Poder, desde la infancia
El presidente de Ecuador, Rafael Correa, encabezó sus primeras reuniones de gabinete más de 35 años antes de ser elegido. Cuando era un niño en la ciudad portuaria de Guayaquil jugaba a ser jefe de Estado con sus amigos, quienes cumplían el papel de ministros y recibían sus órdenes. El carisma innato que mostró desde su infancia lo ayudó a ser uno de los presidentes más populares de Ecuador, aclamado como un salvador desde páramos andinos hasta la selva de la amazonia. Sin embargo, sus enemigos ven en sus juegos de niño los rasgos autoritarios de un líder al que ahora acusan de acaparar poder, pues de alguna forma siempre se arregló para ser el jefe. Correa, un economista con astucia política y un agresivo discurso antiestadounidense, ha construido un sólido apoyo por el aumento del gasto estatal en salud y educación en beneficio de los pobres en las periferias urbanas y zonas rurales. Sus enfrentamientos con inversores de Wall Street y las empresas petroleras le han ayudado a construir una imagen de un aguerrido populista que lucha contra las élites en nombre de los pobres. Para sus detractores, sin embargo, es un político autoritario e impulsivo que no tolera las opiniones diferentes y persigue a sus adversarios, mientras ataca tanto a la libertad de expresión como a la libre empresa. Una victoria hoy allanaría el camino para que Correa, de 49 años de edad, permanezca una década en el poder, una hazaña notable en un país donde los golpes militares y las protestas violentas vulneraron la figura presidencial. (Reuters)
Rafael Correa
Rafael Correa: carismático y polémico.