“¿Qué pretende éste pequeño argentino?”
Francisco está encontrando dificultades para construir “un nuevo modo de ser Iglesia”.
Vaticano
El papa Francisco no le saca el pie del acelerador a su proyecto de reformar las estructuras vaticanas, para hacerlas más eficaces y transparentes, pese a la sorda oposición de sectores eclesiásticos enquistados que dicen haber cometido “un error” con la elección de Jorge Bergoglio.
El pontífice argentino reconoció este viernes que el camino trazado con miras a la modernización del Vaticano “no será fácil”, por lo que reclamó “coraje y determinación” y una “nueva mentalidad” al grupo que lo asesora en materia económica.
La afirmación se leyó en ambientes eclesiásticos como una confirmación de que el Papa está al tanto de que el proceso de transformación que encaró en la Santa Sede tiene detractores, y no pocos, que no dudan en ponerle el freno a los cambios que pretende.
Apenas llegó a la Cátedra de Pedro, en marzo de 2013, Bergoglio designó a un grupo de ocho cardenales para asesorarlo en la reforma del gobierno central de la Iglesia y con injerencia en diversos temas de preocupación pastoral del pontífice.
Ese equipo de asesores, formado por purpurados de los cinco continentes y coordinado por el hondureño Oscar Rodríguez Maradiaga, es conocido como el C8 y se abocó en un principio a analizar el futuro del Instituto de Obras Religiosas (IOR) o banco vaticano, al que el Papa decidió darle después continuidad y no cerrarlo.
El C8 sugirió la creación del “ministerio” de Economía, que preside el cardenal australiano George Pell y está encargado de gestionar las actividades económicas y administrativas de la Santa Sede, y también propuso conformar una comisión para la tutela de los menores de edad, en el marco de la política de “tolerancia cero” de Francisco con los clérigos pederastas.
El rector de la Universidad Católica Argentina (UCA), arzobispo Víctor Manuel Fernández, explicó que lo más importante “no es la simplificación” de las estructuras de la Curia, sino el desarrollo de otras formas de participación como sínodos, conferencias episcopales y consulta a los laicos, que en los últimos años, aseguró, han sido “más formales que reales”.
“Este desarrollo requiere que ciertos sectores de la curia dejen de ser excesivamente inquisidores, corriendo el riesgo de volverse autorreferenciales. A veces, he oído a personalidades de la curia decir ‘nosotros’ sin incluir a toda la Iglesia y ni siquiera al Papa, sino solo a ellos mismos”, cuestionó el teólogo de consulta de Bergoglio en un libro de reciente aparición en el que desgrana el programa de Francisco.
Este nuevo concepto de gobierno pastoral fundamentado en la austeridad y la transparencia en todas sus líneas que intenta impregnarle Bergoglio al Vaticano encuentra fidelidades, pero también una fuerte oposición.
Esto ocurre porque esa suerte de vieja guardia pretoriana, que con sus intrigas y manejos financieros poco claros precipitaron la renuncia de Benedicto XVI, sigue activa y pretende no perder poder con la llegada del pontífice del fin del mundo.
“Expresiones como ‘¿Qué pretende éste pequeño argentino?’ están comenzando a hacerse sentir” en los pasillos del Vaticano, reveló el cardenal Rodríguez Maradiaga.
El influyente purpurado reconoció recientemente que Francisco está encontrando dificultades para construir “un nuevo modo de ser Iglesia”.
Rodríguez Maradiaga atribuye esta situación no sólo a los “viejos” curiales sino también a “algunos” que no quieren perder sus privilegios.
Por Guillermo Villarreal, DyN