Renuncia líder republicano por red de corrupción
Dejó su banca en la Cámara Baja y se retira de la política activa.
WASHINGTON (AFP) – El ex jefe de la mayoría republicana Tom DeLay, convertido en el símbolo más destacado de la «cultura de corrupción» denunciada por la oposición demócrata, anunció ayer que renuncia al Congreso, donde una investigación está poniendo al descubierto un enorme sistema de corrupción.
«Hoy debo anunciar mi intención de renunciar a mi banca en la Cámara de Representantes», dijo DeLay a los electores de Sugarland, en Houston (Texas, sur).
«Esta dimisión será efectiva a mitad de junio, pero dependerá del calendario parlamentario», precisó.
En las primarias organizadas en su circunscripción a principios de mes, DeLay adquirió el derecho de candidatearse a la reelección en las elecciones parlamentarias del 7 de noviembre.
Pero como él lo explicó en una entrevista a la cadena Fox de TV, dijo haber sido víctima de una campaña «brutal» que adquirió una dimensión nacional, promovido por el «estado mayor» demócrata del que dijo haber apostado grande para cobrarse venganza y eliminarlo de la esfera política texana.
El retiro de la vida política de DeLay, se produce después de 20 años de actividad en el Congreso.
Desde setiembre, se encuentra bajo el golpe de una inculpación en un affaire de financiamiento electoral en Texas. Sus abogados lo reputan inocente.
Sin embargo, su nombre está cada vez más ligado al más grueso escándalo que ha salpicado al Congreso norteamericano en varias décadas: la investigación sobre un sistema de corrupción activa, establecida por el lobbista republicano Jack Abramoff.
Abramoff, que colabora con la pesquisa desde enero, había reclutado, en particular, al antiguo agregado de prensa y ex director de gabinete de DeLay. Ambos firmaron también un acuerdo con la acusación para dar más información sobre las maniobras.
«La izquierda ha intentado utilizar este asunto para involucrarme pero yo siempre he actuado honorablemente y éticamente», sostuvo el acusado.
Sin embargo, según Abramoff, DeLay se benefició de lujosos viajes pagados por el lobbista, y el cerco parece estrecharse sobre él.
Los republicanos reaccionaron con sobriedad ante la dimisión y más bien rindieron homenaje a su eficacia como jefe de la mayoría.
El presidente Bush dijo que DeLay fue un aliado muy apreciado por la Casa Blanca y que le había advertido que su decisión iba a ser muy difícil «para alguien que defendió y amó representar al estado de Texas».
«Le deseo lo mejor para su futuro», subrayó el presidente y añadió que, a su juicio, el partido Republicano «seguirá siendo exitoso porque somos un partido de ideas,» dijo a Bush.
Desde que se desató el escándalo, el Congreso se lanzó en una operación de saneamiento con el mundo de los gestores de múltiples intereses en los pasillos del poder político. El Senado adoptó una reforma de sus actividades, considerada todavía insuficiente por militantes de la lucha contra la corrupción.
Un mimado de Bush y de la derecha religiosa
El ex jefe de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, Tom DeLay, era un aliado importante de la Casa Blanca conocido por sus vínculos con la derecha religiosa a quien prometió seguir ayudando tras su salida del Congreso.
El ex jefe de la mayoría republicana era un mimado por la Casa Blanca, conocido por su proximidad con la derecha religiosa al que prometió servir tras su partida del Congreso. Ex dirigente de una sociedad de exterminio de ratas y de otros animales perjudiciales, DeLay fue trepando poco a poco los escalones del establishment político estadounidense.
Se volvió indispensable para el partido de George W. Bush, forjado en las victorias electorales y haciendo reinar una disciplina de hierro. Basado en los éxitos sin precedentes en ese ámbito, el político aprendió a manejar los cargos electos. Era capaz de cajonear o de dejar pasar los proyectos de leyes, lo que le valió el sobrenombre de «Martillo».
Según una biografía escrita por Lou Dubose y Molly Ivins, DeLay era igualmente innovador en sus métodos en el trabajo legislativo, en asociación estrecha con los gestores políticos de los corredores del poder, que representan diversos grupos de presión. Esta proximidad, que le ha valido serios cuestionamientos de la comisión de ética de la Cámara de Representantes, ha hecho de él un símbolo, el más explosivo de la «cultura de la corrupción» que, según los demócratas, gobierna Washington.
DeLay, nacido el 8 de abril de 1947, tuvo como Bush una juventud desordenada dominada por el alcohol, al que puso fin en 1985 al redescubrir su fe cristiana, tomó como suya la causa de la derecha religiosa. Este hombre de mirada agazapada, penetrante, hizo su carrera políticas desde su Texas natal, convencido de la necesidad de bajar los impuestos para favorecer a las empresas.