Presupuesto 2027: invertir en educación para el futuro

Necesitamos que un título vuelva a abrir puertas, que sea una herramienta para estudiar, trabajar o construir un proyecto de vida.

El gobierno de Milei presentó una propuesta de presupuesto que confirma que para este modelo la educación no es una prioridad.

La inversión en Educación y Cultura representará menos del 0,8% del PBI, uno de los niveles más bajos de los últimos veinte años. En términos reales y comparado con 2023, el gasto educativo cae un 44%, las universidades nacionales reciben un 25% menos, las Becas Progresar caen un 77%, el presupuesto destinado a la Educación Técnica y Profesional disminuye un 86% y la inversión en infraestructura y equipamiento un 93%.

El CIN estimó que se necesitan $11 billones para garantizar el funcionamiento del sistema universitario en 2027; el proyecto destina un tercio menos.

A comienzos de 2026, la UNRN denunció haber recibido menos de la mitad del presupuesto solicitado: pidieron $80.267 millones y recibieron $36.153 millones. A esto se suma el desfinanciamiento de sus hospitales escuela, que compromete la atención, la formación profesional y la posibilidad de garantizar insumos y equipamiento. La UNCo estima que necesita alrededor de $203.000 millones para funcionar; el proyecto le asigna casi un 40% menos.

Este proyecto profundiza las decisiones que tomaron desde el inicio de la gestión: la eliminación del FONID, el incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario, la derogación del piso del 6% del PBI para educación y la eliminación del Fondo Nacional para la ETP.

Cada vez que se debate un presupuesto se discuten mucho más que números: hablamos de qué derechos queremos garantizar. Detrás de cada uno de estos porcentajes hay consecuencias concretas: menos recursos para acompañar trayectorias, menos inversión para nuestras escuelas y más responsabilidades trasladadas a las provincias, que intentan sostener con sus recursos lo que el Estado nacional abandona.

Denunciar el ajuste no alcanza: quienes tenemos una responsabilidad representativa debemos proponer cómo revertirlo. Por eso presenté un proyecto de Ley de Financiamiento Educativo que fija como meta alcanzar una inversión del 8% del PBI para 2036.

Nuestro sistema educativo no puede quedar subordinado a una lógica de ajuste permanente. Si queremos que nuestras chicas y chicos puedan construir un futuro, tenemos que volver a pensar qué escuela y qué universidad queremos.

Necesitamos que un título vuelva a abrir puertas, que sea una herramienta para estudiar, trabajar o construir un proyecto de vida. Para eso hay que fortalecer la educación técnica, la formación profesional y articular la escuela con la universidad, la ciencia y el mundo del trabajo.

Garantizar los días de clase no puede reducirse a una cuestión de calendario. Tenemos que pensar en contenidos y estrategias que recuperen el valor del conocimiento, el estudio y el esfuerzo. Fortalecer la enseñanza de las ciencias, la comprensión lectora, la escritura y la matemática; acompañando las trayectorias y atendiendo las dificultades antes de que se transformen en abandono.

Las escuelas tienen que ser espacios que nuestros estudiantes quieran habitar. Hablamos de condiciones edilicias, pero también de propuestas capaces de batallar en el mundo de las pantallas y las redes sociales; necesitamos invertir para desarrollar espacios de encuentro con actividades deportivas, artísticas y culturales; espacios en los que se construyan vínculos y en los que se aprenda a vivir con otros.

Pensar una escuela así nos obliga a reflexionar sobre las condiciones de trabajo de nuestros docentes. Desarrollar el compromiso y la responsabilidad que su tarea demanda sólo es posible si garantizamos una rigurosa formación permanente, reconocimiento profesional y un salario digno.

En un contexto atravesado por la crueldad del individualismo, necesitamos volver a creer en una sociedad de oportunidades y recuperar un Estado presente que garantice becas, libros y materiales para que nadie se quede afuera.

No son solo números. Hablamos de presupuesto e inversión porque nada se construye administrando la escasez. Si queremos producir conocimiento, desarrollar tecnología y federalizar las oportunidades necesitamos recuperar una política nacional que garantice el derecho a la educación en todo el país.

Nuestros pibes merecen algo más que una escuela que los prepare para sobrevivir al presente: merecen herramientas para elegir y construir su futuro. Esa escuela todavía es posible.

*Diputado nacional por Río Negro, Unión por la Patria.


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