Perdona nuestros pecados
El padrenuestro es la principal oración de la religión cristiana. En su primera versión el Evangelio indicaba que debíamos perdonar las deudas y a los deudores, en tanto el deudor que en la época bíblica no pagaba impuestos al templo o a los emperadores era sometido a la esclavitud o incluso asesinado. Son los orígenes de las normas primitivas de la quiebra, y los cristianos impusieron en su original libro sagrado otro concepto moral al respecto. Este pedido de perdón superó los tiempos históricos, pero en la década de los ochenta del siglo anterior –en plena globalización, uno de cuyos pilares es el endeudamiento general– la jerarquía eclesiástica cedió a las presiones de poder económico y modificó los textos del padrenuestro. Hay que pagar las deudas, inclusos los pobres, destinatarios del cristianismo originario.
La Argentina es hoy un país en crisis en su estructura económica y financiera. El acuerdo con el FMI ha tenido como única finalidad el encuadramiento a los dictados de las políticas económicas del organismo –hoy tiene despacho incluso dentro del Ministerio de Economía– y el aseguramiento de la fuga de capitales en dólares. Es falsa la supuesta prohibición del FMI respecto de que los dólares recibidos no pueden irse en turismo y fuga de capitales.
En turismo puede ser, en tanto la clase media ha bajado drásticamente los viajes al exterior (Indec- julio 2018), afirmando hace pocos días el ministro de la cartera que “ahora hay que volver a la costa atlántica” (“Perfil”, 19/8/2018). En fuga de capitales el proceso está en plena marcha, luego de la irresponsable y delictiva emisión de casi 1 billón de pesos de Lebacs –títulos con demenciales tasas de interés– por parte del Banco Central durante estos últimos dos años. El desmontaje de esa bomba de tiempo lo hacen con otros títulos (Letes o Bono Dual en pesos o dólares) con tasas de interés absolutamente impagables, tanto las de pesos como las de dólares. Muy pocos aceptan estos títulos de un país al borde de la insolvencia y optan por cambiar las Lebac por dólares (“La Nación”, 6/7/18) para llevarlos fuera del país. La salida de capitales a la fecha alcanza durante este año casi u$s 20.000, la más grande desde la convertibilidad, que produjo la mayor cesación de pagos de un país en la historia a esa fecha.
El organismo ha otorgado a la Argentina el crédito más grande en su historia, siendo hoy el principal deudor; casi cuatro veces más que Grecia, sometido a sus políticas de austeridad desde hace una década (por cierto hace escasos días recorrí el mismo constatando los efectos de los planes de ajuste aplicados, da lástima verlo).
Las metas que impuso el FMI a nuestro país para liberar los sucesivos tramos de dólares no podrán ser cumplidas el año en curso. Se viene entonces a la brevedad un waiver (perdón por el incumplimiento) que se le ha pedido al FMI con el fin de recibir las partidas prometidas. Esos dólares tienen que llegar para poder seguir sosteniendo la fuga y el pago de capital e intereses de la deuda externa asumida durante esta gestión, y la reestructurada luego del default del 2002.
El país no genera dólares suficientes para la abultada deuda, dado que se permite exportar libremente al campo sin obligación de traer los dólares y el déficit comercial (más importaciones que exportaciones) no deja de crecer a pesar del aumento de la divisa, siendo según resultados del Indec a junio 2018 el más grande la de la historia (Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad de Avellaneda).
Los productos importados se pagan en dólares, lo cual por otro lado está destruyendo la industria nacional, que viene cayendo sistemáticamente desde hace varios meses siendo su mayor impacto en alimentos y bebidas, demostración clara de que los pobres y las clases medias soportan a pleno la recesión atravesada. A pesar de toda la intoxicación de deuda que enferma al país, falta aún más, dado que el festival de endeudamiento ha sido descomunal en corto tiempo. A no preocuparse, parece que el Tesoro de los EE. UU. nos va a prestar dólares, es decir el propio país del norte se ve involucrado en sostener estas políticas económicas y sociales.
Hay cuestiones geopolíticas que imponen evitar el retorno de los populismos y asegurar la situación de la estructura económica Argentina: luego de la revolución de mayo de 1810 eran pocos los ganaderos y saladeros que controlaban el comercio exterior argentino, lo cual se replicó después con la producción de granos. La estructura de producción y exportación de la Argentina en el siglo XXI es la misma que hace casi doscientos años y ello asegura el subdesarrollo nacional, colocando al país como un mero exportador de materias primas provenientes de la naturaleza. Seguimos hablando de una cosecha salvadora.
Para colmo, se destruye el valor de mercado de grandes empresas nacionales afectadas por los “cuadernos show” que ven paralizadas obras públicas en ejecución y que ahora se escriben en transferencias electrónicas o cesiones de acciones, no ya en bolsos. Ello está evidenciando un impacto político y económico no previsionado en tanto otros actores nacionales e internacionales ingresan al negocio de la contratación con el Estado.
Nuestros pecados abundan… ¿tendremos perdón?
*Docente de la Facultad de Economía de la UNC
El país no genera dólares suficientes para su abultada deuda, dado que se permite exportar al campo sin obligación de traerlos y el déficit comercial no deja de crecer.
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- El país no genera dólares suficientes para su abultada deuda, dado que se permite exportar al campo sin obligación de traerlos y el déficit comercial no deja de crecer.