La corrida de Cipolletti, una fiesta original e inteligente

En tiempos donde el sedentarismo y la obesidad son una epidemia, fogoneada por el exceso de pantallas, que haya un evento de esta naturaleza se agradece.

Por Marcelo Antonio Angriman

Hay citas que trascienden el almanaque para transformarse en patrimonio del alma.

En tiempos de «mecha corta», de “selfis al ombligo”, de ruidos y de una fragmentación social que asusta, la Corrida de Cipolletti se erige no solo como un evento deportivo de élite, sino como una fiesta original e inteligente.

Es un oasis de convivencia donde el protagonismo no lo tiene un producto natural o enlatado, ni un artista de turno, sino las personas de un lugar, su inquietud y sus ganas de vivir en paz.

Cumplir 40 años ininterrumpidos de realización no es un simple dato estadístico; es casi una epopeya. Que esta llama haya permanecido encendida a pesar de los distintos signos políticos que transitaron el municipio habla de una madurez institucional infrecuente, donde la política de Estado se impone sobre la urgencia electoral.

La respuesta de la comunidad en esta edición ha sido contundente: 23.000 inscriptos que agotaron los cupos en apenas 24 horas, una marea humana que este año se vistió con remeras albicelestes frente a una edición aniversario y un año mundialista, uniendo la mística de la identidad con la pasión del fútbol.

Lo que hace «inteligente» a esta celebración es su mirada integral y pedagógica, fundamentalmente en una era donde la evidencia es drástica: hoy la inactividad física mata más que el tabaquismo.

En tiempos donde el sedentarismo y la obesidad son una epidemia, fogoneada por el exceso de pantallas, que haya un evento de esta naturaleza se agradece.

La estructura es robusta y científica; se nutre desde la base con el Congreso de la Actividad Física, que desde el CCC y propulsado por la Dirección de Deportes, capacita a profesionales en salud, pedagogía, deporte, recreación direccionados a su proyección social y se extiende hacia la mesa con la Feria Semilla, apuntando a una alimentación más saludable.

En momentos donde las revelaciones científicas asociadas con la nutrición, el trabajo de la fuerza y el movimiento en la tercera edad, han desafiado los dogmas con los que nos manejamos por años, contar con una plataforma que traduzca ese saber en acción, genera un círculo virtuoso.

Allí, en el asfalto, se relaciona el niño con sus padres y abuelos, blindando la existencia de la Corrida para las próximas décadas en un terreno de armonía y festejo.

Esta identidad propia se permite además la ternura, con la incorporación de Cipolito, ese cuis simpático que ya es parte de la fauna emocional y la admisión de mascotas; el asombro con la presencia de ex deportistas o entrenadores que inspiran con su legado, junto a espectáculos de nivel internacional como el ofrecido por el Grupo de Danza Aérea, que pone a la actividad física en el firmamento del arte.

Todo este despliegue, íntegramente financiado por empresas regionales que entienden el valor de lo propio, se complementa con una ciudad que se embellece, aumentando los espacios de ciclovía en el acceso a la Isla Jordán y mejorando con vegetación y mejor iluminación las ya existentes.

Se debe seguir trabajando en esta línea, quizás sumando espacios donde en determinado día y horario se pueda patinar o andar en bicicleta como ocurre en Santiago de Chile o en Florianópolis.

Y defender, con absoluta convicción, el concepto de “Fiesta Nacional de la Actividad Física”, jerarquía que costó mucho obtener y que Cipolletti ya tiene, por la Ley Nacional 26.775. No resulta imprescindible, que baje un artista estelar de un avión para darle brillo a la fiesta; el fulgor ya existe y emana de cada vecino. Por una vez y aunque resulte paradójico, el escenario quedó mirando a la gente.

El cierre con los 10 kilómetros homologados por la World Athletics es el estándar de calidad técnica, pero el objetivo final depende de cada persona.

En un contexto global de guerra y crispación, ver a tanta gente unida por el simple y noble deseo de superarse emociona y lanza un mensaje potente.

Correr es, en definitiva, un acto de fe contra la quietud del espíritu. En Cipolletti no solo se participa para llegar a una meta; se corre, se camina o se alienta para encontrarse, para reconocerse y para recordarle al mundo que, mientras haya movimiento, habrá esperanza.

*Abogado. Prof. Nac. de Educación Física. Docente Universitario. angrimanmarcelo@gmail.com


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