampoco podrán liderar esta salida los actores de actividades económicas centradas en transacciones de bonos y activos y derivados financieros.

Este liderazgo deberá estar a cargo de eslabonamientos de emprendedores de todo tamaño, trabajadores, profesionales, técnicos y los organismos científicos y tecnológicos del Estado.

Volvemos a Ortega y Gasset, porque el problema fundamental no parece ser económico.

“¡Argentinos a las cosas! Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos”.

* Licenciado en Economía. Asesor en Desarrollo Local y Regional. Asesor de Pymes y Emprendedores.


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