Tres tristes ternas judiciales
Las discusiones institucionales y las internas judiciales actuales son de baja calidad. El Ejecutivo delega su decisión al resultado de la puja entre tribus judiciales.

Instituciones rotas para la sociedad fracturada.
1. Boxear al zonda enfurecido. Sabemos que vamos a vivir fenómenos climáticos disruptivos. Los fríos serán polares, los veranos tropicales generarán burbujas de humedad peligrosas y hay que pensar cómo construir para vientos cada vez más intensos. La ausencia de lluvia traerá cauces secos. Su contracara, nevadas y lluvias torrenciales, traerán ríos desbordados que terminan en represas que no cumplen fallos de la Corte Suprema sobre su mantenimiento y extensión (Portezuelo Grande 2009).
La normalidad será excepcional. Así la clase política tiene sus propios fenómenos disruptivos, sus vientos de cambios huracanados. A pesar de eso sigue desorientada e improvisando, profundiza su confusión e intenta boxear al viento. Mientras tanto, el Gobierno sigue sin cumplir leyes dictadas por el Congreso, avanza con todas sus reformas desde enero y consolida aliados electorales.
Las tribus judiciales, otrora elites judiciales, no se quedan atrás en su miopía, en sus juegos del hambre por las ternas. Eso se ve en el conflicto de la magistratura y sus tres tristes internas judiciales.
La primera fue el intento fallido de entrar en la discusión pública sobre ternas por parte de la Corte. La Corte es una de las responsables -eso incluye a Maqueda, a Petracchi y tantos más- de debilitar y degradar al Consejo de la Magistratura. Tanto Rosatti como Maqueda, convencionales en 1994, traicionaron sus mandatos constitucionales.
El contraste es fuerte y sorprende. Julio Nazareno fue más institucionalista y respetuoso de la Constitución, en este punto, que los miembros actuales de la Corte que negociaron -o sentenciaron- las reformas del Consejo en 2006, 2013 y 2021.
La Corte pactó abiertamente con el Ejecutivo en 2006 y 2013 la debilidad del Consejo. Pactó su control, su subordinación. La Corte es responsable principal. Ningún partido hizo nada para cumplir lo que la Constitución de 1994 establece: reducir el poder de la Corte, en especial el presupuestario. Prefirieron darle el dinero a la Corte y negociar con su cacique populista con ambición presidencial o con sus ahora tribus judiciales fragmentadas.
La segunda interna se ve en la intimidad de la Corte. Amigos, enemigos, fotos excluyendo jueces, fotos incluyendo jueces, supremos que no hablan con sus pares y se jactan de eso, operaciones sobre las ternas en las que participan familiares, viejas denuncias falsas cruzadas en Py e incorporaciones por decreto fallidas. Bajezas supremas. En última instancia, muestras evidentes de la descomposición y degradación de la casta judicial.
2. La discrecionalidad es constitucional. La indignación por ternas judiciales y sus ranking alterados son propios de un republicanismo mentiroso e interesado. Lo que sucede es resultado de las leyes que el sistema político dictó con acuerdo de las tribus judiciales que incluyen a tres Presidentes de la Corte. Ésta, y muchos de sus variopintos socios, incluso ong “críticas”, hace 32 años siguen desconociendo al Art. 114 inciso 3 que dice que el Consejo administra el Presupuesto. Obviamente se inventó una trampa administrativa para negar eso.
La Corte, y tantos otros, se ocultan en la falta de memoria, en una mirada pública cada vez más pobre y cortoplacista.
El poder discrecional del Ejecutivo de no elegir a nadie en una terna ha sido ejercido hasta el cansancio y es un abuso que debería remediarse. El macrismo sí tomó la oportunidad de elegir, remover, trasladar irregularmente y hasta de sugerir jubilaciones a magistrados con dulzura operativa. Otros sectores parecen no querer comprender sus derrotas judiciales y deciden construir desde un victimismo paralizante que fortalece a Milei.
La discrecionalidad constitucional es un concepto clave. ¿Existe el poder para proponer al Senado a cualquiera dentro de una terna? Sí. Proponer a un candidato ¿Obliga al Presidente a nombrarlo por decreto cuando el acuerdo es logrado? Interesante pregunta. Hay doctrina y una práctica constitucional histórica que dan respuesta y razones públicas.
Los jueces, especialmente los federales, no nacen de las razones públicas ni del mérito de sus exámenes en el Consejo. Nacen de una caja negra de negociaciones secretas y promesas privadas. Muy lejos de santos y mártires, más cerca de Judas y sus treinta monedas de plata.
* Abogado y Profesor de Derecho Constitucional.
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