“Papalatría”
Días atrás, a propósito del lema de los empresarios cristianos: “¿Cómo responderemos al papa Francisco?”, en la sección de cartas de lectores de un diario de Buenos Aires, una persona se quejaba de un “infantilismo religioso patéticamente extendido entre los cristianos en general y la Argentina en particular”. Calificar o descalificar la religiosidad de los demás cuando la vemos sincera es muy riesgoso, pues podemos estar juzgando negativamente a personas cuya religiosidad puede no responder externamente a las formulaciones más ortodoxas, pero que internamente es probable que posean una inocencia y amor que las hacen mucho más gratas a los ojos de Dios que el que se cree más puro. La parte final del capítulo 23 de San Mateo es contundente. Utilizar la palabra “Papalatría” para referirse al entusiasmo que su presencia despierta es claramente un exceso; nadie adora al papa. Tampoco a la virgen María. La “veneramos” porque Dios la eligió para que Cristo a través de ella se haga hombre, habite entre nosotros y sea nuestro redentor. La excelsa misión para la que fue elegida la convierte en una privilegiada mediadora entre Dios y los hombres, y por eso la invocamos. El papa Francisco, con su palabra y su ejemplo, es un intérprete autorizado del mensaje de Cristo que cumple, como sucesor de Pedro, con la tarea de apacentar el rebaño del buen pastor. Por supuesto que es sólo un hombre y como él mismo admitió al aceptar su designación, es pecador; pero nos conforta ver alguien coherente y con fe intrépida que con toda humildad nos alienta a seguir mejorando. Todo buen cristiano debe reconocerse pecador, pero al mismo tiempo debe tener la determinación de intentar dejar de serlo. A Dios rogando, pero nosotros, con el mazo dando. La forma perfecta de adorar a Dios se dará cuando estemos junto a Él. Humberto Guglielmin DNI 10.401.180 Bahía Blanca
Humberto Guglielmin DNI 10.401.180 Bahía Blanca