Reformas y presagios

Por Redacción

La incertidumbre política siempre presagia rumbos inciertos.

Saiz reiniciará mañana sus actividades institucionales. El esfuerzo lo volcará al conflicto frutícola. Unico tema que irrumpió en su descanso en Monte Hermoso y que lo obligó a contactos nacionales.

Los desencuentros eran previsibles. Pero sorprendió el comienzo beligerante de la protesta en las rutas, que cercenó -otra vez- derechos ajenos en la pulseada de intereses.

La respuesta puede llegar de Nación, pero no será inmediata. No hay solución económica -como la promocionada baja de las retenciones-, de modo que los políticos respondieron el viernes sólo con política. El senador Pichetto convocó a los sectores para reunirse el miércoles 25 de enero con la ministra Miceli. La reacción no se demoró y, según se dijo, el gobernador habló con el ministro Aníbal Fernández. Al rionegrino lo recibirá el presidente Kirchner al final de esta semana, sin fecha confirmada.

Contrapuntos políticos con una asignatura económicamente no cerrada y, en la cual, no pocas veces en la provincia se actúa con total ingenuidad frente al complejo tema de la reducción de las retenciones. Funcionarios y parlamentarios alentaron expectativas en el sector tras un compromiso -si lo hubo- cuyos orígenes sólo fueron dos funcionarios de segunda línea, que días antes habían formalizado sus renuncias ante la renovación del equipo económico.

Saiz vuelve con ansiedad y necesidad de cambios. A tres meses de la derrota, el gobernador repite justificaciones, minimiza fallas y desecha partidas importantes. En enero y febrero quedará en claro si hay correcciones. Por ahora, sólo se prevén idas demoradas -como en Cultura- y la promoción de Turismo a Ministerio, con el ascenso de Omar Contreras. No mucho más.

«Nada servirá si Miguel no modifica su forma de gobierno», es una conclusión arraigada en los hombres del poder. Muy poco probable que Saiz reconozca fracasos y abandone su promocionada «horizontalidad», en un estilo con problemas de liderazgos.

Así, despliegan mil razones quienes alientan reemplazos de ministros. El gobernador no tiene igual pensamiento.

Hay casos diferentes. En plena crisis con Hacienda, César Barbeito habló con Saiz de irse pero este no aceptó. En los últimos días, el mandatario insistió en recordar el ofrecimiento de Educación a Barbeito. «Es un desafío sin red. Nos vamos juntos en el 2007 y, si vos fracasás, yo también me tengo que ir», reiteró, para adelantar públicamente que cada uno seguirá en lo suyo.

El presente no se asemeja al pasado en la relación entre ambos. Las partidas educativas igualmente habrá que buscarlas en otros lados, con renuncias planteadas, mientras Barbeito -en línea con Saiz- volverá contra la Unter. El objetivo es aplicar el presentismo en los salarios. Confrontación inevitable.

El otro caso: Iván Lázzeri. Por personalidad y roles, este ministro se expone activo y verborrágico. Suma y resta cotidianamente frente a Saiz. Otros le asignan débitos por costos electorales, policiales y municipales. El gobernador -por ahora- tampoco está

alineado con esa evaluación, salvo advertencias por la débil relación de gobierno con los municipios.

De todos, Saiz valora el poder de maniobra de Lázzari en el terreno político. Lo volvió a demostrar en la última semana con la fuerte instalación de la elección en Sierra Grande y una falsa candidatura a convencional de Pichetto. La jugada: provincializar esta compulsa en el terruño del senador, donde el favorito es el jefe local, el radical Nelson Iribarren. Visualizan una victoria que oxigene al escenario pre-electoral que se abre.

Hay que evitar interpretaciones erróneas: la elección es para reformar la Carta Orgánica y permitir la re-reelección de Iribarren, que pretende en abril una reivindicación tras la derrota en octubre. No más.

Ambos son radicales, pero Saiz e Iribarren poco se parecen. El intendente fue muy crítico del gobierno en las soluciones y tiempos para Hiparsa, y en facetas inexpugnables para el gobernador, como solicitarle que no se les descuenten los paros a los docentes. Será difícil mostrar un destino y triunfo compartidos.

También Bariloche -como se sabía- votará en el 2006 para convencionales. Ese reducto vaticina demasiado riesgo para el oficialismo, máxime que se acumulan hechos y dichos que alejan cualquier posibilidad de que el radicalismo -que preside Hugo Castañón- acompañe al intendente Alberto Icare.

El centro político del año estará en el frágil equilibrio de la administración radical. La estabilidad se gestó en sociedades internas, pero los desencantos de hoy desestabilizan esa quietud gubernamental.

La sensación de desintegración -aceptan en el poder- está enquistada en los tradicionales funcionarios que «no tienen claro el rumbo ni la convicción de poder de Saiz» y, lo peor, es que se sienten «en retirada».

Todo indica que enero y febrero serán clave. La discusión interna comprenderá razón y estrategia, pero también fuerza.

Una pulseada será la elección de las autoridades radicales. El Comité lo preside Pablo Verani, con ganas de quedarse, pero Saiz ya adelantó que tendrá su candidato (sería un intendente y probablemente, Leonardo Ballester). Otro hecho advierte lo complicado del escenario: la candidatura de Daniel Sartor a la presidencia partidaria. Se conoció por los diputados Carlos Toro y Castañón. Verani escuchó la opción, pero les recuerda que no desistió de su reelección. Para anoticiarlo, el ex gobernador lo llamó a Saiz, quien después se comunicó con Sartor para saber precisiones de sus pretensiones. El legislador habló del objetivo de un grupo de legisladores.

Inicial gestor de Saiz para la gobernación, Sartor siempre se sintió parte principal del proyecto. Pero ya no defiende del mismo modo el estilo particular del mandatario. Hay más motivos que el legislador transmitió a aquél: lo escucha pero desoye sugerencias y recibe despiadadas críticas de íntimos de Saiz. Nunca se sabe cuánto pertenece al gobernador.

El intento ya es un síntoma de diferenciación aunque será difícil que Sartor acceda hoy a la conducción radical. Es más, su socio en el bloque, Bautista Mendioroz, se diferenció. «Esa candidatura es una confrontación con Saiz», dicen que le dijo. No hay que confundirse: el método los diferencia pero comparten muchos diagnósticos. Además, Mendioroz es más partícipe en el esquema institucional: hay que repasar los nombres del gabinete.

En otra dimensión, la COR -con el vicegobernador Mario De Rege y, entre otros, el legislador Juan José Rodríguez- espera con iguales y nuevas razones opositoras.

Con unos u otros, Saiz deberá revivir y reunificar fuerzas, pues sino ya otra será la valuación de su pretendida reelección.

En varias ocasiones, el gobernador repitió un pensamiento íntimo: «Si no gano yo, no gana nadie, y yo ya fui gobernador», sentenció. Una reflexión personal que busca atemorizar en un partido que cambió ideales, lealtades y objetivos para reproducirse en el poder.

ADRIAN PECOLLO

pecollowa@yahoo.com.ar