Propagandistas atribulados
Sin logros concretos a la vista, el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner dependerá cada vez más del poder de convocatoria del “relato” para mantener un nivel adecuado de popularidad, pero sucede que, según los datos disponibles, los encargados de difundirlo ya han gastado más del 90% del dinero previsto para todo el 2014, lo que los obligará a manejar con mucho cuidado lo que todavía les queda en el trimestre final del año. Aun cuando el gobierno decida aumentar el gasto en un rubro que le es prioritario, escasean tanto los fondos que parece inevitable que algunos medios oficialistas –sobre todo los gráficos, que son de prédica notoriamente ineficaz– tendrán que procurar sobrevivir sin la ayuda generosa de los contribuyentes a la que se han acostumbrado. Puesto que no les será del todo fácil, es más que probable que la mayoría de los empresarios que aprovecharon la fe oficialista en el poder avasallador de la palabra para convertirse en magnates periodísticos opte por probar suerte en otro negocio a su juicio más promisorio, ya que, sin subsidios, los diarios y revistas que les han permitido compartir los beneficios arrojados por la década ganada dejarán de ser rentables. Desgraciadamente para los convencidos de que el destino del gobierno depende del resultado de la “batalla cultural” que están librando, no hay motivos para creer que se trate de personas dispuestas a tomar demasiado en serio la idea kirchnerista de que sea deber de quienes se enriquecieron gracias a sus vínculos con el gobierno devolver el favor resignándose a trabajar a pérdida hasta nuevo aviso. Por cierto, parece poco realista el sueño kirchnerista de conservar el apoyo de un amplio sector empresario, una versión de la “burguesía nacional” de las fantasías populistas, mientras Cristina y sus incondicionales estén en el llano. Si bien es por lo menos concebible que el kirchnerismo o algo parecido logre regresar al poder luego de un intervalo no muy prolongado, ya que a través de los años la Argentina ha caído una y otra vez en la tentación populista y podría hacerlo nuevamente, los empresarios más habituados a adaptarse a las circunstancias de turno no suelen destacarse por su paciencia. Antes bien, son oficialistas seriales que, lo mismo que tantos políticos, han sido sucesivamente alfonsinistas, menemistas, aliancistas, duhaldistas y, desde luego, kirchneristas, que mañana se aseverarán firmemente comprometidos con el programa de gobierno del próximo presidente. El modelo, intrínsecamente corrupto y arbitrario, basado en el “capitalismo de los amigos” que fue improvisado por el gobierno kirchnerista para construir poder ha provocado una multitud de distorsiones en todos los ámbitos, pero en pocos han sido más perversas las consecuencias de dicha estrategia que en el periodismo. Al formar una especie de imperio mediático que, por no ser viable en términos comerciales, le ha costado muchísimo dinero, el gobierno nacional ha garantizado que la transición que se acerca resulte traumática para muchos comunicadores que pronto se encontrarán sin trabajo. Como es natural, la preocupación que sienten se ve reflejada por la virulencia de sus aportes al debate político. Aunque en todas partes un cambio de gobierno perjudica económicamente a algunos hombres de negocios y beneficia a otros –por lo común se trata de diferencias menores, a menudo meramente subjetivas–, en la Argentina el que está por producirse significará el hundimiento de empresas periodísticas cuya existencia se ha debido por completo a la voluntad de los kirchneristas de contar con una fuerza de tareas mediática poderosa por creer que, en última instancia, el relato importa mucho más que detalles como la evolución de la economía o el bienestar de la población. Huelga decir que no faltaban empresarios interesados en sacar provecho de la oportunidad así brindada, pero parecería que ninguno ha conseguido crear un medio periodístico capaz de mantenerse a flote sin subsidios cuantiosos aportados por el gobierno. Aunque es de suponer que algunos intentarán superar las dificultades que les supondrá el fin del mandato de Cristina tratando de ponerse al servicio de su sucesor, los medios que manejan están tan desprestigiados que valdrán muy poco a ojos de un eventual presidente surgido de las filas opositoras.
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