Vaca Muerta y el doble desafío para Neuquén

Administrar Vaca Muerta hoy es un doble desafío para Neuquén: debe sostener la expansión de la formación no convencional y, al mismo tiempo, garantizar una mejora en la calidad de vida de los vecinos. En el medio, la advertencia de un salto poblacional difícil de controlar vuelve a encender las alarmas.

Figueroa durante una exposición. Foto: gentileza.

Administrar Vaca Muerta puede pensarse hoy como un doble desafío para Neuquén.

Por un lado, la necesidad de conservar y profundizar la expansión que está experimentando la formación no convencional, convirtiéndola además en una fuente de energía confiable para los grandes compradores del mercado externo.

Por el otro, la importancia de aprovechar esta oportunidad para dar un salto de escala y garantizar una mejora de la calidad de vida, tanto en la provincia como en los municipios que la integran.

Los dichos que a mediados de semana protagonizó el ministro de Desregulación de la Nación, Federico Sturzenegger, reflotaron un temor conocido por las autoridades locales: que la población experimente un crecimiento de semejante dinámica que no pueda ser controlado.

El funcionario de Javier Milei estimó para Neuquén un salto demográfico exponencial, en un proceso que en los próximos años la dejaría al borde del millón y medio de habitantes.

El lunes pasado, en el evento por el Día del Periodista, el gobernador Rolando Figueroa destacó el presente que vive la jurisdicción que gobierna desde 2023, pero reiteró un concepto que desde hace un tiempo viene repitiendo con insistencia.

En Neuquén, si bien existen indicadores positivos, todavía no hay capacidad ni espacio para recibir un aluvión de personas como el que se esta presagiando desde la Casa Rosada.

Un dato impactante provino la semana pasada de Rincón de los Sauces, ciudad que empezó a concebir a la formación no convencional como la puerta de entrada para un “nuevo boom” de la industria hidrocarburífera.

Según estimaciones del Ejecutivo municipal, la ciudad ya roza los 60.000 habitantes en ciertos tramos de la semana si se consideran tanto residentes permanentes como temporales.

El fenómeno del shale, con sus consecuentes efectos económicos y sociales, renovó las expectativas, pero también las inquietudes. Sobre todo, en los municipios más atravesados por esta tendencia.

Añelo, la ciudad que suele describirse como “la capital de Vaca Muerta”, picó en punta y el mes pasado presentó un proyecto en la Legislatura para que el municipio pase a ser de primera categoría.

El texto tomó estado parlamentario el miércoles último y, todo indica, no encontrará grandes resistencias entre los diputados.

Mientras tanto, el Gobierno provincial suma esfuerzos para demostrar a Neuquén como un proveedor de energía previsible para el resto del mundo.

La aventura no es menor, en especial, por las dificultades que históricamente se encontraron en esta materia.

El martes, ante un importante grupo de legisladores provinciales, el ministro de Energía, Gustavo Medele, explicó los detalles del acuerdo con YPF para desarrollar el proyecto de Argentina LNG.

El funcionario destacó la envergadura de la inversión y lo que podría incorporar en términos de producción de gas: casi el 50% de lo que hoy se obtiene en las áreas no convencionales de la provincia.

Dijo que Neuquén, junto al GNL, también podría convertirse en un exportador neto de energía para países como Brasil y Chile.

El caso del país trasandino fue abordado, precisamente, al día siguiente.

En un nuevo intento por recobrar la confianza, seriamente dañada luego de que la Argentina interrumpiera los envíos de gas al otro lado de la cordillera en los 2000, Figueroa organizó una visita a la zona caliente de la formación acompañado por autoridades chilenas.

La actividad terminó con una foto conjunta y la promesa implícita de que esta vez será diferente.

La confirmación de esta hipótesis deberá encontrarse en el tiempo, pero especialmente en la posibilidad de lograr algo parecido a una política de Estado.


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