La inflación vuelve a inquietar y desafía el principal eje del gobierno de Milei

Así, el Gobierno enfrenta un escenario donde la inflación sigue siendo un eje central, pero convive con otras preocupaciones estructurales como el empleo, los salarios y la capacidad de ahorro.

Por Redacción

Javier Milei habló en AmCham de la inflación.

Existe un lazo directo entre el presidente Javier Milei y buena parte de la sociedad argentina: la preocupación por la inflación. Se trata de una de las principales obsesiones del mandatario desde su campaña electoral y uno de los ejes centrales de su gestión desde que asumió en diciembre de 2023.

Esa promesa se sostiene sobre una política económica de fuerte ortodoxia, donde el equilibrio fiscal es un pilar innegociable, el gasto público es estrictamente controlado y la emisión monetaria es rechazada como causa estructural del aumento de precios.

Sin embargo, pese a ese enfoque, el costo de vida continúa mostrando resistencia a la baja. Todo indica que se requerirá un período prolongado de ajuste y disciplina monetaria para alcanzar niveles cercanos al 1% mensual, objetivo que el propio Gobierno reconoce como lejano en el corto plazo.

Un problema que vuelve a escalar


La preocupación presidencial no es aislada. En la vida cotidiana, los argentinos perciben aumentos constantes en alimentos, bebidas y servicios, a lo que se suman los incrementos en energía, influenciados por el contexto internacional y el conflicto en Medio Oriente.

Este escenario se refleja en distintos estudios de opinión pública. Durante 2025, la inflación había perdido centralidad frente a otras preocupaciones como los bajos salarios o la falta de empleo. Sin embargo, en los primeros meses de 2026 volvió a escalar posiciones entre los principales problemas señalados por la población.

Datos relevados por la Universidad de San Andrés mostraban que en 2025 la inflación representaba cerca del 20% de las menciones, por debajo de los salarios (37%) y el empleo (36%). Pero hacia comienzos de 2026, el fenómeno volvió a posicionarse como el segundo problema más relevante, con un 21%.

En paralelo, el deterioro del poder adquisitivo se mantiene como una constante: el 78,4% de los argentinos modificó sus hábitos de consumo, mientras que dos de cada tres recurrieron al crédito para cubrir gastos básicos, según estudios de la consultora Aresco.

El impacto en la vida cotidiana


El trasfondo es claro: los ingresos, en muchos casos, crecen por debajo de la inflación. Esto genera una sensación extendida de “no llegar a fin de mes” y alimenta la percepción de una recesión con inflación, visible en la actividad comercial y en el consumo.

Otros relevamientos, como los de Zuban Córdoba, señalan que el 46,6% de la población identifica la caída del poder adquisitivo como su principal preocupación, mientras que el desempleo alcanza el 36% de las menciones y el no llegar a fin de mes ronda el 22%.

Un cambio en la vara social


En este contexto, también cambia el parámetro de comparación social. Si en los primeros meses de gestión la referencia eran los niveles inflacionarios del gobierno de Alberto Fernández, ahora la evaluación se hace respecto al propio desempeño del actual Gobierno.

La inflación deja de ser solo un indicador económico para convertirse en una experiencia cotidiana que condiciona decisiones de consumo, endeudamiento y expectativas a futuro.

Así, el Gobierno enfrenta un escenario donde la inflación sigue siendo un eje central, pero convive con otras preocupaciones estructurales como el empleo, los salarios y la capacidad de ahorro.

El desafío no solo pasa por reducir el ritmo de aumento de precios, sino también por recomponer el poder adquisitivo y generar condiciones de estabilidad y previsibilidad para las familias argentinas.

Con información de N.A


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