Revelan los últimos momentos del terror en Chile
Su hijo llegó siete minutos después y la casa ya ardía.
Archivo
Warner Luchsinger fue atacado porque años atrás, en un fundo vecino que pertenecía a un primo suyo, un carabinero mató a un joven mapuche.
Un informe especial del diario “La Tercera”, de Chile, revela las horas de terror que vivió la familia Luchsinger antes de que el matrimonio, de 75 y 69 años, pereciera quemado en el interior de la vivienda, en manos de un grupo terrorista inspirado en reivindicaciones mapuches, en el territorio de Vilcún, cerca de Temuco. Por el ataque, está procesado Celestino Córdova Tránsito.
Según el diario pudo reconstruir, Werner Luchsinger llevaba dos días acostándose tarde y durmiendo poco por el miedo que cada enero revive entre los miembros de su familia desde 2008, cuando el joven mapuche Matías Catrileo (23) murió tras recibir un tiro por la espalda del carabinero Walter Ramírez, en los terrenos del fundo Santa Margarita, entonces propiedad de su primo Jorge Luchsinger Villigier. Desde esa fecha, los ataques y amenazas al clan de origen suizo, integrado por diez grupos de la familia radicada en Chile desde 1909, se han ido acrecentando y cada aniversario del crimen es motivo de tensión.
Antes de Navidad, efectivos de la PDI habían recorrido los fundos del sector de Vilcún advirtiendo a los moradores y entregar números de contacto en caso de emergencia.
Werner rehusaba una y otra vez tener vigilancia permanente policial. Tras dos noches consecutivas en las que desde la cocina vio luces por el sector trasero de su casa Luchsinger decidió salir. La madrugada del 1 de enero encerró a su esposa, Vivian Mackay, en la propiedad y salió a recorrer el campo con su arma en la mano.
“¡El asesinato de Katrileo (sic) no quedará impune! ¡Fuera, familia Luchsinger! ¡Fuera, latifundistas, del Wallmapu!”. Estas frases, escritas con pintura roja, aparecieron la noche siguiente a la ronda de Werner Luchsinger en el hotel Don Eduardo, ubicado en el centro de Temuco.
Pese al mayor cuidado, nada impidió los hechos.
El 4, Warner y su esposa hicieron su rutina habitual en la casa familiar, donde criaron a sus cuatro hijos: Jorge Andrés, Mark, Jaime y Karin y se dedicaron a la agricultura, con producción de papas y cebada.
Trabajadores de fundos cercanos dicen que todas las mañanas se le veía salir de su casa en dirección a General López -el pueblo más cercano-, donde compraba el diario. También asistía a la iglesia luterana de Temuco. Vivian, su mujer, estaba recuperándose de una compleja operación. Era común verlos juntos haciendo compras en Temuco.
Una de las últimas personas en verlo con vida fue su primo Eduardo, quien lo visitó la mañana del jueves 3 por 30 minutos. “Estaba solo, porque ella (Vivian) había ido a ver a su madre. Conversamos de todo”, explica el familiar.
Horas después, Warner y su esposa morían quemados, después de ser atacados mientras dormían.