País de riquezas, saqueado y empobrecido

Por Redacción

A pesar de haberse convertido en la última década en la segunda potencia gasífera de América del Sur, Bolivia continúa siendo uno de los países más pobres y de mayor inestabilidad política de la región.

La pobreza afecta hoy al 62% de la población boliviana, aunque la tasa podría ser mayor. A contrapelo de la multitud de pobres que deambulan en la geografía boliviana, su riqueza está en el subsuelo con 48,7 trillones de pies cúbicos de gas natural (108 billones de metros cúbicos), la segunda reserva de América del Sur, después de Venezuela.

Los bolivianos esperan que esa abundancia de recursos permita en el corto plazo mejorar el nivel de vida de su población. Sin embargo, las esperanzas de que la situación cambie son escasas: para el Comité de las Metas de Desarrollo del Milenio «para el año 2015 el 26,5% de la población boliviana seguirá viviendo en la extrema pobreza».

La actual crisis económica, política y social boliviana estalló en la primera mitad de la década de los 80 con una hiperinflación del 23.000% anual.

Con el país en bancarrota, Víctor Paz Estenssoro –extinto líder de la revolución nacionalista de 1952, que liberó a los indígenas de un estado de semiesclavitud, les devolvió la tierra y estatizó las minas de estaño– abrió las compuertas del país a un modelo liberal ortodoxo. Su decreto 21060 instauró en 1985 la Nueva Política Económica, que dio lugar a reformas inspiradas en el Consenso de Washington y, como efecto inmediato, puso en la calle a unos 40.000 trabajadores mineros y fabriles.

La economía debió reabsorber a los lanzados al sector de servicios y, peor, a la siembra ilegal de coca en la región central de Bolivia, en el Chapare, antiguo emporio de la droga. El mo

delo liberal, profundizado más tarde con la privatización de empresas del Estado, empeoró la situación y detonó protestas sociales.

La desigual distribución de la riqueza ahondó la brecha entre pobres y ricos y alentó ambiciones autonomistas en las regiones más prósperas, comola sureña Santa Cruz.

La pobreza resultó un poderoso articulador social traducido en varias rebeliones, entre ellas «la del agua», que expulsó a una transnacional en 2000, y «la del gas», que obligó a dimitir al liberal ortodoxo Gonzalo Sánchez de Lozada, en 2003 y a su sucesor, Carlos Mesa, en junio de este año.

La mejor constatación de la situación de pobreza es el éxodo de miles de indios quechuas desde la empobrecida provincia sureña de Potosí a las principales ciudades del país.

Según el censo de 2001 el 80% de los potosinos es pobre, de los cuales el 36% está en la indigencia . Potosí fue en los siglos XVI y XVII el centro de la vida colonial americana, engordada por la despiadada explotación española de la plata.

Desde la Colonia, la historia de este país estuvo surcada por el saqueo de sus riquezas y el desmembramiento de su territorio. En la Guerra del Pacífico (1879-1883) encendida por la disputa del guano (fertilizante y combustible) y el salitre, perdió su salida al mar y territorios a manos de Chile. Luego debió ceder a Brasil, en la Guerra del Acre (1899-1903), esa provincia rica en caucho. Sufrió después el desmembramiento del Chaco, que pasó a manos de Paraguay, en una guerra (1932-35) acicateada por las petroleras Shell y Standard Oil, según historiadores

El padre de un herido en El Alto, sintetizó los motivos de la pueblada: «nos robaron la plata, el guano, el salitre, el caucho, el estaño y el petróleo, sólo nos queda el gas». (AFP/Télam)

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