Problemas en las economías del Brasil y Uruguay
Las únicas economías que parecen estar firmes en la región son las de los países que han abrazado la apertura comercial y la economía de mercado, los del Pacífico, entonces. En cambio, las “bolivarianas” están sufriendo las consecuencias de vivir en función de los caprichos de sus líderes, retrasando en términos relativos a sus pueblos, cuyos niveles de vida promedio se reducen. Esto mismo ocurre entre nosotros. Porque, como señala el periodista uruguayo Hernán Bonilla, “las políticas redistribucionistas que disocian el proceso de generación de riqueza de su distribución quitan el incentivo económico a invertir y producir y, por lo tanto, afectan el crecimiento. Cuando esto ocurre, el efecto de largo plazo es el contrario al buscado, ya que se perpetúa la pobreza”. El caso del Brasil es distinto, pero sigue empantanado. El Banco Central de ese país acaba de reducir, una vez más, sus proyecciones de crecimiento económico y de aumentar las que tienen que ver con su tasa de inflación. Ahora se estima que la tasa de crecimiento será de apenas un 1,6% del PBI para el 2012. Por debajo del desalentador 2011, cuando Brasil creció al 2,76% de su PBI. La inflación será del 5,2%; por encima entonces de la meta oficial, que es del 4,5%. Nada tremendo, pero algo peor de lo esperado. Esto se ha acompañado de una baja de las inversiones previstas para el año en curso del orden del 1,5%. En el Uruguay, las cosas no lucen tampoco demasiado bien. La inflación mayorista es ya de dos dígitos, del 10,26% en septiembre. La mayor suba ocurrida desde marzo pasado. Un peligroso 2,16% de incremento respecto del mes anterior. Los precios de la carne y de los pollos impulsaron el aumento de la inflación. La industria manufacturera acompañó la suba con una contribución del 1,47% respecto del mes anterior. Alimentos y bebidas se incrementaron más del 2%, en ambos casos. Alimentos en un 2,52% y vestimenta, en un 2,24%. No es para pararse y aplaudir. Tampoco constituye una tragedia. En un mundo semiempantanado, estos guarismos son explicables. Pero estamos lejos de la euforia que generara el fuerte “viento a favor” que sopló fuerte desde el 2004 hasta el 2008. Todo es contingente. Somos menos dependientes de la fortuna y más de la manera en que utilizamos nuestras propias capacidades. Hemos vuelto a estar más atados a las resultas de nuestros errores y de nuestros aciertos. Como sucede normalmente. (*) Ex embajador de la Argentina ante las Naciones Unidas
EMILIO J. CÁRDENAS (*)