“Pareciera que el gobierno quiere salir del pozo cavando”

El politólogo Federico Zapata dice que el oficialismo ya sufría disputas que retraían la inversión y paralizaban al gobierno. La pelea pos-PASO fue una “segunda derrota” ahora autoinfligida. Sugiere un Alberto Fernández con liderazgo “estilo Duhalde” de cara al 2023.




Desde hace tiempo que el analista Federico Zapata advierte que la coalición del Frente de Todos tenía dificultades de liderazgo político que estaban afectando tanto a la economía como a la acción de gobierno, especialmente porque la sumatoria de intereses particulares de los principales socios (albertismo, cristinismo, massismo) no logró elaborar "una narrativa que interpele al futuro" y le diera racionalidad colectiva y eficacia al Ejecutivo.

Tras el demoledor resultado de estas PASO para el oficialismo, RIO NEGRO lo consultó sobre las proyecciones de esta derrota de cara a las generales de noviembre, mientras aún se producía el duro intercambio de cartas y tuits entre Alberto Fernández Y Cristina Fernández de Kirchner que desembocaría en el cambio de gabinete del viernes a la noche, una "segunda derrota", a juicio del analista, esta vez "autogenerada". Señala que si quiere sobrevivir, la coalición debe pensar más en el 2023 y dotarse en forma urgente de "una cabeza y un músculo", es decir recuperar una agenda de estabilización, reactivación económica y la iniciativa de gobierno.

Pregunta: En una reciente nota para Rio Negro, hablabas de la disfuncionalidad de la coalición del FDT: la dificultad de constituir liderazgo político en la acción de gobierno, donde las agendas particulares de cada sector no encuentra síntesis y esto ha “desempoderado” a Fernández. ¿Esta es una de las causas de la derrota electoral?

Respuesta: Sin dudas. Por varias razones. En primer lugar porque la crisis de “subjetividad” de la coalición, una especie de interna a “cielo abierto”, es profundamente disfuncional al ordenamiento del sector privado. En lugar de dar previsibilidad, la puja gubernamental genera retracción en el capital, incertidumbre y un comportamiento conservador en torno a la inversión. En segundo lugar, porque esta crisis de “agendas” se traduce al interior del gobierno en una parálisis de la maquinaria gubernamental. Si un gobierno no está de acuerdo en la estrategia (adónde ir) y en la cadena de mandos (quién manda), lo que tenemos es una arena gubernamental balcanizada y de bajísima efectividad. Estas dos dinámicas, se dan en el marco de una de las peores crisis que nuestra sociedad recuerde, y esa es la raíz del enojo y la bronca que se traduce en un voto con mensaje y destinatario: la coalición.

P:¿Por qué afirmás que estas PASO se transformaron en una “elección de distrito único”? ¿Hay posibilidades de que el oficialismo revierta este golpe electoral?

R: Si uno analiza históricamente el comportamiento electoral en las PASO, se encuentra con elecciones encapsuladas en las diferentes realidades subnacionales. Esta elección fue diferente. Hubo una ola que atravesó y barrió todas las fronteras provinciales. Por eso, y como metáfora, decimos que en estas PASO el votante se comportó como si se tratara de una elección de distrito único. Un solo mensaje: hablemos de Argentina. Con relación a noviembre, y dada la crisis desatada a partir de las renuncias de los funcionarios del ala cristinista, creo que la elección de noviembre no puede ser una brújula de la acción gubernamental. La coalición tiene que ordenarse sobre dos premisas refundacionales más allá de los tiempos electorales: una agenda de estabilización y crecimiento y, en paralelo, la recuperación de la capacidad y la iniciativa gubernamental. Es decir, una cabeza y un músculo.

P: ¿Cómo analizás las primeras reacciones del gobierno?

R: Las primeras reacciones son negativas. El resultado de las primarias ha generado un “2001” al interior de la coalición. Una crisis política-institucional preocupante. Es como si quisieran salir de un pozo cavando, y en lugar de estar pensando cómo recuperar la iniciativa después del resultado de las primarias, se autogeneraron una “segunda derrota” a sí mismos. Por supuesto, toda esta dinámica profundiza el alejamiento con la sociedad y la parálisis de la maquinaria gubernamental.

Escenarios posibles

P: Hablás de tres escenarios posibles dentro del oficialismo tras este revés electoral ¿Podrías explicarlos?

R: En relación con los escenarios, después del domingo se proyectaban nítidamente tres horizontes: radicalización (vía la colonización del cristinismo duro de la arena y la agenda gubernamental), volumen (vía la incorporación de algún peso pesado del peronismo tradicional) y continuismo (vía la no modificación del equipo y la agenda gubernamental). El continuismo fue el camino definido por el Presidente el lunes, lo que precipitó la crisis con la vicepresidenta. La novedad es que ahora, para salir de la crisis, el continuismo ha dejado de ser una opción. En concreto, ya sea por un acuerdo entre AF y CFK o bien por un ruptura entre ambos, el Presidente necesitará dotar de musculatura política al gabinete, probablemente con gobernadores y con cuadros del peronismo tradicional, como ha ocurrido.


La UCR vive un rejuvenecimiento generacional y metodológico. “En 2023 no será un actor de reparto como en 2015”, señala Zapata.

P: ¿Por qué juzgás tan importante el rol de la UCR en estos comicios, más que la aparición de fenómenos como Milei en Capital?

R: Porque la figura de Milei, al menos en el corto plazo, expresa todavía una realidad muy localizada en la Ciudad de Buenos Aires. En ese marco, su impacto es más sobre la agenda de discusión nacional que sobre el ordenamiento de las fuerzas políticas en sí. Y Argentina, históricamente, suele ser bastante conservadora a la hora de definir vías de salida a una crisis. Sin ir más lejos, en el pos-2001 no fue Zamora, sino Duhalde y Kirchner quienes armaron la nueva época. En ese marco, me parece que uno de los procesos más novedosos y potentes que dejan las PASO es la renovación de élite que se está produciendo en la UCR. Martín Lousteau en CABA, Facundo Manes en Buenos Aires, Rodrigo De Loredo en Córdoba, Mariano Campero en Tucumán, Juan Peláez en Neuquén, entre otros. Es un proceso de rejuvenecimiento no solo etario, sino metodológico y de agenda. Hay que seguirlo con atención. La UCR en el 2023 no será un actor de reparto como en 2015, será un protagonista en Juntos por el Cambio.

El gobierno puede transformar la crisis en oportunidad: consensuar con la oposición un programa de estabilización y reformas estructurales que devuelva dinamismo y capacidad inclusiva al capitalismo nacional”.

Federico Zapatata, analista político

P: ¿Cómo afectarán estas elecciones el escenario futuro, donde al gobierno le quedan dos años de gestión y, como bien señalás, se debería abordar la crisis del modelo de acumulación del país, con un estancamiento que lleva más de diez años y que agravó la pandemia?

R: Creo estas elecciones de término medio son cualitativamente diferentes a las que nos acostumbrado en la última década, precisamente porque se dan en el contexto del agotamiento de un modelo de acumulación. En este marco, me parece que el gobierno puede transformar una crisis en oportunidad: consensuar con la oposición un programa de estabilización y reformas estructurales que le devuelva dinamismo y capacidad inclusiva a nuestro capitalismo nacional. Es decir, Alberto Fernández difícilmente logre proyectar un liderazgo después del 2023, pero puede transformarse en el “Duhalde” que cimente una nueva época a partir de una ética de la responsabilidad.


Perfil

Federico Zapata es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Católica de Córdoba, magíster en Relaciones Internacionales y está doctorando en el mismo área en la UTDT. Fue asesor del gobierno entre 2005 y 2015.

Actualmente es director general de la consultora Escenarios. Es director de la sección Economía Política de la Revista Panamá.


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