«No voy a discutir con mi hijo»: qué dice el comunicado completo de Darío Giordano tras romper el silencio por las denuncias de Valentín Yankelevich

Luego de romper su histórico hermetismo para confirmar su sobreseimiento judicial, el viudo de Romina Yan difundió una extensa carta abierta. Los dardos a su exfamilia política, el pedido de perdón a Valentín y el texto íntegro.

Redacción

Por Redacción

El conflicto en el seno de la familia de Romina Yan pasó de los estudios de televisión a los comunicados oficiales. Luego de que salieran a la luz las estremecedoras declaraciones de Valentín Yankelevich relatando una infancia atravesada por los maltratos, Darío Giordano decidió hacer público su descargo a través de una extensa carta abierta.

Como publicó este medio ayer, el exproductor televisivo utilizó el texto para rechazar de manera categórica los episodios de violencia y recordar que la Justicia lo sobreseyó en 2018.

Sin embargo, la lectura completa del documento revela un mensaje mucho más complejo: un ataque frontal al peso mediático de los Yankelevich, cuestionamientos a la narrativa del «rescate» de sus hijos mayores y un sorpresivo pedido de perdón hacia Valentín.


El texto completo de Darío Giordano tras el crudo relato de su hijo Valentín Yankelevich sobre la violencia que ejercía contra él


A continuación, la transcripción íntegra de la carta abierta difundida por el exproductor a la prensa:

«Soy una persona simple. Me crié en un barrio, rodeado de amigos y, sobre todo, de mucho amor. Nos enamoramos profundamente con Romina y decidimos formar una familia. De ese amor nacieron nuestros tres hijos, que fueron y siguen siendo lo más importante de mi vida. Fuimos padres muy jóvenes, aprendimos mientras construíamos nuestra propia historia y compartimos sueños, alegrías y dificultades, como cualquier familia.

La muerte inesperada y repentina de Romina destruyó el mundo que conocía. Nunca imaginé vivir una vida sin ella. De un día para otro perdí a mi compañera, a la mujer que amaba y a la persona con la que había imaginado pasar el resto de mi vida. Pero no tuve tiempo de detenerme. Había tres chicos que también habían perdido a su mamá y que necesitaban a su papá. Desde entonces, todo cambió.

Muchas personas quisieron ayudarme. Todos tenían una opinión sobre lo que debía hacer, cómo debía seguir y cómo tenía que criar a mis hijos. Agradezco la ayuda de quienes estuvieron cerca en ese momento, pero viudo a los 36 años y en medio de ese dolor había algo que tenía absolutamente claro: quería estar con mis hijos y seguir siendo su papá.

Sin embargo, a la pérdida de Romina se sumaron conflictos y situaciones que jamás hubiera imaginado atravesar. En el momento de mayor vulnerabilidad de mi vida, cuando intentaba reconstruir una familia atravesada por una ausencia irreparable, también me encontré teniendo que defender mi lugar como padre. Y no siempre fue en igualdad de condiciones. Hay personas poderosas que tienen la posibilidad de instalar su versión de una historia. Otras, como yo, apenas tenemos nuestra palabra. Pero la exposición pública, los contactos y el poder no convierten una versión en verdad, ni le otorgan a nadie más derecho que a un padre a ser escuchado.

Tuve que aprender a vivir con la ausencia de Romina y, al mismo tiempo, acompañar a tres chicos que también habían perdido a su mamá. No fue fácil. Seguramente cometí errores. Nunca pretendí ser un padre perfecto. Hice lo que pude, con las herramientas que tenía y en circunstancias que jamás hubiera imaginado atravesar. Pero una cosa es reconocer mis errores como padre y otra muy distinta es aceptar que se construya sobre mí una imagen que no reconozco. Hoy me encuentro frente a acusaciones públicas de una gravedad enorme que me producen un profundo dolor.

Quiero dejar algo en claro: rechazo las acusaciones de violencia que se me atribuyen. Ni antes ni después del fallecimiento de Romina hubo episodios de esas características en nuestra familia. Estas cuestiones fueron objeto de una causa judicial y considero importante que se conozca lo que efectivamente resolvió la Justicia, se trata de una causa en la cual fui sobreseído en el año 2018. Como siempre sostuve, esos hechos que se denuncian nunca ocurrieron y por lo tanto nunca fueron comprobados.

Además de Franco y Valentín, tengo dos hijos más, Azul y Dante. Estoy seguro que ellos no reconocen vivir ni haber vivido ninguna situación como las que escuchamos estos días en los medios. Siempre me resultó extraño que alguien ayudara a salir de un hogar supuestamente violento a dos menores y dejara allí a una pequeña de apenas siete años. Hoy una hermosa mujer de 20, que estudia en el exterior, y cada vez que retorna al país vuelve a nuestra casa.

Pero hay algo que para mí es todavía más importante. No voy a discutir públicamente con mi hijo Valentín. No voy a responderle a través de los medios de comunicación. No voy a cuestionar sus sentimientos ni a exponer episodios de nuestra intimidad familiar para intentar demostrar que tengo razón. Lo amo y siempre lo amaré con toda mi alma, como lo amamos con Romina desde el momento en que decidimos traerlo a este mundo. Aunque es posible que, en ese momento de duelo y dolor, yo no haya estado a la altura de lo que él y Franco necesitaban. Les pido perdón por eso y puedo entender su angustia.

No escribo esto para enfrentarme con nadie ni para volver a abrir heridas del pasado. Pero tampoco puedo seguir aceptando que mi silencio se interprete como una confirmación de todo lo que otros dijeron sobre mí. Durante todos estos años elegí mantener mi vida familiar en la intimidad. Nunca quise convertir nuestro dolor en un espectáculo público (…) Entre otras cosas, nunca pudimos entender con claridad qué pasó aquel 28 de septiembre de 2010.

Mis hijos tienen derecho a sus sentimientos, a sus recuerdos y a construir su propia mirada sobre nuestra historia. Yo también tengo mi historia, mis recuerdos y mis dolores, que por respeto decidí guardármelos, por eso no creo que debamos discutirlos frente a las cámaras.

(…) Nunca quise utilizar ni lucrar con el dolor de mi familia. Nunca busqué cámaras ni titulares para defenderme. Y sigo creyendo que el amor por mis hijos debería estar por encima de cualquier diferencia personal, de cualquier disputa de poder y de cualquier necesidad de tener la última palabra. En ese camino he resignado muchas veces cuestiones de índole personal e incluso material.

(…) No escribo estas palabras para pedir compasión ni para convencer a nadie de que fui un padre perfecto. Las escribo porque tengo derecho a defender mi nombre, mi historia y mi lugar como padre. No pretendo ganar una discusión pública. Quiero conservar la esperanza de que algún día podamos hablar de todo esto en la intimidad. Por encima de cualquier acusación, de cualquier conflicto y de cualquier diferencia, hay algo que nunca cambió: soy el papá de mis hijos. Los amo profundamente. Los amé desde el primer día y los voy a amar siempre.»


«No podían volver a su casa»: la confesión de Gustavo Yankelevich sobre la tenencia de sus nietos


El relato directo de Gustavo Yankelevich aportó precisión documental a un proceso que se mantuvo bajo reserva durante años, detallando cómo la intervención de los tribunales impidió cualquier manifestación pública:

«Fueron muchos los que ayudaron a los chicos. Los chicos hubieran querido hablar desde el primer día, ellos no hablaban porque me dieron la tenencia por tres meses y ellos no podían volver a su casa. La justicia monitoreaba todos los días lo que pasaba, entonces no podíamos hablar«, confesó con crudeza el realizador, evidenciando el rigor que rigió durante la custodia provisoria.

La resolución definitiva demandó una extensa batalla legal, con numerosas apelaciones de parte de Darío Giordano, que concluyó recién cuando el mayor de los hermanos alcanzó la mayoría de edad, momento en el cual el pacto de hermandad priorizó el bienestar de la más pequeña:

«Cuando me dieron la tenencia definitiva, pasaron tres años y medio y Franco ya tenía 18 años. A los dos les importaba su hermana, a todos, y por eso no se habló hasta que Azul terminara el colegio; ahora ella está estudiando en Estados Unidos y ellos lo hablaron con Azul y le dijeron que necesitaban contar esta historia, y ella los entendió«, explicó el productor, marcando la madurez con la que sus nietos aguardaron el momento oportuno para expresarse.


El conflicto en el seno de la familia de Romina Yan pasó de los estudios de televisión a los comunicados oficiales. Luego de que salieran a la luz las estremecedoras declaraciones de Valentín Yankelevich relatando una infancia atravesada por los maltratos, Darío Giordano decidió hacer público su descargo a través de una extensa carta abierta.

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